Arte Reportaje

Jóvenes e instituciones: un viaje hasta el olimpo cultural

Tras entrevistar a los directores de tres grandes instituciones culturales -Condeduque, el Museo Thyssen y el Teatro Real- y conocer sus propuestas, confirmamos que la cultura está pensada para nosotros, los jóvenes.

«La cultura, inseparable ya de la industria comercial, muestra una vocación planetaria y se infiltra en todas nuestras actividades» escribían Serroy y Lipovetsky al principio del ensayo La cultura-mundo. Respuesta a una sociedad desorientada (Anagrama, 2010). Y efectivamente: la cultura se ha infiltrado tanto en nuestras actividades cotidianas que su propia definición se ha evaporado, distendido, prolongado sin límites. Es casi imposible otorgarle un significado breve y conciso. Nadie duda ya de que un Dalí sea cultura, pero, para otros muchos, degustar la gastronomía de nuestro país es también una cuestión cultural –y muy probablemente termine siendo así-. De la misma manera que su clasificación y delimitación se ha extendido, también lo han hecho los formatos y espacios en los que se consume, así como la forma de aproximarse a ella por parte del espectador: la cultura ya no solo se expone en los museos, se va a ver al teatro o se materializa en un libro. La cultura abarca esto y mucho más.

Por lo tanto, no es de extrañar que, llegados a este punto, las instituciones culturales, a menudo percibidas como serias, conservadoras, elitistas y a favor de la academia, se hayan encontrado de frente con el desafío -sobre todo, generacional- de que el pensamiento y los lenguajes de la sociedad no concuerdan ni encajan ya con su tradicional línea de actuación, perdiendo terreno frente a otras iniciativas que sí gozan de una imagen más cercana, atractiva y accesible como los mercadillos, los conciertos, las actividades auto-gestionadas, el arte urbano o un gran listado de festivales alternativos. A ello se le suma, por otro lado, la inmensa transformación de los canales y lenguajes de comunicación, secundada especialmente por las omnipresentes redes sociales.

Pero que los jóvenes conciban nuevas formas de relacionarse con las instituciones no significa, ni mucho menos, que no estén interesados en lo que en ellas se ofrece. El informe publicado por el Ministerio de Cultura y Deporte en 2020, Conociendo a todos los públicos, a propósito de los jóvenes y los museos, destacaba fervientemente que las generaciones de los nativos digitales y de los millennials se caracterizan, ante todo, por adoptar comportamientos más críticos y exigentes a la hora de transitar por un museo, centro cultural o espacio escénico. La brecha entre el binomio «jóvenes e instituciones» no es insalvable. Todo lo contrario: quizás nunca la hubo.

Desde Revista Popper, hemos querido contactar con los directores de tres de las instituciones más importantes de la capital –el Teatro Real, el Museo Thyssen-Bornemisza y el Centro de Cultura Contemporánea Condeduque- para conocer, desde dentro, cómo han afrontado -y siguen afrontando- el reto de acercar a los jóvenes más inquietos y exigentes hasta las redes inmensas y cautivantes de la cultura y el arte más avanzado. Tres instituciones que representan modelos diferentes en gestión de la cultura pero que constituyen el triángulo perfecto para la total representación de las expresiones artísticas: un teatro de ópera, una pinacoteca y un centro cultural. Tres instituciones, al fin y al cabo, en las que los protagonistas somos nosotros: los jóvenes.

Centro de Cultura Contemporánea Condeduque

En la céntrica calle madrileña del Conde Duque se yergue lo que fue un antiguo cuartel del siglo XVIII, convertido, desde 1983, en centro cultural dependiente del Ayuntamiento de Madrid. Recientemente ha sido rebautizado como Centro de Cultura Contemporánea Condeduque, algo que parece darnos pistas de su cercanía con el público joven: «La cultura contemporánea está dirigida a todos los públicos, pero es cierto que los jóvenes viven en el presente, no tanto en el pasado ni en el futuro, y la cultura contemporánea es reflejo de la actualidad; comparte sus momentos porque les habla de su ahora». Nos responde Natalia Álvarez Simó, su directora artística, quien asegura, a la vez, que su equipo de comisarios está constantemente pendiente de tomar el pulso de la actualidad porque eso también es parte de su trabajo.

Al ser un centro que depende del Ayuntamiento de Madrid, su programación disfruta de los descuentos del JOBO, el bono cultural con el que los madrileños de edades entre 16 y 26 años pueden disfrutar gratuitamente de los espectáculos de aquellos centros adscritos; un bono que precisamente fue creado para garantizar el acceso a la cultura de nuevos públicos y sensibilizar a la población acerca de las artes escénicas, la música o el teatro.

Condeduque goza de un gran cariño por parte de los jóvenes «quienes acuden tanto a las actividades destinadas para ellos como muestran también un interés muy grande en las propuestas del área de Palabra, Pensamiento o Cine», continúa Natalia, «son un público selectivo». La programación musical, por ejemplo, es la clara representación de su afán por aunar conciertos muy diferentes pero siempre enmarcados en el sesgo de lo contemporáneo. El centro ha apostado por abrir una residencia de jazz al mismo tiempo que organiza conciertos con cantantes como Bejo o Mori u otros como Mercedes Peón o Los Hermanos Cubero que reivindican la renovación del género folk español: «Siendo un centro cultural municipal, es importante reflejar el panorama actual y ofrecer propuestas para distintos gustos. La música en vivo ha tenido muchas dificultades en los últimos tiempos y como espacio público, es importante atender también a este sector en todas sus propuestas dentro de la misión del centro».

Pero no son los únicos proyectos llamativos. En esta última temporada, han querido abrir también la Escuela de Invierno a fin de reunir, en un mismo proyecto pedagógico, varias disciplinas y fomentar así la formación de nuevos creadores. Un laboratorio que amalgama lenguajes artísticos diversos con profesores invitados de la talla de Bárbara Lennie, la cineasta Carla Simón o Pucho, el cantante de Vetusta Morla. Sin embargo, son conscientes de que, para que se produzca una verdadera sensibilización cultural por parte de la población, la formación tiene que empezar desde abajo. Rendija es su propuesta de mediación cultural con adolescentes y tiene como objetivo último expandir su actividad a otros jóvenes de su misma generación.

Museo Thyssen-Bornemisza

El director gerente del Museo Thyssen-Bornemisza, Evelio Acevedo, también pone hincapié en ello: «En condiciones normales, en el museo hay mucha actividad de visitas de niños en edad escolar porque es en ese periodo donde se planta la semilla. Nosotros tratamos de que los recuerdos que estos chicos se lleven consigo sean recuerdos de habérselo pasado bien. Un museo no tiene que ser visto como un sitio serio o aburrido, sino como un espacio donde te pueden contar cosas interesantes».

La institución cuenta entre sus filas con trabajadores jóvenes que conocen bien los lenguajes e intereses de gente como ellos, así como también dominan y ponen en práctica el uso de las nuevas tecnologías. Las redes sociales del Thyssen son la vía que más conectividad les aporta y su público ya no es solo aquel que acude al museo, sino el que los sigue también a través desde sus cuentas de Instagram o TikTok. Así queda demostrado cada año con la iniciativa de #VersionaThyssen, pensada particularmente para un público joven interesado en el arte que, a su vez, movilice a sus amigos. A través de Instagram, los participantes versionan una obra expuesta en el museo y, después, eligen a los ganadores. El concurso suele culminar en un concierto con cantantes actuales. Rigoberta Bandini, la voz del In Spain we call it Soledad, fue la última invitada.

«Nuestra apuesta es acomodarnos a lo que a las nuevas generaciones les atrae y les apetece porque, para poder comunicar a los públicos, hay que adaptarse a los públicos. Ser mucho más próximos y conocer lo que a ellos les interesa para poder ofrecérselo». Otra iniciativa para celebrar es el enorme interés que el museo muestra por la vinculación entre arte y tecnología, y más concretamente, por el sector de los videojuegos. Ha colaborado con la nueva edición del Animal Crossing aunque ya anteriormente había iniciado su propio camino, desde su Área de Educación, con otro juego llamado Nubla –y más tarde, Nubla 2-, enfocado principalmente a mostrar un recorrido por el museo, siendo su propia colección de arte la gran protagonista

Como señalábamos antes, las instalaciones del Thyssen dan cabida, con frecuencia, a otro tipo de eventos como conciertos o espectáculos de danza y performance. A principios del pasado octubre, pudimos ver a Silvia Pérez Cruz delante de las pinturas de Roberto Matta en un concierto organizado por Radio3. Por eso, le preguntamos a su director si, para llegar a los jóvenes, hay que pasar por la necesidad de reinventarse, de aunar géneros, de no clasificarse solo en ‘museo’, ‘teatro de ópera’ o ‘centro cultural’, sino ir más allá y romper con las etiquetas. «El ir realizando este tipo de actividades crea un perfil de pro-actividad en determinadas iniciativas que hace que medios como Radio3 se dirijan a nosotros. Saben que somos un buen partner porque vamos a responder bien. La colaboración con todo tipo de medios es fundamental para también ir incorporado esa pluralidad de expresiones artísticas y ¡cómo no!, la música y la pintura están estrechamente ligadas.»

Teatro Real

Pero si hablamos de la perfecta unión de disciplinas, entonces hablamos del Teatro Real, ¿o no es acaso la ópera la unión de todas ellas? «La ópera es el arte más completo: es música, es teatro, es historia, es literatura. Es, por lo tanto, una combinación de muchos elementos sensoriales que hace que sea un espectáculo muy redondo». Ignacio García-Belenguer, el director general, está convencido de que el público joven tiene su espacio en el Teatro Real: «Nuestra labor es hacerles descubrir eso: la importancia y el valor como destino de su propia actividad cultural».

El coliseo madrileño es de los pocos teatros operísticos del mundo que tiene abiertas sus puertas y sigue funcionando con relativa normalidad. De hecho, en septiembre, inauguró su temporada con una Gala Joven como muestra de su compromiso con los mismos. Los prejuicios de considerar al Real como una opción elitista y excesivamente cara se desvanecen con este tipo de propuestas, ya que las entradas oscilaban los 20 euros. En esta línea, se ofrecen entradas de último minuto por el mismo precio para cada espectáculo y también se ha reservado un área de butacas especialmente para ellos. «Queremos facilitar la accesibilidad tanto al aficionado que conoce la ópera como a esas otras personas ajenas al Real que vienen por primera vez y les entusiasma. Si a esto también añades otras actividades como la creación de un Comité Joven, el Ciclo de Talentos Jóvenes y los viajes e intercambios juveniles organizados por Juvenilia con otros teatros internacionales, se fomenta que la ópera llegue a convertirse en parte de su consumo cultural».

El Real, muy activo en redes, informa sobre las últimas novedades, realiza entrevistas o se cuela detrás del escenario para conocer las curiosidades del montaje de cada producción. Una manera atractiva y divertida de superar los altos muros del imperante edificio de la plaza de Oriente y conducir al público hasta su interior. Por otro lado, la creación del mencionado Comité Joven es su última apuesta por incluirlos en sus decisiones y crear puntos de encuentro y debate sobre el futuro de la música y las artes escénicas. «Los jóvenes, como para cualquier institución cultural, son el futuro. Es la apuesta de continuidad, la apuesta de rejuvenecimiento y la apuesta del crecimiento. No se trata de un proceso de sustitución, sino de ampliación».

Así que, después de haber leído hasta aquí, ¿te sigue quedando alguna duda de que la cultura es para nosotros?

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