Opinión

El día más triste del año, ¿una vez más?

Dicen que el tercer lunes de enero es el día más triste del año, conocido como 'Blue Monday'. No sabemos si es cierto o falso, pero hemos querido reflexionar acerca de la tristeza, la pena y el llanto en un momento especialmente trágico para todos.

«Cuando todo esto acabe, vas a llorar», le dice de manera proverbial el personaje de Rico a su primo -y, por ende, a todos nosotros- en el arranque de la última novela de Miqui Otero, Simón (Blackie Books, 2020); justo cuando sus destinos están, precisamente, a punto de torcerse.

Tal y como apunta la poeta Heather Christle en El libro de las lágrimas (Tránsito, 2020), «las lágrimas más potentes son las que provoca un acontecimiento insignificante en medio de una gran tragedia (…). En pleno divorcio problemático, alguien atropella a una ardilla. El día después de un funeral, la lavadora no funciona. Algunas personas dirán que en realidad no lloran por la lavadora; lloran por su tristeza, pero como dice Zach en un poema: lo bueno de / llorar es que / no tienes que / elegir un tema».

Poco antes, en esa misma y monumental biografía -y autobiografía- del llanto que hace Christle, la autora desparrama lo siguiente: «quizás sería más veraz permitir que dos historias o relatos coincidieran fugazmente, que se alineasen un momento mientras viajan en órbitas distintas, sabiendo que ese instante de reconocimiento no debe durar». Y es, también, lo que nosotros pretendemos: vincular ya no dos, sino tres historias diferentes que, aparentemente, poco tienen que ver; y alinearlas con la experiencia colectiva que llevamos meses arrastrando.

Estamos escribiendo esto en el que, se supone, es el día más triste del año: el tercer lunes de enero, según le dio una vez por calcular a Cliff Arnall, un profesor de Psicología de la Universidad de Cardiff. Es una simple teoría, por supuesto; pero, aunque muchos científicos hayan logrado desacreditarla en innumerables ocasiones, la creencia ha quedado instaurada para siempre en el imaginario popular. No obstante, hoy por hoy tenemos algo que la contrarresta: porque, desde que empezó la pandemia, ¿cuántos días más tristes del año habremos vivido ya?

Sostiene Miqui Otero a través de los personajes antes mencionados que, ante cualquier duda que nos surja, lo único que tenemos que saber es dónde podemos buscar la solución: a nuestras inseguridades, a nuestras incertidumbres, a nuestros problemas. «Todo está en los libros», escribe; y es verdad que la tristeza se manifiesta de forma contundente en la literatura.

En 1954, sin ir más lejos, la escritora Françoise Sagan le dedicó a esta sensación una novela cuyo título y cuyas primeras páginas ya nos evocaban una reveladora respuesta ante la pregunta que, a veces, tanto nos cuesta plantear. Y es que, ¿sabría decir alguien qué es la tristeza, en realidad?

A comienzos de Buenos días, tristeza, que es la novela de Sagan a la que nos referimos, su narradora nos describe esa suerte de pena existencial como un «sentimiento desconocido cuyo tedio, cuya dulzura me obsesionan (…). Dudo en darle el nombre, el hermoso y grave nombre de tristeza. Es un sentimiento tan total, tan egoísta, que casi me produce vergüenza, cuando la tristeza siempre me ha parecido honrosa. No la conocía, tan sólo el tedio, el pesar, más raramente el remordimiento. Hoy, algo me envuelve como una seda, inquietante y dulce, separándome de los demás». ¿La solución será, quizás, dejarse seducir por ella y conquistarla; tal y como nos propone Sagan?

Si lo que queremos, teniendo en cuenta las circunstancias adversas que nos rodean, es, en el fondo, aprender a dominar nuestra tristeza, también es necesario aprender lo que aquel día, cuando sus destinos estaban a punto de torcerse, le enseñó Rico a Simón: que «los deseos no se conceden, sino que se imaginan y conquistan»; y, tal y como dice Heather Christle, hay «que dejar de llorar el tiempo suficiente para recobrar la capacidad de volver a imaginar posibilidades».

Desde luego, el llanto no es algo malo -¡Dios nos libre de afirmar algo parecido después de haber leído a Christle!-, pero sí que es el efecto de un proceso emocional un pelín más rebuscado, un «acontecimiento insignificante en medio de una gran tragedia». Siempre estará justificado, por supuesto; y más en estos tiempos convulsos que vivimos, en estos días trágicos que son, acumulativamente, los días más tristes del año; uno detrás de otro.

¿Es honrosa la tristeza? Pues seguramente; pero conviene no abusar. Sea como sea, ojalá dentro de poco se desvanezca y comencemos a reír, de nuevo, en vez de tanto llanto desconsolado y de tanta irrealidad.

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