Opinión

El caso de La Tejita y la pérdida del concepto isleño en la arquitectura canaria

La arquitectura ha de ser siempre una herramienta de conciliación, no de conflicto. Hay casos, no obstante, donde se pone de manifiesto una flagrante pérdida de conciencia ambiental y social por parte de las nuevas construcciones. Hablamos del caso de 'La Tejita Beach Club Resort', en Tenerife.

A finales de los años setenta, cuando algunos empresarios y periodistas norteamericanos estaban gestando la aventura de crear el primer canal informativo 24 h. de la televisión -que más tarde se convertiría en la CNN-, su presidente, Reese Schonfeld, sentó las bases de lo que terminaría sucediendo: «Vamos a cubrir noticias nacionales como si estuviéramos tratando noticias locales. No informaremos de las noticias importantes desde Washington y para ello nos basaremos en que estas cosas afectan realmente a los telespectadores en sus vidas cotidianas». Fue bautizado como National-local news y, como resultado, la gente sintió que no necesitaba «una licenciatura para entender lo que pasaba en el mundo».

Pues bien, siguiendo este modelo, nosotros también hemos venido a hablarles de un caso local; con la intención, efectivamente, de hacerles comprender lo que está ocurriendo en otros muchos puntos del planeta: la pérdida de la conciencia ambiental y social por parte de la arquitectura en ciertos momentos y lugares, incluso en aquellos donde jamás creeríamos que podría pasar. Allá vamos.

***

Detalle de la fotografía de portada: César Manrique en una concentración contra la construcción de un complejo turístico en la playa de Los Pocillos, Lanzarote (1988). Fuente: Fundación César Manrique.

El 25 de junio de 2020 fueron paralizadas las obras de La Tejita Beach Club Resort, un hotel de cinco estrellas pensado para la playa de La Tejita, en Granadilla de Abona, municipio sur de la isla de Tenerife (archipiélago canario), según lo transmiten diversos medios locales. Para poneros en contexto resumiremos esta pedregosa historia:

Este hotel forma parte de Costabella, zona del sur de Tenerife que se marcó, desde el Plan Parcial de 1971, como un espacio residencial/hotelero. Su plan de urbanización fue aprobado dos años más tarde, en 1973, y, sin ejecutarse ninguna edificación, solo se llevaron a cabo las infraestructuras de acceso. No será hasta 1999 cuando aparezcan las grandes máquinas para construir el Residencial Sotavento. En mitad de todo este devenir urbanístico, otros sectores gubernamentales declaraban el paraje de Montaña Roja, colindante con La Tejita, como Reserva Natural Especial en 1994 -hasta la fecha había sido Paraje Natural de Interés Nacional, desde 1987-. Esta zona ocupa 166 hectáreas y, por su paisaje de dunas y la variedad de especies de fauna y flora que lo habitan, está reconocida como ZEC marina y terrestre (Zona de Especia Conservación) así como ZEPA (Zona de Especial protección para las Aves).

Nos encontramos, por tanto, ante uno de los pocos paisajes casi vírgenes de la costa tinerfeña, porque, como ya adelantábamos antes, existen algunos complejos residenciales ya construidos allí. Coincide, además, con que la empresa responsable de varios de estos proyectos, entre ellos algunos espacios comerciales, es la misma que lucha por la legalidad de su nuevo hotel, en las parcelas C y D de la zona: el grupo gallego Viqueira.

Desde que aparece en los periódicos la noticia de la construcción de La Tejita Beach Club Resort se crea, simultáneamente, la asociación Salvar La Tejita, cuyos miembros han ido analizando el proyecto y luchando por deslegitimizar y paralizar la construcción del mismo. Después de varias dinámicas protesta, abogados, flashmobs, etc., aparece un llamamiento en las redes para manifestarse en la misma playa, tras la reanudación de las obras del hotel durante el estado de alarma provocado por la pandemia del virus COVID-19. Entonces, dos activistas se encaraman a las grúas, el 14 de junio, permaneciendo allí durante once días hasta que, finalmente, se obliga al grupo Viqueira a la paralización de las obras el jueves 25 de junio de este extraño 2020.

La playa de La Tejita en la actualidad (junio), según fotografías de un medio local. Fuente: Diario de Avisos.

Habiendo intentado explicarlo de la mejor manera posible, creo que se percibe el gran problema ecológico y político que rodea a La Tejita. Pero existe una reflexión mucho más importante detrás de todo esto, que va más allá del politiqueo local y del ecologismo barato que se acentúa en las formas de turismo ya agotadas y caducadas de Canarias y, más concretamente, de Tenerife. Está claro que las Islas Canarias no pueden vivir sin el turismo -y así se está notando en este raro verano 2020-; es la base de su economía y, más importante, debería serlo de su cultura; y de lo que a mí más me interesa en este caso: de su arquitectura.

Una arquitectura que en un gran porcentaje tiene una desvinculación absoluta con el lugar bien podría estar en cualquier parte del mundo con un clima cálido -y paradisíaco- y aun así no reconocerse con nadie. Nos encontramos con unas islas llenas de ruinas de hormigón, de mamotretos fruto de la especulación que no llegaron siquiera a construirse y que ahí quedan, como un símbolo inequívoco de los errores cometidos con/para el entorno. Es evidente, por tanto, la necesidad urgente de conseguir para el archipiélago un turismo sostenible y responsable que indague en espacios que vayan más allá de los enormes recintos cerrados que no tienen coherencia con el espacio que habitan, que no enseñan nada de la rica cultura local.

Podría decirse, también, que este es un problema reciente que no ha sido detectado hasta hace poco, pero entonces César Manrique empezaría a retorcerse en la tumba.

César Manrique alzando la voz en la concentración de la playa de Los Pocillos, Lanzarote. Fuente: Fundación César Manrique.

Aunque son muchos los artistas, arquitectos, ecologistas, geólogos y demás profesionales que han sacado a flote todos los problemas que acarrea la explotación por la explotación del archipiélago, en este caso -fruto también de una sana obsesión por el trabajo del mismo- querría destacar aquí la figura de Manrique.

César, local de la isla de Lanzarote, fue -y sigue siendo- un artista laureado a escala internacional. Además de considerar a su isla como la musa inagotable de su trabajo, actuó, especialmente en sus últimos años de vida, como duro activista para protegerla de la especulación. Le dio un carácter único, negando los estereotipos que de ella se tenían, pues por aquel entonces la llamaban La Cenicienta, diciéndose que era una isla fea y pobre. Así, gracias a ejemplos como los Jameos del Agua o su casa de Taro de Tahiche, Manrique hizo que Lanzarote fuera al mismo tiempo mística y real, arcaica y moderna; con su proyección social tallada en la piedra.

Puede que haya aspectos de su trabajo que, como cualquier intervención artística o arquitectónica, estén sujetos a críticas y opiniones más o menos debatibles; pero no se puede negar su labor social y su empeño incesante en demostrarle al mundo la belleza única de la isla y del archipiélago.

Pero César Manrique no es el único. Existen muchos más profesionales que han sido capaces de sensibilizarse con estas islas tan únicas y especiales; por eso quiero traer a colación otro ejemplo de buena praxis, el de los arquitectos Javier Díaz-Llanos y Vicente Saavedra, quienes, a lo largo de su carrera, han dejado a su paso una arquitectura que demuestra los rasgos de unas Islas Canarias modernas. Piedra, madera, verde… lo importante: espacios que solo funcionan en el lugar para el que fueron diseñados, una arquitectura bella e inteligente. Algunos ejemplos son el Edificio Sede del Colegio Oficial de Arquitectos de Canarias, en Santa Cruz de Tenerife, o el edificio para la Universidad Laboral de La Laguna; y, por supuesto, las agrupaciones residenciales y otros edificios para la zona Ten-Bel en Costa del Silencio, también en Tenerife. En este último caso ocurre de nuevo, además, la catástrofe del abandono. Este conjunto arquitectónico fue durante muchos años un famoso ejemplo de buena arquitectura canaria que muchos visitantes venían a contemplar… ¿Y ahora? Ruina ¿Por qué? Mala gestión.

Llegados a este punto, no puedo negar mi tristeza al ver y reconocer que las Islas Canarias en gran medida han sido víctimas de esta mala gestión de sus espacios y de sus lugares. La acción del hombre en la tierra es necesaria, el turismo es necesario, no podemos negar la necesidad en ciertos momentos de la construcción -por supuesto, con respeto al medio y a los fenómenos únicos que existen en el planeta-, pero ojalá se diese y existiese una ley básica de armonía entre hombre y naturaleza. Hacer siempre de la arquitectura y del hormigón una herramienta de conciliación, no de conflicto; y evitando, así, situaciones tan politizadas como la triste historia que nos trajo hasta aquí: La Tejita Beach Club Resort.

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