Opinión

Nos salvará el amor, también insisto

Nadie te debería juzgar por tu condición sexual o por sentir lo que sientes; y ésta es, de hecho, una cuestión que nos afecta a todos por igual.

«Al tocar lo que amas te quemas los dedos
Y sigues, sigues, sigues hasta abrasarte todo».
Gloria Fuertes, ‘El amor te convierte’.

Cuenta el novelista gallego Juan Tallón que una de las preguntas clave a lo largo de su carrera como narrador es la siguiente: «Tallón, ¿cómo ha influido la homosexualidad en tu obra?». Supuestamente, el primero en hacérsela fue su colega Manuel Jabois, durante la presentación de una de sus primeras novelas en Madrid; y, desde entonces, es un ritual que se repite unas «cinco o seis veces al año». Aun así, es algo que le pilla siempre a contramano, «es una pregunta sin respuesta. Seguro que hay algún tipo de influencia, incluso en el hecho de que yo sea heterosexual y no homosexual, pero ha influido. ¿En qué medida? No lo sé, igual que no sé en qué medida ha influido Onetti, Oliver Stone, Vargas Llosa y otros muchos más».

Es curioso, porque el texto donde Tallón nos relataba todo esto era un artículo que se titulaba «¿Y qué es el amor?», y en él argumentaba lo siguiente: «el amor, contra lo que pueda parecer, solo tiene sentido si en algún momento se acaba. Eso lo hace de verdad vibrante y hermoso», pero, ¿qué ocurre si estamos hablando de un amor que ni siquiera pudo empezar?

Como la literatura lorquiana, las relaciones de amor prohibido siempre se han teñido de verde y plata, de tragedia y dolor. Pero, ¿de qué, si no? Si el odio y el miedo constriñen el sentimiento y la hinchazón de un corazón enamorado al resguardo e intimidad del silencio, no podría ser de otro modo. Federico lo sabía bien y por eso la mayoría de sus obras entienden el amor como fatalidad y oscuridad, como «vidrios que se clavan en la lengua», porque sus ojos también se humedecían con las lágrimas de un sentir imposible.

En la senda del poeta granadino, los casos de escritores homosexuales vetados y acallados se concatenan sin cesar. Unos se atrevieron tras pseudónimo, otros publicaron su obra póstumamente u otros, simplemente, dejaron el tema para dedicarse a cuestiones menos arduas, como lo que Elena Fortún y Gloria Fuertes hicieron con la literatura infantil y juvenil. Es necesaria, por tanto, la labor de rescatar y dar voz a quien aquí nos referimos, cubrir los huecos de la historia y completarla para poder comprender, así, que la homosexualidad es un asunto que nos atañe y nos influye a todos por igual.

Si, por algún motivo, alguien cree que por no pertenecer al colectivo y amar correctamente no se debe involucrar, se equivoca; además de estar contribuyendo a perpetuar el silencio de todos estos años pasados. Las minorías, no por ser menos son una excepción, y jamás una sociedad asentada en los principios de igualdad y libertad debería consentir que algunos vivan en inferioridad, en discriminación, especialmente cuando el amor no entiende de límites y, muchísimo menos, se despliega y nace de igual forma en cada persona.

Y no tiene que ser tan complicado; si hasta los niños parecen haberlo comprendido todo ya. En ‘Malaherba’ (Alfaguara, 2019), por ejemplo, Manuel Jabois nos contaba la historia de dos niños a los que les encantaba compartir cada segundo de su tiempo jugando a los Playmobil, leyendo o practicando con los videojuegos del ordenador. Compartían tanto tiempo, y esto les gustaba tanto, que en su clase lo empezaron a notar. Un día, «alguien dijo desde atrás que siempre estábamos juntos, y dije que sí, que nos gustaba estar juntos. -Entonces sois novios. -Pues supongo. -Pues entonces seréis maricones -se oyó al fondo. -Pues entonces maricón será tu puta madre». «En ese momento entró el Cándido, a punto del desmayo, y me echó a mí, a Fósforo por estar en medio y a Elvis, que no paraba de llorar (…). Y fuera de clase, castigados, Elvis me preguntó si éramos maricones. Le dije que no. No sabía exactamente qué significaba la palabra, pero sonaba fatal y nosotros no estábamos haciendo nada malo para que se nos insultase. Nos gustaba estar juntos y, cuando estábamos solos, jugábamos como todo el mundo (…). “¿Entonces si no somos maricones, qué somos?”- “Novios”, le dije. Parpadeó muy rápido y se quedó tranquilo». Quizás, lo que nos falte a nosotros sea ver el mundo de esa manera, con esa inocencia y esa tranquilidad. No sé, de una u otra manera a todos nos influye y nos afecta esta cuestión, como a Tallón, aunque no sepamos ver el grado. Lo primero es ser conscientes; lo segundo, saber que «nos salvará el amor, también insisto», como dijo Gloria Fuertes.

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