«y es cierto que preferí volver a poner el culo
que usar las palabras.
Cuando enfrentas la vida a la muerte
y le obligas a bailar en una noche de domingo
duele el doble
porque ahora eres feliz en tu casa».
Es difícil, en un mundo que vive de espaldas al misterio, hablar de la muerte –aun cuando consigues movilizar el aire en tu garganta, aun cuando tomas el impulso para sacar de la soledad ese espanto, aun cuando adivinas cómo pueden empezar a colocarse las palabras– porque después de la determinación que requiere el acto de habla se requiere un acto de escucha. Hablar de la muerte es difícil porque muchas no quieren escuchar. Después de algunos fracasos, unx entiende la ida y vuelta de esta conversación enigmática e incorpora la neurosis de no hacer sufrir a otrxs con las propias ideas, o el hartazgo de presenciar el pánico o la ira o la negación en quien escucha, que su malestar supere el tuyo y te abandone, no pueda atenderte más: debas disculparle debas disculparte. Hablar de la muerte es difícil hasta que ya no se puede más que hacerlo.
Cuando la muerte se echa encima, la línea que distingue lo tolerable de lo intolerable abandona toda agencia, tuya o de tu compañía. Escribía Rocío Aranda[1] tras la muerte de su hermano: «¿Que se ha muerto tu madre? / qué bien, joder / no porque se muera tu madre / eso es lo puto peor / […] de repente se muere tu madre / y ya somos dos que vivimos con la muerte / y parece que estamos formando barrio / y duele que te cagas / pero reconforta mucho tener con quien cruzar / las calles». ¿Jamás sentiste un alivio sobrecogedor –compatible, completamente, con el dolor– cuando murió alguien que querías, o cuando una desgracia sucedió a otrx en lugar de a ti? Cuando Perla se sentó por primera vez en on-co-lo-gí-a sin saber siquiera qué significa esa palabra, ¿se lo preguntaría pero prefirió no averiguarlo? ¿Tendría un móvil en la mano, ya por entonces? Lorena Álvarez canta «ven a darte un paseo / por el bosque tenebroso de mi mente / a ver si lo soportas / a ver si no te asustas / A ver si eres capaz / de ver lo que yo veo / No apartes la mirada»[2]. Cuando ya no se puede más que hablar de la muerte, sobreviene lo indecible, lo inefable, lo hasta entonces inconcebible.
En Me muero, te quiero (Blatt & Ríos, 2025) se relata un «staying with the trouble»[3] –el trouble es cáncer, específicamente uno raro, y se llama Sarcoma de Ewing. Se lee de manera recurrente «no quiero morir», pero también se lee «Fuimos felices, cierto?» y una tremenda gratitud a las amigas en un camino de aceptación y entrega a la vivencia. El libro es apacible porque, entre el miedo y el dolor, también muestra la grandeza del amor que la autora tuvo y creó a su alrededor. A pesar de algunos estados de soledad –propios de una específica experiencia de estar enferma siendo muy joven– hay un alivio en el relato de compañía, tan singular para esta época individualista y desmoralizada en la que se acompaña tan mal el malestar –te dicen «sísísísí» a todo hasta que te vuelves too much, entonces te dicen «aiaiai tengo muchísimo curro» o «jo qué mal ánimo bb chau», y no te queda más remedio que decirles «venga no pasa nada ya se me pasará un besito» mientras piensas «pfff tendrá muchísimo curro y no me puede ni contestar» o «seré una pesada?» o «zorra ahora pasas de mí». Perla le decía por teléfono a su amiga que tenía cáncer y Bambi le sacaba un puñado de palomitas hasta el último día que escribió en su diario. Apenas tres días antes recibía «muchos mensajes de amor» y escribía: «estoy a salvo». <3

Leer a Perla traspasando la enfermedad es hablar de morir con ella, sin ningún pudor. Perla habla de esa pérdida de agencia frente a la muerte: de la difícil relación con el tiempo, de la pelea de «la realidad contra la fantasía», de células reproduciéndose descontroladamente dentro de su cuerpo. Hablando de su muerte, Perla habla de mi muerte, de tu muerte; del miedo a la disolución del yo; del miedo a quedarse en ese instante sole, o en la decrepitud hacia ese instante, o del miedo a tener miedo en ese instante; del temor a que tu queride ____ muera, muera sintiéndose sole, muera sintiéndose mal; de sentirte mal porque no supiste estar; de la belleza en el dolor de cuando sí; de la pureza; de ¿qué vas a hacer entonces con todo eso?
«podemos intentar engañar al tiempo
y a nosotros mismos,
haciéndonos creer
que no somos personas
a las que les importan las cosas».
La fuerza inmensa de Perla quizás tenía su lado más público en mundos de fiesta. Ahora los obituarios ocupan la parte más visible de resultados pero, hasta hace unos meses, si buscabas su nombre en google o instagram aparecían muchísimos carteles que le anunciaban o imágenes de ella en la mesa o el escenario. Perla en Hör rodeada de azulejos flúor, Perla en una Boiler entre el sudor de tantos cuerpos, Perla en Maricas desprendiendo mil rayos de color. Ya no sé qué vi y qué se creó dentro de mi cabeza. El libro abre también otro lado de estos mundos clubs-after, el interior: una escritura honesta muestra a dónde llevan la psique y el ácido cuando se rompen las reglas y dimensiones de la vida ordinaria. Decían Massimiliano Casu y Vanesa Viloria que la fiesta «materializa tantas energías destructoras como creativas» y que «una fiesta es siempre una ficción vivida»[4]. Escribía Perla, quizás desde el móvil y en medio de un colocón, que dedicaba sus palabras a todos aquellos que salen cada fin de semana para pedir otra oportunidad al tiempo.

Las páginas de este libro mezclan esas escrituras espontáneas desde clubs nocturnos, invocaciones que describen visiones de sueños o convalecencias, y escrituras muy conscientes de sí mismas que elaboran usos finos de palabras para hablar de una experiencia inabordable a través de ellas. «Cualquier palabra de dolor está siempre en un lenguaje al / que no podemos acceder» La lucidez del ácido, la lucidez de la vigilia, la lucidez de la alucinación, la lucidez de una espera en dirección a lo más misterioso, aparece al convertir en ejercicio literario un pedazo real de vida. Así lo trasciende, se despega de lo que fue y constituye los mundos imaginarios infinitos que surgirán en sus lecturas. Así se queda en la viveza que quienes le recuerdan cuentan que constituía su impulso cada día.
«por brindarnos todo
sin pedir nada,
por brindarnos la nada
cuando pedimos todo».
La muerte es también el exterminio de la posibilidad. Es la desaparición de la potencia que postergaste: cuando murió esa relación ya nunca harías ese viaje a _____, cuando murió la abuela ya nunca pudiste preguntarle cómo era 1975, cuando murió Perla ya nunca pude conocerle en persona para hablar un rato, bailar o compartir unas dosis de K. Quienes no formamos parte relevante de su vida nos quedamos con este libro, regalo generoso, entre otros, de alguien que decidió enseñar las tripas de lo más tierno y lo más terrible, lo cursi y lo estremecedor.
Podría acabar ahí pero quisiera hacer referencia a algo más de Me muero, te quiero que es muy especial: el metaamor del libro, el amor del editor. Hay una transparencia muy valiente, encontrarse con ello es hermoso.
«Recuerda: las decisiones pueden ser aventuras».
Me muero, te quiero (Blatt & Ríos, 2025)
Me muero, te quiero es un libro sobre el brillo de la vida: las amigas, el arte, la música, el erotismo y el amor. También es un libro sobre cómo la vida se vuelve contra la vida cuando una célula enloquece. Perla Zúñiga testimonia con su lengua poética su paso por el mundo y por las cosas del mundo. Es un paso lleno de durezas y ternezas, que conmueve profundamente con su apuesta por la belleza, la juventud y el amor. La vida se desvanece, quedan el amor y su poesía.

Todas las citas que no conducen a una nota al pie provienen de Me muero, te quiero (Blatt & Ríos, 2025).
[1] “No quiero ir más que hasta el fondo. Suicida tú, suicida yo” en Morir guay. Voces y relatos para no tener miedo (DU-DA, 2020). Ediciones La Escocesa.
[2] El bosque tenebroso de mi mente es una canción del álbum Colección de canciones sencillas (Lorena Álvarez, 2019).
[3] Título y expresión ya bien conocida de Donna Haraway.
[4] Diez ideas sobre el arte de la fiesta, consultable en https://unafiesta.de/declaracion/

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