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Arte

Descubrir haciendo. Conversación con Alcides Rista

Alcides Rista es un artista polifacético e impredecible, como su trabajo, en el que no deja de experimentar –ya sea mediante la pintura, la escultura, la instalación o el arte urbano–. Harto de la hipocresía social, se muestra provocativo hasta decir basta, tal y como demuestra en esta entrevista con Carlos Alejandro.

Alcides Rista es un artista que lo mismo pinta con acrílico, esculpe en hierro y mármol e interviene el espacio público con espectaculares en carreteras. En su obra, hasta ahora, descolla la impredecibilidad: no se presentó a su primera exposición, una muestra heterogénea con un fuerte contenido político; al año siguiente abrió su segunda exposición con un discurso calculado para una muestra unitaria; al siguiente, presentó una serie de obras hechas en colaboración con otro artista, y una de las obras no estaba terminada, durante la exposición fue intervenida. Al año siguiente, nada. Rista se retiró a trabajar. ¿A dónde va ahora? Lo que lo cuida -dice- son sus obsesiones.

PREGUNTA: No fuiste a tu primera exposición de arte, organizada por la -ahora extinta- galería Casa verde, ¿por qué?

RESPUESTA: Mi existencia no es una obra de arte, pero a lo mejor esa idea me ayuda a crear algo hoy antes de irme a dormir.

P: ¿Qué hace la nostalgia en el arte?

R: Pensar en cuando era niño me da fuerzas, siento que puedo poner todas las creencias al revés sin tener que justificarme: liberador.

P: En abril de dos mil dieciséis publicaste un poema en la revista Opción, ‘La vida es la muerte’. ¿Por qué un artista visual publica un poema?

R: ¿Por qué un niño juega a las canicas, y a los diez minutos a ser bombero, a los otros diez se convierte en policía, una hora después simula ser astronauta y termina el día jugando futbol?

P: Algunos dirían que un niño jugando no es lo mismo que un poeta escribiendo o un artista visual trabajando en su obra…

R: Algunos llaman perro al perro, yo lo llamo galleta.

P: En ese poema escribiste que “[…] los lectores corren de todo y mi corrida había terminado estampada en un poste que el gobierno municipal puso un día antes”. El verso llama la atención porque opera una parada en seco doble. Primero, al interior del verso. Es un verso largo y trae un ritmo trepidante que parece que dejará al lector volando, pero no lo hace, de hecho termina de forma muy tajante. Y si vemos ese verso en el contexto del poema, pasa algo similar. El sujeto lírico viene de una larga retahíla y cuando uno espera más, cuando hay entusiasmo en el lector, el poema frena, abrupto. ¿Es consciente no darle al lector lo que espera? ¿Por qué utilizas este dispositivo?

R: No veo por qué pensar que llegarán sapos cuando esperamos sapos. La poesía es hacer, yo descubro cuando hago.

R: ¿Podemos, entonces, pensar en este poema como otra más de tus obras como artista visual? Es decir, que en otras obras has trabajado con hierro, con mármol, con pintura acrílica, en esta trabajas con palabras…

R: Los materiales no son de quien los trabaja, son de quien se los apropia. Id est, de quien sabe hacerlo.

P: Entre febrero y marzo de 2021 colocaste una de las obras de tu serie Morbo en espectaculares de Puebla. Como no te dejaron poner toda la serie, por su contenido -supuestamente- pornográfico, en el lugar donde debían aparecer las otras dos obras de la serie pusiste una consigna: “tu cuerpo nos ofende”. Eso no lo tenías planeado. En una entrevista con El Sol de Puebla explicaste que esa fue una respuesta a la censura. Por un lado, ¿qué efecto esperas de una intervención pública como esta? ¿El arte cambia la vida? Y por otro, ¿te molesta que algo externo a tu obra -como la censura- te obligue a modificarla?

R: Ningún jinete piensa que al usar su fusta para picar al corcel virará el curso del deporte ecuestre. Acaso cambié el curso del caballo, pero no el de la equitación. Por otro lado, mi vecino también come todos los días, y nuestra basura duerme plácidamente una recargada contra la otra.

P: El más grande de esos espectaculares lo pusiste en la carretera de cuota Puebla-Atlixco. Regreso sobre los efectos. Diario, más de veinte mil personas transitan la carretera, pero la exposición que tienen a cualquier espectacular es mínima. ¿Cómo concibes el impacto de una obra en un espacio así? Y después, ¿fue este un acto de resistencia frente a las galerías, una forma de hacer una exposición en otro espacio?

R: Si haces una encuesta todos los que ven el Súper Bowl van a decirte que no son estúpidos, obviamente los comerciales de siete millones de dólares no tienen efecto sobre ellos. Un estudio de la empresa Veylinx apunta a que solo en 2023 un anuncio en el Súper Bowl incrementó la venta del producto en 6.4 por ciento.

Las esculturas pueden ponerse en el Museo del Prado, en la sala de tu casa o en el borde del cráter del Popocatépetl. El arte no es un criminal sentenciado.

P: Tu serie Alcides Rista es un hipócrita (2023) se intitula así porque la obra señala la hipocresía de una sociedad que tiene hospitales y casas funerarias para animales, a donde, sin embargo, solo acceden los animales que tienen un dueño (humano). Es decir, parece que respetamos la vida animal, pero solo en tanto es posesión de una persona (y, por supuesto, en tanto esa persona tiene dinero para pagar el servicio). Pero Alcides Rista dejó a los animales que fotografió en la calle. Así que la hipocresía es doble: la que señala el artista en la sociedad, pero también la del artista al señalar algo y actuar, en cierta forma, igual. Como si la hipocresía del artista fuera una prueba más de la hipocresía social que señala en su obra. ¿Por qué denunciarte en tu propia obra? ¿Es una forma de exculparte?

R: Parafraseo un texto tuyo: para ser conciencia crítica de lo que sea el artista deberá ser siempre antes conciencia crítica de sí mismo.

P: También en 2023 hiciste una serie de obras con Fóster, Santería cósmica. Muchos invitados preguntaban, alarmados, si era un acto de santeros. ¿Por qué poner en el título una palabra que genera tanto escozor en una sociedad como la mexicana? ¿Cuál es el objetivo de esa provocación?

R: El arte puede ser tecata entrando por las venas para un adicto con síndrome de abstinencia, y el arte también puede ser una pesadilla.

P: Continuando con esa exposición, lo que hiciste con Fóster no es común. Uno está acostumbrado a escuchar canciones en colaboración, a ver dos grandes actores en una película, pero no a ver un óleo trazado por dos pintores, tampoco mármoles tallados por dos escultores, menos una escultura hecha por un artista y pintada por otro, como en Santería cósmica. ¿Por qué la colaboración no está bien vista en las artes visuales? ¿Qué buscas al hacer obras con otro artista?

R: No siempre es necesario saber de dónde vienen las deleznables barreras mentales que nos impiden hacer lo que queremos. La escultura también puede ser una plática entre dos amigos con un mezcal, eso hicimos Fóster y yo.

P: Paso a las pirámides, eje rector de tu obra. Has explicado varias veces que se abren en todas las direcciones porque reflejan los tenues hilos que mantienen nuestras vidas, ¿puedes explayarte un poco sobre cuáles son estos hilos que nos mantienen y tu obsesión con ellos?

R: La vida se mueve en formas múltiples y amorfas, que ni siquiera son direcciones, aunque nos fascina pensar que vamos por UN camino. Yo no estoy solo, porque tengo obsesiones.

P: Si el arte le deja algo al ser humano, ¿qué te ha dejado a ti?

R: Lo que dejo está en el pasado. Estoy pensando en la obra que haré hoy en la tarde.

Pirámides, de la serie ‘Santería Cósmica’.

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