Música

¿Sueñan los androides con Daft Punk?

La música electro -que no electrónica- siempre ha ido un paso por delante y nos ha ayudado a descifrar el futuro en más de una ocasión. ¿Será Daft Punk el referente de la nueva normalidad?

En 1968, Philip K. Dick publicó su célebre novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, referente de la literatura cyberpunk y de la ciencia ficción en general, que tan en auge estuvo el siglo pasado. Posiblemente, este título despiste a los lectores, no entendiendo muy bien de lo que hablo, pero deduzco que la cosa cambiará si me refiero ahora a la versión cinematográfica de Ridley Scott en 1982: Blade Runner. Una reflexión sobre las vicisitudes del ser humano, la dicotomía realidad/ ficción, nuestro constante afán de perfeccionamiento y el consecuente acercamiento a la vida robótica.

Fue la evolución exagerada de las nuevas tecnologías así como las infamias de las dos grandes guerras y el miedo incesante a otra tercera –y última-, lo que forzó en los escritores nuevas formas de crear y entender al ser humano, derivando, por ende, en la extravagante creación de cíborgs y distopías. En este caso, el escritor nos presenta un escenario post-apocalíptico que ha sufrido la destrucción de una guerra nuclear tras la cual, todo el planeta Tierra ha quedado anegado en polvo radiactivo. Ahora la sociedad está constituida por humanos y androides y la fina línea entre tecnología y humanidad ha quedado definitivamente desdibujada: ni los humanos son tan empáticos ni los androides tan poco sensibles. Así, el título de la novela hace referencia a que, al igual que casi todos los habitantes de la tierra, la mayoría de animales han muerto y los pocos que quedan rozan precios de venta prohibitivos. El protagonista –humano- sueña con tener uno, mientras se consuela con una oveja eléctrica y finge que es de verdad. Entonces, si los androides también soñaran con sus ovejas eléctricas, ¿eso les haría un poco más humanos no?

Está claro que a la ciencia ficción le gusta especular sobre otros mundos posibles y alimentar nuestro imaginario con experiencias remotas. Posiblemente, todos los nacidos antes de 1980 concebían el 2020 como un año de coches voladores, colores de neón y rapidez, mucha rapidez. Pero te invito a preguntarte: ¿Cuál es la música que acompaña siempre a esos paisajes de edificios altos con formas aerodinámicas y muy bien iluminados? La respuesta es sencilla: el género del electro –que no electrónica-; y Kraftwerk es un gran ejemplo de ello. Su música encierra voces distorsionadas con vocoder, melodías repetitivas canalizadas a través de sintetizadores y letras simples que retratan la vida urbana y moderna. En su música, encapsulan todos aquellos sonidos propios e imaginables de una película de naves espaciales.

El grupo alemán, en los 70, asfaltó el camino para movimientos como el “segundo verano del amor” y su música acid o el sonido bakala de la ruta destroy valenciana. Con el tiempo, el electro se desmenuzó en muchas vertientes, siendo quizá la más sonada el synthpop: Pet Shop Boys, Gary Numan, New Order, Depeche Mode o Soft Cell, por citar algunos, y su total renovación en los noventa con Daft Punk. Confirmamos, de esta forma, que el electro ha sido siempre el género musical más vanguardista y desde luego que si los chicos de Kraftwerk son los padres del electro, Daft Punk es su eterno heredero. En la época dorada del DJ, cuando la figura del pinchadiscos se encumbraba como demiurgo en cada sesión, frente a los cientos de espectadores que bailaban desde abajo, los chicos de Daft Punk decidieron enfundar su identidad tras dos máscaras sidéreas, exaltando, aún más, su popularidad con un look excesivamente futurista. Los dos DJ’s reivindicaron, de esta manera, la calidad musical y el difícil oficio de mezclar por encima del culto a la personalidad, pero con los años, el destino quiso darle la vuelta y que fuera, precisamente, la ocultación de la identidad y la obsesión de los fans por descubrir los nombres tras las máscaras lo que les elevó al pedestal que ocupan en la actualidad.

Ahora bien, si trasladamos todo lo dicho al presente, en los estribos de la cuarentena, El Mundo publicó un artículo anunciando que, en la nueva normalidad, podría volver a ser posible el contacto físico gracias a un traje –casi espacial- anticoronavirus que una empresa con raíces españolas va a patentar. La compañía se llama Production Club y los trajes, Micrashell. Sin ser broma y ante el gesto reticente de todos nosotros, esta podría ser la solución para asistir a festivales, conciertos y discotecas. Sin lugar a dudas, tanto el sector del ocio nocturno como el de la industria musical han sentido muy de cerca el desastre de la pandemia y ya andan, a marchas forzadas, buscando soluciones.

© Production Club

Pero dejando a un lado lo que estamos hartos de escuchar, hablemos de esta propuesta y digámoslo, por fin: el traje es una auténtica pasada. Dividido en escafandra y casco, incluye, a su vez, micrófonos, altavoces, una videocámara y ¡cómo no! hasta bolsillo para cargar el móvil. Nos permite comunicarnos visualmente a través de un lenguaje de luces e incluso, fumar y beber gracias a unas cápsulas integradas en la parte baja del casco. Además, –tranquilos- el traje solo comprende hasta la cintura permitiendo a quien lo lleve acudir al baño o a lo que surja.

Hablar de este traje es hablar de la nueva normalidad; o dicho de otra forma, de cómo Daft Punk –y el electro, por extensión- se adelantó a ella. Pero si seguimos esta línea, aún hay más, porque Daft Punk no solo se nos anticipó en la vestimenta. Recopilemos, si no, títulos de sus temas: Around the world, Instant crush, Digital love, Nightvision, Aerodynamics, Something about us, Harder better faster stronger –como los ciborgs- pero siempre y en definitiva, Human after all. Parece, sin duda, cosa de ciencia ficción.

Llegados a este punto, no podemos evitar plantear que si Philip K. Dick se cuestionaba si los androides soñaban con ovejas eléctricas, ¿soñarán estos ahora con ser Daft Punk, tal y como nosotros lo estamos haciendo? Sea como sea, lo que queda claro es que para vislumbrar nuestro futuro habrá que escuchar más electro. Y si aún no estás convencido, el anteriormente citado Gary Numan ya se preguntaba años antes que Daft Punk ‘Are friends electric?‘. Naturalmente que con este traje lo seremos un poco más.

Acerca de Victoria Ocaña

Victoria Ocaña. Tras graduarse en Estudios Ingleses (UCM), completó su formación con un máster en Cultura Contemporánea por la Fundación Ortega-Marañón. La carrera le enseñó a valorar, por encima de todo, nuestra lengua. Ahora escribe sobre literatura, historia y despoblación, pero lo que de verdad le apasiona es la música: desde Albéniz a El Columpio Asesino. Podría vivir sin la palabra pero nunca sin la música.

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