Destacados Disidencias Opinión

Tolstói contra aquellos que nos gobiernan

Que jamás nos libramos de la esclavitud es algo que tú, yo y Tolstói sabemos; lo que pasa es que ha sabido camuflarse: entre propiedades, leyes e impuestos. Para ello, nada como revelarse –sin violencia– y luchar contra la clase política –y sus abusos– en busca de un remedio.

Allá por el año 2014, la editorial Errata naturae publicaba por vez primera en castellano, en su colección de ensayo «La muchacha de dos cabezas», un texto que aún hoy sigue ocupando un espacio marginal entre las lecturas de los innumerables seguidores hispanos del escritor ruso Lev Tolstói. Bajo el título Contra aquellos que nos gobiernan, la traducción de Aníbal Peña presenta en algo más de ciento veinte páginas a un Tolstói ensayista cuyas tesis complementan el pensamiento político que transpira la extraordinaria narrativa del autor de Anna Karenina. Se trata, en esencia, de una especie de manifiesto que llama a la acción no violenta contra la clase política y sus abusos, pero también contra el capitalismo y el marxismo por construir estructuras que perpetúan la servidumbre.

El punto de partida es una experiencia personal que sirve al autor para desarrollar su sistema de ideas en las siguientes cien páginas. En una estación de la vía férrea Moscú-Kazan, Tolstói cuenta cómo doscientos cincuenta braceros responsables de mover bultos trabajaban treinta y seis horas seguidas sin descanso por algo menos de un rublo cada cuarenta y ocho horas –pensemos que el texto está escrito en 1900 y que un rublo equivale, más o menos, a 0.010 euros–. Las condiciones a las que se obligaba a trabajar a aquellos hombres eran miserables, pero lo que más consterne al lector, como al propio Tolstói, no es el hambre o el frío que pudieran experimentar los cuerpos, sino las propias reflexiones de los trabajadores sobre su penosa situación. Se quejaban, sobre todo, de las pequeñas dimensiones de la sala donde se les permitía descansar después de la jornada y antes de comenzar el turno de noche: «Somos por lo menos cien hombres los que debemos amontonarnos allí. Muchos no encuentran ni un rincón donde tenderse». En la desesperación de una existencia carcomida por la violencia, tener un espacio mínimo donde tender las piernas deja de ser algo insignificante para convierte en un asunto de absoluta relevancia.

Bajo las impresiones que provoca esta breve narración inicial, Tolstói pone de relieve, en primer término, la existencia de una forma de esclavitud que, aunque revestida de liberación, resulta mucho más opresiva que aquella otra ya arcaica y abolida. El pueblo ruso –como el americano– no estaba ya sometido a las terribles exigencias de un amo, pero sí a la voluntad de un nuevo poder llamado dinero. Para que una forma de esclavitud desaparezca, expone con precisión, es preciso que haya otra ya preparada para funcionar:

«En Rusia se abolió la servidumbre cuando todas las tierras estaban ya en poder de las clases altas. La parte que se cedió a los campesinos se sobrecargó con impuestos que reemplazaron los antiguos lazos de servidumbre. En Europa se suprimieron las pesadas cargas que mantenían en la esclavitud a sus pueblos cuando los campesinos, completamente despojados de sus bienes y arrojados de sus antiguas viviendas, habían empezado a refugiarse en las ciudades, donde necesidades cada vez mayores iban a entregarles infaliblemente a la influencia de los capitalistas».

Portada de ‘Contra aquellos que nos gobieran’ (errata naturae, 2014), de Lev Tolstói.

Para Tolstói, esta forma de esclavitud moderna se sustenta sobre las bases de tres artículos legislativos. En primer lugar, la propiedad individual de la tierra supone para el pueblo, según el ruso, trabajar terrenos que pertenecen a grandes terratenientes y sobre los cuales dicta su voluntad. En consecuencia, aquellos que trabajan las tierras estarán siempre en manos de esos otros que no las trabajarán jamás, pero sí se beneficiarán de sus frutos. Segundo, el pago se impuestos se entiende como una obra de expoliación sin el consentimiento del pueblo al que oprimen, argumentando que enormes cantidades de dinero recaudadas van destinadas a grandes empresas que responden a las necesidades de la clase social privilegiada. En tercer lugar, el derecho a la propiedad sobre los bienes adquiridos supone una terrible amenaza para el pueblo, pues toda aquella propiedad que le ha sido arrebatada por el capitalista de un modo antiético será heredada, generación tras generación, obligándolo a trabajarla eternamente sin gozar de ninguna clase de derecho sobre la misma:

«Las leyes que reconocían a algunos privilegiados el derecho a tener esclavos y a obligarlos a trabajar han sido reemplazadas por las que garantizan a esos mismos privilegiados la propiedad de la tierra. Y estas, a su vez, han sido reemplazadas por las normativas fiscales que generalizan los impuestos indiscriminados, cuya inversión no decide el contribuyente y que son cobrados, por supuesto, por los privilegiados y las clases dirigentes».

La abolición de todo tipo de esclavitud, cree Tolstói, consiste en la supresión simultánea de estas tres causas. Para ello, es preciso acabar con la posibilidad de crear leyes que involucren indiscriminadamente a toda la población según los intereses de unos pocos. Para el autor, la ley no es la expresión de la voluntad del pueblo, como creen algunos, sino de una minoría privilegiada que, apoyada en la violencia organizada, ejerce su voluntad. La violencia es el gobierno, y él, evidentemente, se postula a favor de la supresión de esta violencia. Su pensamiento político, ya maduro, no admite ninguna clase de justificación para la existencia de un Estado que promete proteger al pueblo. El pueblo no necesita que se le otorgue el derecho a la protección (violenta), pues ya se le ha asignado de forma natural, y serán únicamente aquellos poderosos capitalistas que someten a los trabajadores quienes necesiten estar protegidos:

«El que posee diez mil desiatinas de bosque, cuando cerca de él existen millares de hombres que carecen de leña para calentarse, aquél tiene necesidad de ser protegido mediante la violencia. Esta protección es igualmente necesaria para los dueños de los talleres y las fábricas en que se explotan a generaciones enteras de trabajadores, así como para el comerciante que guarda en sus almacenes cientos de miles de medidas de trigo, esperando un año de mala cosecha para venderlo con escandaloso beneficio a las poblaciones hambrientas».

Para liberar a los hombres, afirma el autor, el único medio es la destrucción de los gobiernos. El Tolstói más anarcopacifista, notablemente influido por las ideas de Thoreau, se postula firmemente contra toda forma de violencia organizada e invita al lector a dejar de formar parte en cualquier tipo de acción de los gobiernos. Para ello, se debe rechazar toda función o cargo, no pagar ni recibir dinero del Estado y no solicitar jamás que el gobierno garantice la propiedad de tierras o bienes propios.

La propuesta del ruso concluye y desemboca en una idea fundamental: «no hay más que un remedio, abstenernos de practicar la violencia: la violencia física, la enseñanza de la violencia y toda justificación social de la violencia». Un modelo de resistencia no violenta que inspiró notablemente a otros predicadores de la desobediencia civil no violenta como Gandhi o Luther King.

Avatar de Desconocido

Acerca de Pedro Fresno

Pedro Fresno Chamorro (1998) es graduado en Filología Inglesa y Filología Hispánica por la Universidad de Jaén. Cursó un Máster en Estudios Avanzados en Literatura Española e Hispanoamericana en la Universidad Internacional de La Rioja, universidad en la que cursa un Máster en Formación de Profesorado. Actualmente se encuentra trabajando en una tesis sobre el texto titulado 'Solo Madrid es Corte' (1658) en el Programa de Doctorado en Lenguas y Culturas de la Universidad de Jaén. Es también estudiante del grado en Filosofía en la Universidad Española a Distancia.

0 comments on “Tolstói contra aquellos que nos gobiernan

Deja un comentario

Descubre más desde Revista Popper

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo