Dennise Vaccarello (1989) es una artista multidisciplinar y doctora en arte contemporáneo cuya obra, siempre cambiante a nivel formal, pero con una esencia permanentemente tierna, ha sido exhibida en Francia, Islandia, Portugal y España. Ha recibido becas y premios y ha colaborado en distintas publicaciones y proyectos, pero su mayor logro ha sido tener una conversación sincera con el paisaje y con su entorno en general. El paisaje islandés dijo de ella una vez, durante una conferencia de paisajes: «Dennise Vaccarello es una persona que te entiende sin necesidad de interrogarte, y eso es bastante raro». Haciéndose eco de ello, el paisaje de París añadió: «Casi me olvidé de que tenía edificios mientras ella me miraba». Y todos se rieron suavemente.
Por mi parte, realicé esta entrevista junto a Dennise Vaccarello en un lugar secreto a una hora secreta, durante un descanso en el desarrollo de su último proyecto, La ternura, que verá la luz muy pronto. Dennise es una de mis artistas favoritas y por supuesto esta no es una entrevista objetiva porque yo no soy periodista, sino más bien un mapache contemplando la luz de las casas desde el otro lado de la ventana. Y en las casas hay gente comiendo y a veces las cosas que comen dan hambre. Hay artistas que son una Whopper y artistas que son un plato frío de lentejas, que no apetecen, la verdad. Pero Dennise es un bizcocho caliente.
P: Me gustaría saber qué significa la ficción para ti.
R: Para mí, la ficción es la herramienta con la que creamos la realidad y modelamos el mundo. Es lo que nos distingue, por ejemplo, de esos monos a los que enseñaron lenguaje de signos y que nunca hicieron una pregunta. Nosotros, por el contrario, vivimos impulsados por el ¿y si…?
P: Bueno es interesante que hables de los simios en ese sentido, porque uno puede pensar que no han hecho ninguna pregunta simplemente porque no la han formulado como tal, ¿verdad? Pero por ejemplo si un simio te dice con lenguaje de signos «dame una naranjita, por favor» eso es el equivalente a preguntar «¿me das una naranjita?». Si yo te la quiero dar, la vas a tener. Si no, no. Son procesos equivalentes. Igual que yo no te he preguntado «¿Qué significa la ficción para ti?»; sólo he expresado mi deseo de saberlo. Pero bueno, lo que sí que no han hecho los simios, que sepamos, es modelar el mundo a través de la invención y las historias. ¿Cuál es el principal «¿y si…?» que impulsa tu trabajo? O, si no lo hay, ¿cuál es el principal deseo que expresas con él?
R: ¿Y si el paisaje pudiese hablar? Si los árboles, las plantas o las montañas hablasen con nosotros, ¿qué nos dirían? Estamos destruyendo todos los ecosistemas. ¿Qué tienen que decir los implicados? Sé que odias esta palabra, pero la figura de ficción que me gusta aplicar en mi obra es la personificación o prosopopeya. Me interesa dar voz a quien no la tiene, explorar otros puntos de vista y sensibilidades. Como diría Salem, el gato de Sabrina, la bruja adolescente: «Alguien va a terminar llorando, probablemente yo».

P: Que no me guste la palabra prosopopeya no quita que me guste el intento de incluir en el proceso comunicativo a un sujeto externo. Esa disrupción me parece poderosa, porque implica trascender un sistema cerrado. Por otro lado, también es como funciona la película Cars, los anuncios en los que dos móviles hablan entre sí o el cuento de la cigarra. Evidentemente se trata de una herramienta universal para la fábula, y supongo que en ese punto lo interesante de tu trabajo es que muchas veces permites a las cosas sin voz que hablen fuera de una narrativa. Eso, de por sí, es un gesto de ternura. Como decirle a alguien «venga, tranquilo, te estoy escuchando y ahora puedes llorar o lo que quieras». ¿Es importante la ternura para ti? Al mismo tiempo, me gustaría saber cómo concibes la abstracción, porque cualquier elemento que no forma parte del sistema cerrado en el que se le incluye corre el riesgo de caer en la abstracción. ¿Hasta qué punto codificas esas nuevas voces?
R: ¿Coches y teléfonos parlantes? Eres todo un provocador….
Estoy haciendo un proyecto titulado La ternura en el marco de las Residencias Artísticas y de Acción Cultural El Palacio, en Gijón -referencia derivada de obligación contractual-. Para mí, la ternura se relaciona con la responsabilidad afectiva y el cuidado desde una perspectiva biocentrista. Es un sentimiento que nace principalmente de la escucha.
Hace poco estuve grabando en Lugo paisajes sonoros para un vinilo de Nanas que forma parte del proyecto y me sorprendió lo difícil que es llegar a espacios naturales que no estén contaminados por nuestros ruidos —«Esos silenciofóbicos. Esos ruidoadictos»—. Pero cuando consigues llegar al corazón de un espacio natural, notas la armonía en el canto de los pájaros, la tranquilidad, la claridad mental: es como una droga. Para mí la ternura es calma y amor.
En cuanto a tu pregunta sobre la abstracción, no creo que sea consciente del nivel de abstracción de mi lenguaje. Mi obra es la forma que tengo de expresarme, no la hago pensando en un espectador ni intento masticarla o traducirla. Supongo que la capacidad de decodificación recae en la sensibilidad del lector para fijarse en los pequeños detalles.
P: Pienso ahora en Werner Herzog cuando habla de la jungla y de la matanza constante que supone. Por supuesto entre la jungla amazónica y Lugo hay una diferencia substancial, pero en lo que dices subyace una cuestión: ¿es ese silencio que encuentras en el corazón natural de las cosas agradable únicamente porque puedes abandonarlo? Y en este sentido: ¿sería la ficción la idea de poder permanecer en ese lugar salvaje sintiendo placer y no la violencia inherente al ecosistema, el poder de extender la ternura que experimentas como extranjera? Y una tercera cosa: ¿no es Popper una revista chulísima? (pregunta en absoluto derivada de amenazas por parte de la dirección de la revista).
R: Entre Lugo y la jungla también hay muchas similitudes… pero esa es otra cuestión. Me refería más a la escucha que al silencio. Al sonido vivo, sonido en directo, sonido salvaje y amazónico frente al ruido de origen humano, con toda su violencia y toda su ternura. La ficción me sirve como herramienta para trasladar parte de esa experiencia a mi obra. Aunque se quede en un juego o en una aproximación, lo verdaderamente importante es destacar lo especial que es la revista Popper.
P: ¿Puedes hablarme de tus instrumentos y del formato final de La ternura?
R: La ternura es una instalación artística que emula una habitación infantil pensada para cuidar a la naturaleza. Mis niñas -así las llamo-, son cuatro instrumentos de viento y percusión realizados en cerámica, que para ser tocados tienen que cogerse en el regazo como si fuesen bebés. Las he usado para componer el vinilo de Nanas al que me referí antes. Son Nanas bastante siniestras, la verdad. Me pareció muy interesante la reflexión sobre las Canciones de cuna españolas, de Lorca. Para él las nanas en España están impregnadas de tristeza y melancolía, de forma que al niño «lo entra de lleno en la realidad cruda y le va infiltrando el dramatismo del mundo». Con esa idea en mente compuse el vinilo.
En la habitación todo gira en torno a la naturaleza, al sonido, la luz y el río. Intento generar calma para una naturaleza en constante nacimiento, en un momento de drama ecológico.

P: ¿Crees que lo siniestro es algo que potencia la ternura, tal como tú la concibes, o bien algo que es una parte constituyente de la ternura y que es necesario reconocer?
R: Lo siniestro es una vertiente muy desarrollada del ser humano. En el caso de un escenario en el que la naturaleza es un bebé, la empresa humana es el hombre del saco.
P: ¿Te importaría hacer a las lectoras y lectores de Popper una pregunta incómoda sobre las cosas que más te preocupan?
R: ¿Artista y autónoma? ¿Cómo? ¿Qué? ¡Por qué!
P: Me gustaría saber cuál ha sido la obra de arte que más te ha conmovido últimamente.
R: Ayer fui a ver en el Festival Internacional de Cine de Xixón Mistress Dispeller, de Elisabeth Lo. Un documental sobre una mujer que contrata a una profesional para deshacerse de la amante de su esposo. Me conmovió mucho cómo hablaban del amor cada uno de los implicados.
P: ¿Qué músicos o artistas sonoros te influencian más por aversión y por placer? Quiero decir, ¿a quién detestas y quién te provoca entusiasmo?
R: Escucho bastante a Darkside, Sinoia Caves o William Basinski. Me gustan las piezas atmosféricas, la electrónica y los sintetizadores, lo que tú llamas «música de ascensor». Detesto las canciones de campañas publicitarias que se adhieren al cerebro de por vida. No citaré ninguna por respeto a los lectores.
P: 🎵 MERCADO-OO-NA! MERCA-DO-NA! 🎵 Bueno, para mí lo que tiene la música de ascensor es que parece pensada para ejercer de transición inofensiva entre dos puntos y yo personalmente en una historia prefiero la transición peligrosísima entre dos puntos. Pero tampoco vamos a poner heavy metal en los ascensores sólo para darle intensidad a cambiar de planta. Y es muy cierto que cuando la transición es inofensiva deja espacio para que otras cosas se desplieguen. ¿Es eso lo que te gusta de la música de ascensor? ¿Que deja espacio para la consciencia?
R: Es exactamente eso. Pero en el caso de tu ascensor ideal me imagino más a Bo Burnham que a Iron Maiden:
«Are you feeling nervous?
Are you having fun?
It’s almost over.
It’s just begun.
Don’t overthink this.
Look in my eye.
Don’t be scared, don’t be shy,
come on in, the water’s fine».
♫
P: Cantas muy bien. Según tengo entendido la experiencia de la música en directo es importante para ti. Da la impresión de ser el polo opuesto a lo que buscas en el corazón de esos entornos naturales, al tratarse un concierto de un constructo no espontáneo. ¿Puedes hablarme sobre qué obtienes de esa experiencia y si hay alguna relación entre eso y tu proyecto?
R: Lo bueno de la música en directo son las vibraciones. Sentirla en el pecho como fuegos artificiales. Si hay alguna relación, debe de ser esa.
P: ¿Y los fuegos artificiales te gustan?
R: No mucho. Pero quedaba menos hortera decir fuegos artificiales que olas de 10 metros rompiendo en la orilla.
P: Me gustaría saber cuál es el ruido más molesto y el más agradable que encuentras lejos de esos espacios naturales que usas como fuente de material para tu obra. En el espacio doméstico, por ejemplo.
R: En el espacio doméstico lo más molesto sería una combinación formada por mi vecino a la guitarra cantando a grito pelado Zombie de The Cramberries – In your heeeeeead, in your heeeeEEEeee-aaad– y las obras de demolición del edificio colindante. Desde luego no utilizo ninguna de estas fuentes como material para mi obra. Posiblemente lo que encuentro en el bosque de Lugo sea una forma de escapar de ellas.
El ruido más agradable que se puede escuchar desde mi casa es el de la lluvia golpeando el suelo de piedra de la calle, o la uralita.

P: Si tuvieras que definir La ternura con una onomatopeya, ¿cuál sería?
R: Bfuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuh…
P: ¿Y con un color?
R: Blanco.
P: ¿Y con un acertijo?
R: Sana, sana, culito de rana ¿quién te está matando hoy, pero te cuidará mañana?
(No pierdo la esperanza en la humanidad)
P: ¿Y un postre
R: Manzanas asadas.

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