Ficciones

Semblanzas oscuras y veraniegas (II)

A veces, las quemaduras solares no son el mayor peligro de las vacaciones, por muy moreno que uno se quiera poner.

Tostada

Todos los días es la primera en llegar a la playa, y siempre se tumba en el mismo sitio. Cada media hora se da la vuelta, para que el moreno sea uniforme, y evita posturas que provoquen sombras inoportunas: la idea es que el bikini sea lo único que evite el contacto de su piel con los rayos del sol. Así deja pasar las mañanas hasta la hora del aperitivo. Entonces recoge sus cosas, se ajusta el pareo y se va al chiringuito.

Vive sola y no se relaciona con nadie. Lo único que hace es tomar el sol: así ha conseguido ser más negra que la mayoría de los negros. Tan solo habla con el portero de su urbanización; al irse y al volver, siempre intercambian algunas palabras. Y es a él a quien recurre ante cualquier problema doméstico.

Además de ser conocida por todos los vecinos, llama la atención de cualquier visitante. Algunos curiosos han intentado sacarle algo de información sobre ella al portero, pero es un hombre muy discreto. Las malas lenguas —dos hermanas solteras y jubiladas— comentan que están liados, pero lo cierto es que nunca se les ha visto besarse ni nada parecido.

También han intentado trabar conversación con ella en la playa, pero repele cualquier posible intercambio de palabras; responde como si estuviesen interrumpiéndola en mitad de una reunión. Su toalla es un fortín, una burbuja que la mantiene aislada de la realidad. Solo la empuja a cambiar de sitio el tabaco; si se sienta cerca algún fumador, se levanta y se va maldiciendo en voz baja.

Es la desconocida más conocida de la zona, y se caracteriza por ir siempre igual de uniformada: bikini, pareo, sandalias, pamela, gafas de sol y capazo. Y, como inspirada por bodegones de frutas, acostumbra a lucir colores llamativos. Aunque con respecto a sus labios no se mueve del rosa: en mitad de su piel casi negra, voluntariamente carbonizada, la boca parece una llaga.

Pero esta mañana nadie la ha visto, y su ausencia no ha tardado en convertirse en la comidilla de la comunidad. Después de muchos veranos calcados, su rutina se ha visto interrumpida; por primera vez, no la hemos visto bajar a la playa. Pero jamás podríamos haber imaginado que sucedería de esta forma. Las malas lenguas dicen que ayer escucharon al portero discutiendo con ella por teléfono, pero no sé si creer lo que cuentan. Ojalá se equivoquen y no sea a él a quien andan buscando. Hoy me ha saludado como siempre, como si nada.

*Ilustración de Antonio Alcaide.

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