¿Se acuerdan de aquel anuncio deepfake de Cruzcampo en que Lola Flores (Jerez de la frontera, 1923 – Madrid, 1995) revivía y reivindicaba las bondades de su acento? «Y no sólo me refiero a la forma de hablar, que también; me refiero a ese pellizco, a esa forma con la que te llenas el pecho de alegría, con la que rebañas un huevo frito, con la que te pintas de rabillo del ojo», admitía la versión artificial de La Faraona; para, luego, terminar animándonos a todos: «Da igual si eres de la Cochinchina o de La Línea de la Concepción, cajero del supermercado, catedrática o ministro: manosea tus raíces, que de ahí salen siempre cosas buenas».
Pues, bien, lo que ha hecho José Fernández (Estepona, 1998) con Mesa camiya (Letraversal, 2023) es ver la jugada, subir la apuesta y llevarse el premio a casa. No en vano, ganar, ganó ya el «I Premio de lxs lectorxs Miss simpatía Letraversal», pero no es lo único que desprende su libro de poemas. Plagado de referencias domésticas y familiares, la [f]orma se erige como lo que realmente es: una [n]orma atrofiada –o [re]inventada–, y, gracias a ella, precisamente, vemos cómo brota un ramo de rosas a partir de unas raíces lo suficientemente manoseadas –por suerte–.
PREGUNTA: Si te parece, empecemos por el principio: advirtiendo, como se advierte al lector de Mesa camiya, que esta entrevista ha sido transcrita «tomando como base la propuesta ortográfica del EPA (Êttandâ Pal Andalûh) junto con las particularidades fonéticas del habla del autor [entrevistado] para adaptar el texto a las particularidades orales del andaluz». Porque puede que, en una pieza periodística, usar el EPA para reflejar de forma estricta -¿y objetiva?- una conversación no sea noticia, pero ¿de dónde surge la idea -o la necesidad, si lo prefieres- de valerse de él en poesía?
RESPUESTA: Êh una forma de naturalizâh er dîccurso, de azêl-lo berosímîh, ¿qué sentío tiene que êccriba de una forma y que luego able o lo lea de una manera radicarmente diferente? Para êtto êh una erramienta increíble el EPA que, aunque lo aya adâttao a como yo ablo, pone lâ ablâ andaluzâ ar mîmmo nibêh que otrâ bariedadê tradizionarmente mâh prêttihiosâ.
La idea de la trâccrîzzión ba brotando durante er prozeso de êccritura. Ar terminâh un poema siempre me parezía que quedaba incompleto, âtta que me di cuenta de que nezesitaba que sonara, que er têtto reflehara fiermente cómo ablo, solo así lô têttô podían arbergâh una berdâh completa sobre mí.
P: Me encanta que en ese mismo aviso inicial se diga que «el poemario ha sido transcrito», y no escrito. Eso quiere decir que, antes de volcarse sobre papel, los poemas surgieron -y sonaron- en otros lugares, en otros espacios, ¿no? ¿En cuáles?
R: Lô poemâ sonaron en mi boca, hahaha. Aora en serio, muchô nazen (y suenan) en lô PUMA, er tayêh en er que nô azota Bioleta Niebla, y, bromâ a parte, si no sonaron en êppaziô «públicô» (quiero dezîh con hente ârrededôh), sí sonaron en mi boca a medía que iba êccribiendo en pribao. La imahen êh la de un niño pequeño que êttá aprendiendo a êccribîh y cá palabra la ba pronunziando en bôh bahita. Yo e echo argo parezío durante la trâccrîzzión de Mesa camiya.
P: Hace no mucho tuvimos por aquí a Pink Chadora, de quien cuentas que «un martê en er tayêh de lô pumâ (…) me empuhó a aberiguâh cuál era er sonido de mî palabrâ». ¿Cómo se logra algo parecido? Y, claro, una vez alcanzado -o en plena búsqueda-, ¿cómo definirías ese sonido?
R: Pôh eya bino un día ar tayêh que ôh comentaba antê (ará unô trê o cuatro añô) y fue la encargá de dirihînnô. Ar finâh nô pidió que le leyéramô unô poemitâ y ya conozéî a la Pin Chadora, tendrá muchâ cosâ, pero pelô en la lengua no tiene ninguno, así que cuando le leí mi têtto se echó lâ manô a la cabeza y me diho poco menô que parezía una serpiente leyendo con tantâ eses. Fue Pin Chadora la que me izo bûccâh mi bôh en er sentío mâh êttrîtto de «sonío» y me empoderó lo sufiziente como pa comenzâh a trâccribîh mî têttô.
La bûqqueda fue cuanto menô êttraña, ¿nunca ôh a pasao que pensáî en la rêppirazión y de repente tomáî ipercôzzienzia der rîmmo ar que rêppiráî y no podéî borbêh a ponêh lô purmonê en modo automático? Argo así me pasó con la forma de ablâh. Cá uno abla a su manera cuando no se êttá ôsserbando, cuando azemô de auto-voyeur arteramô nuêttrô dehê, entonzê ay que azêh como de êppía de uno mîmmo, êccuchâh notâ de bôh antiguâ, bûccarse dêpprebenío pa bêh rearmente cuál êh er sonío propio. Una bêh lo e encontrao puedo definîl-lo como êtteponero, o mehôh: ÊTTEPONERO (así con mayûcculâ, que se bea bien de lehô). Y êh que mientrâ iba dêccubriendo mî pronunziazionê fui viendo que êh mu parezía, o la mîmma, que la de la mayoría de amigâ que tengo en er pueblo. Ar finâh el azento êh identificarse con un grupo y êttâh orguyoso de eyo. Yo dêdde luego êttoy orguyoso de sêh der pueblo de lo bolaorê, er tobogán y Ana Mena.
P: Es curioso, porque, entre poemas transcritos y escritos a mano -como es el caso de ‘mi aguela êccribía con letra de morde’-, aparecen también letras de canciones -acompañadas de enlaces a SoundCloud– a las que Lola Dolores les da vida. Pues, bien, si Bolaño distinguía entre los «momentos para recitar poesía» y los «momentos para boxear», ahora queremos saber: ¿cuándo es el «momento» para componer fandangos y cantar coplillas? ¿Es una acción excluyente -como el boxeo-, o indisociable de la propia «poesía»?
R: Bolaño debe tenêh una conzêzzión bâttante diferente a la mía sobre la poesía. Rearmente, no creo yo que aya tanta diferenzia entre la poesía y liarse a puñetazô (ya cada cuâh que interprete êtto como mehôh le combenga).
Er momento pa lô fandangô o, mehôh dicho, pa la canzión êh cuarquiera. Si nô pusiéramô a tarareâh cuando mâh nô apeteziera, nô iría mucho mehôh en nuêttro día a día. Er cante en êtte sentío tiene argo de primitibo que nô cura y êtto ba muy unío a la poesía. Por otra parte, me encantaría dezîh que cantâh êccluye a la poesía porque la engloba o la completa, pero como no sé cantâh, no lo boy a dezîh. Ohalá tubiera yo el arte pa azerme cantaôh, entonzê deharaía de êccribîh simplemente poesía.

P: Al final del poema ‘Lâ normâ de êtta casa’, apuntas: «Ôssesión, / rituâh, / manía, / son toâ formâ de relazionânnô». ¿Son también formas de escribir? ¿Cuáles serían, si no, tus normas literarias?
R: Yo êccribo sigiendo lo que mi amiga Elisa y yo emô empezao a yamâh «la êccuela de la poda». Ese êh mi rituâh de êccritura: dehâh que er poema crêcca, trâpplantâl-lo, azêl-le inhertô, regâh y luego cortâh, cortâh y cortâh.
P: En el prólogo a la obra, Ángelo Néstore afirma que «hay un vínculo indisoluble entre cuerpos y lenguajes», que «coger de la mano a la familia y sentarla alrededor de una mesa camilla para hablarle açí significa también recuperar el cuerpo y ponerlo en el centro de una casa, en el centro de una celebración, significa ablandar los cimientos de una tradición para jugar con ella, devolverle su porosidad, elegir la alegría de lo difuso frente a la tiranía de lo definido». Pero ¿qué más abarca esa corporalidad, en relación con el lenguaje -por ejemplo, a la hora de tolerar la particularidad, la diferencia-?
R: Êh menêttêh pensâl-lo mâh bien como lo que abarca el lenguahe en relazión ar cuerpo. Êh con el lenguahe como conozemô er mundo, êh con lo que firtramô la realidâh antê de azêl-la materiâh, côttruimô la corporalidâh de lâ cosâ a trabê del lenguahe. Solo abriendo nuêttra boca, êttamo dîppuêttô a azêttâh lâ particularidadê, lo diferente. Como êpplica Ányelo, si nuêttro cuerpo se educa azia la rêttitûh, azia la guena pôttura, ocurre iguâh con el lenguahe, entonzê combiene borrâh lô límitê del lenguahe rêtto, azêl-lo maleable pa ensanchâh lâ posibilidadê de êssîttenzia.
P: Hay unos versos en ‘Emô puêtto la casa en Idealista’ en que te preguntas «si quien la compre / notará er haleo, / lâ risâ, / el roze de lâ siyâ moviéndose. / Si notará también la tensión, / el âcco, / la pena / con que emô colocao / lô úrtimô ladriyô de êtta casa». Sin querer hacer una analogía -barata- entre la escritura y la (de)construcción de un hogar, ¿cuáles son las preguntas que a ti te surgen al colocar «lô úrtimô ladriyô» de un texto? ¿Qué te preocupa que tus lectores noten -o dejen de notar-?
R: Prezisamente si quien lo lea notará er haleo, lâ risâ, el âcco o la pena con que aya côttruío er têtto. Yo puedo tenêh mu clara la emozión que ay en un poema, pero luego êh incontrolable que esa emozión yege diferente. De echo me pasa que cuando ago lêtturâ de Mesa camiya la hente se ríe porque ay umôh en lô têttô. Ar prinzipio me rayé muchísimo con êtto y tube que borbêh a mî propiô poemâ pa bêh en eyô lo cómico que otrâ personâ an sabío bêh antê que yo.
P: A propósito de lo anterior, en La situación y la historia (Sexto Piso, 2023), Vivian Gornick concluía: «Si no te vas de tu casa, te asfixias, si te vas demasiado lejos, te falta el aire». Para ti, a quien le «êh imposible conzebîh la êccritura sin mi familia, la que conôcco y la que no e conozío, toa ella forma la cômmolohía que permite que yo oy able», ¿qué tiene de cierto?
R: Bibo literarmente en esa afirmazión de Gornîh y, sobre tó, cuando no êttoy en mi casa tengo a toa la cômmolohía familiâh presente a toâ orâ, tanto a la hente biba como a la muerta. Tanto êh así que ay cositâ que solo lê puedo pedîh a lô muertô. Mi ermana me a pegao una côttumbre que tiene y êh que cuando yego en coche y nezesito encontrâh rápido un aparcamiento se lo pido a Mama María, mi bisaguela (a la que nunca e conozío), pa que me lo dé zerca de mi portâh y, sorprendentemente, suele atendêh êttâ petizionê.

P: El hogar, el linaje, la estirpe; pero también hay hueco para la muerte en Mesa camiya. Sin embargo, alejado de toda ceremoniosidad -de la que, por otro lado, ya estamos hartos en literatura-, hablas de ella como quien la conociera de toda la vida, como el hijo del tanatopractor del poema ‘Negozio familiâh’ o ‘Serfusur’, o el vecino del finado en ‘Mi madre nô a leío oy sû boluntadê bitalê’. Como tal, ¿crees que la tenemos lo suficientemente presente en nuestro día a día, o la ignoramos, la escondemos y -sólo cuando llega- nos lamentamos?
R: La muerte en mi familia êh er tema por êzzelenzia. Por un lado, mi padre a sío er dueño de una funeraria durante muchísimô añô y la meurte a sío siempre er zentro de la combersazión en lâ comidâ familiarê y con amigô. Pero, por otr lado, en mif amilia materna siempre a êssitido una creenzia mîttica sobre el lugâh que ocupan lô muertô en nuêttro día a día, que belan por nosotrô y nô cuidan dêdde donde êttén. Así lo bibo y êh bâttante reconfortante creêh en eyo.
Soy côzziente de que la mayoría de la hente ebita êtte tema y lo deha relegao a argo a lo que azercarse dêdde el morbo. Creo que se bibe con menô angûttia teniendo a la muerte como argo que no êh aheno. Ar finâh, como dize mi padre, pa morirse no ay mâh que êttâh bibo.
P: La comida es otro elemento importantísimo del poemario. Esa propiedad «âttrinhente» de los «higô chumbô», esa sopa de sobre que «le gûtta» al padre de ‘Pon la mesa’ «porque le recuerda a la mili» -y al protagonista porque le recuerda a su padre-, ese «puchero de persona» que no es sino «una forma de bûccâh compañía», etcétera. Después de haber charlado sobre el sonido de tus palabras, ¿qué sabor crees que tendrían? Porque, claro, ya no sólo dependen del gusto y del olfato, sino, además, del orden, el hambre y la compañía.
R: Me pareze difizilísimo dêccribîh un sabôh, así que boy a enumerâh lâ comidâ a lâ que me gûttaría que supieran mî palabrâ: sopa de picadiyo, conchâ finâ, papâ a lo pobre, bolaorê, limón, ihuelâ, ortigiyâ, manteca colorá, sopa campera, tortâ fritâ.
P: De postre, déjame recuperar el carácter festivo del poema ‘En Êttepona ganamô un Récord Guinnes por bailâh tôh huntô’; concretamente, los versos en que celebras que «durante henerazionê pensaremô / que êtto êh una fiêtta / y apuntaremô con êccopetiyâ / tôh lô beranô / a lâ mîmmâ êttanteríâ». En tu caso, que perteneces a un grupo y a una generación muy concreta -el colectivo pUMA-, ¿cuánto tiene la literatura, y, sobre todo, la creación literaria, de festejo, de celebración, de algarabía?
R: Creo que tiene menô de lo que debería tenêh. A lô poetâ lê gûtta azêh de la poesía una materia muy seria, zeremoniosa y trâzzendente, pero hûtto creo que la literatura en henerâh y la poesía en particulâh deben baharse un poco de la nube y tenemô que azêl-la mâh haleosa, menô pesá, mâh biba, y, si ay quien cree que êtto la dêppretihia, lo siento mucho, amigo, amiga, te equibocâ.

Maravilloso, José. Emocionante, divertido y mucho más esencial y transcendente de lo que aparenta, tanto, que no necesita aparentarlo, como la propia vida que prostituimos a diario, olvidando que es un tesoro. Muchas gracias por tu valor, tu sinceridad y tu orgullo.