Brad Mehldau (Florida, 1970), reconocido como uno de los pianistas de jazz más influyentes de nuestro tiempo, nos sorprende con su debut literario: Un canon personal (Berenice, 2024). Este libro de memorias plantea un viaje introspectivo que entrelaza música, literatura y filosofía en una narrativa que se despoja de todo pudor.
Mehldau, nacido en 1970, emergió en la escena del jazz en los años 90 como parte de una nueva ola de músicos que revitalizaron el género. Su libro nos sumerge en sus años formativos, desde su infancia en Connecticut hasta sus turbulentos primeros años en Nueva York, ofreciendo una mirada íntima a su desarrollo como músico y ser humano.
Lo que distingue a Un canon personal de cualquier libro de memorias de artista al uso es su profunda inmersión en el mundo literario y filosófico. Mehldau no se limita a narrar su ascenso en el mundo del jazz; entreteje sus experiencias musicales con reflexiones sobre obras literarias que han moldeado su pensamiento. Referencias a Thomas Mann, James Joyce y Søren Kierkegaard abundan en el texto, revelando a un artista cuya sensibilidad musical está profundamente influenciada por la literatura y la filosofía.
«En literatura, el estilo era un elemento cohesionador de la narrativa porque le confería la condición de personalidad al narrador: transmitía la sensación de que alguien estaba narrando la historia que reconfortaba al lector. Por mucho que el protagonista, Adrian Leverkühn, se adentrase en la desesperación, uno siempre sentía cerca al fiel narrador del Dr. Fausto, Serenus Zeitblom, con su voz firme, que transmitía preocupación por su amigo, concienciación por su país y, finalmente, dolor por la pérdida de ambos. Era inseparable del tema elegíaco de la historia misma.
Extracto de ‘Un canon personal’ (Berenice, 2024) , de Brad Mehldau.
Eso se aplicaba a la música. Por mucho que Coltrane se adentrase en una vorágine armónica, siempre escuchabas que era él y nadie más, ese alma grande y audaz que se aventuraba en nuevos territorios musicales y traía algo de allí para compartirlo con todos nosotros. Tal vez fuera solo una especie de imaginación, pero uno tenía la sensación de conocer al hombre; no a nivel personal, sino a un nivel universal más profundo, que hablaba a cualquiera que tuviera oídos para escucharle».
El libro se estructura como un Bildungsroman musical, trazando el camino de Mehldau desde sus primeros encuentros con el piano hasta su establecimiento como una figura prominente en el jazz contemporáneo. A lo largo de este recorrido, Mehldau nos ofrece penetrantes observaciones sobre el proceso creativo, la naturaleza de la improvisación y la búsqueda de una voz artística propia.
Uno de los aspectos más impactantes del libro es la honestidad brutal con la que Mehldau aborda sus luchas personales, particularmente su batalla contra la adicción. El autor no escatima detalles al describir los momentos más oscuros de su dependencia a las drogas y el alcohol, ofreciendo un retrato crudo y sin filtros de los peligros que acechan en el mundo de la música.
«Alquilé un lúgubre apartamento sin ventanas en un sótano cerca de la estación de Back Bay, en un edificio por lo demás bastante bueno por lo barato que era. Apenas tenía dinero y vivía de los bolos. Estaba solo y la oscuridad me seguía. Bueno, eso no es cierto: yo la buscaba, era mi vieja compañera. Las primeras noches anduve solo por el barrio, investigando, y, en poco tiempo, encontré a mi nuevo viejo amigo: le vi en la calle, de pie en la esquina, con las manos en los bolsillos, y supe que buscaba lo mismo que yo. Héctor.
Extracto de ‘Un canon personal’ (Berenice, 2024) , de Brad Mehldau.
Me enseñó dónde ir a pillar y en poco tiempo volví a consumir, ya sin pretextos para intentar parar. Aparte de Simon, no conocía a nadie en Boston, salvo a mi nuevo colega. Así que me tiré de cabeza; no hacía nada más que meterme, día y noche. En aquel apartamento del sótano no había prácticamente nada, salvo un colchón, algo de ropa, unos cuantos libros que había traído y unos cubiertos en el fregadero que nunca lavaba».

La narrativa de Mehldau es particularmente vívida cuando describe la escena jazzística de Nueva York en los años 90. Sus retratos de clubes legendarios como el Village Gate y Bradley’s, y sus interacciones con figuras prominentes del jazz, como Joshua Redman y Pat Metheny, ofrecen un retrato revelador de un período crucial en la historia del jazz moderno. Mehldau captura la energía y la camaradería de esta época, al tiempo que reflexiona sobre las presiones y expectativas que enfrentaban los jóvenes músicos.
Desde el punto de vista literario, Un canon personal destaca por su prosa elegante y reflexiva. Mehldau demuestra ser tan hábil con las palabras como lo es con las teclas del piano. Su escritura es a menudo lírica, con pasajes que evocan la fluidez y la improvisación del jazz. Al mismo tiempo, el autor no teme aventurarse en territorios más experimentales, incorporando elementos de flujo de conciencia y narrativa no lineal que reflejan la naturaleza a menudo caótica de sus experiencias.
Un aspecto particularmente interesante del libro es la exploración de Mehldau de la intersección entre el jazz y la música clásica. Sus reflexiones sobre compositores como Beethoven y Brahms, y cómo sus obras han influido en su género, son ensimismadoras.
«Prokofiev también tenía un indudable lado tardorromántico, y se sumergía en su lenguaje cromáticamente saturado cuando lo deseaba. Eso podía llegar, sin embargo, en el contexto de una disonancia muy áspera, como en el segundo movimiento Andante coloroso de su posterior Sonata para piano, nº 7. El gran Sviatoslav Richter, que la estrenó en Moscú en 1943, dijo que percibía la influencia de Rachmaninoff en la música de Prokofiev más de lo que éste hubiera querido admitir. Aquí, el sentimiento romántico se veía atemperado por lo que lo rodeaba: una abdicación del mismo, próxima a la desconfianza. La vorágine cáustica del movimiento final, Precipitato, lo encarnaba, en una música que sin duda estaba teñida por la atmósfera bélica de 1939-1942, el escenario en el que fue escrita. Todas estas emociones coexistían entre sí, y la música respiraba un conflicto desgarrador sin resolver. Sin embargo, en cierto sentido, éste se resolvía formalmente: las Nueve Sonatas para piano de Prokofiev siguen el canon, al igual que sus grandes predecesores como Beethoven, en su capacidad para presentar una obra unificada de varios movimientos que ata todos los cabos dialécticos sueltos al llegar a la línea de meta.
Extracto de ‘Un canon personal’ (Berenice, 2024) , de Brad Mehldau.
Los compositores franceses Debussy y Ravel trabajaron dentro del marco tonal existente, pero consiguieron crear una paleta armónica claramente nueva, que más tarde se superpondría al jazz modal. Stravinsky y Schoenberg, quizá las figuras más eminentes del modernismo, supusieron un marcado contraste. El primero trabajó con la tonalidad y el ritmo de tal manera que cambió su paradigma para siempre y, por tanto, cambió también nuestra forma de oír música. El segundo renegó de la tonalidad por completo, como es sabido, e inventó un nuevo sistema de composición dodecafónica».
El libro también ofrece valiosas ideas sobre su proceso creativo. Sus descripciones detalladas de cómo aborda la improvisación, cómo construye sus solos y cómo interactúa con otros músicos en el escenario son iluminadoras. Mehldau tiene un don para explicar conceptos musicales complejos de manera accesible, sin sacrificar la profundidad de su análisis.
Un canon personal se sitúa en una tradición de memorias de músicos de jazz que han trascendido el mero recuento biográfico para ofrecer reflexiones más amplias sobre el arte y la vida. En este sentido, el libro de Mehldau puede compararse con obras como la autobiografía de Miles Davis o Pero hermoso, de Geoff Dyer. Sin embargo, la profunda inclinación literaria de Mehldau y su enfoque introspectivo lo distinguen, acercándolo más a obras como Straight Life, de Art Pepper en términos de confesión personal y autorreflexión.
«Yo era bisexual. Con el tiempo, llegué a aceptar realmente esta sexualidad de ‘Tanto… como…’, pero aquellas experiencias negativas la convirtieron en una propuesta de ‘ni… ni…’: un conflicto sin solución, por el momento. […]
Extracto de ‘Un canon personal’ (Berenice, 2024) , de Brad Mehldau.
Algunas de esas relaciones románticas fueron con amigos íntimos. Me identificaba con Tonio Kröger en la novela de Mann, pero solo hasta cierto punto. Me mostraba empalagoso y celoso cuando su atención se desviaba de mí, como le ocurría a Kröger con Hans Hansen, el amigo íntimo al que idealizaba y adoraba. Hans era alguien que él nunca podría ser: vital, seguro de sí mismo, contento. Para mí, un amigo como Bill habría sido eso mismo. Sin embargo, aquí estaba la diferencia clave. Bill, que estaba tan a gusto consigo mismo y con los demás, no me interesó sexualmente. Los chicos de mi edad que me interesaban tenían que irradiar cierta falta de confianza en sí mismos, porque subyacía el deseo de que estuvieran jodidos de alguna manera, un poco rotos, para que yo pudiera ir y arreglarlos».

La narrativa de Mehldau también evoca comparaciones con otros músicos de jazz de su generación que han buscado expandir los límites del género. Al igual que artistas como Jason Moran o Vijay Iyer, Mehldau ha sido fundamental en la redefinición del piano de jazz contemporáneo, incorporando influencias diversas y empujando el género en nuevas direcciones. Un canon personal ofrece un contexto valioso para entender cómo estas innovaciones musicales están arraigadas en experiencias personales y una amplia gama de influencias culturales.
Uno de los temas recurrentes en el libro es la búsqueda de autenticidad artística. Mehldau reflexiona a menudo sobre la tensión entre la tradición y la innovación, entre respetar las raíces del jazz y encontrar una voz única. Esta lucha es particularmente evidente en sus descripciones de sus primeros años en Nueva York, donde se debatía entre emular a sus héroes del jazz y forjar su propio camino. La desnudez con la que Mehldau aborda estas dudas y conflictos internos añade una dimensión de vulnerabilidad a su narrativa que resulta profundamente conmovedora.
Un canon personal de Brad Mehldau es una aportación notable al canon de la literatura de jazz. Para los aficionados al género, es una ventana al mundo interior de un artista muy innovador. Para los lectores en general, es un recordatorio del poder del arte para dar forma y significado a nuestras vidas. Con este libro, Mehldau demuestra que su talento para la improvisación y la expresión se extiende más allá del teclado, estableciéndose como una voz literaria tan convincente como su música.
*Imagen de cabecera tomada por David Bazemore.

0 comments on “‘Un canon personal’, de Brad Mehldau: literatura y jazz sin concesiones”