Artes Escénicas

‘Here comes your man’, en los Teatros Luchana: cuando el miedo corre por la banda

Llega a los Teatros Luchana de Madrid la obra 'Here comes your man', interpretada por Marc Ribera y Sergi Cevera, y escrita y dirigida por Jordi Cadellans. Hemos asistido y esto es lo que podemos contaros acerca de una historia que lo tiene todo: malos recuerdos, venganzas y reencuentros.

Hace ya más de setenta años, Arthur Miller estrenaba en Broadway su monumental Muerte de un viajante (1949). En ella, además de criticar las lindezas del sueño americano, la continuada frustración de las expectativas y los dramas internos de unos cuantos individuos, Miller presentaba a una familia cuyos miembros, a pesar de haber rozado el éxito, jamás lograron prosperar.

Nos encontramos, por ejemplo, con Willy Loman, el padre, un trabajador incansable del que todo el mundo se ha olvidado sin importar demasiado su intachable carrera ni sus años de servicio a la comunidad. También está Happy, el hijo menor, un personaje que ha estado toda su vida buscando reconocimiento y que, al alcanzarlo -en cierta medida-, no lo ha sabido gestionar. Y luego está Biff, un chaval que conoció la popularidad en sus años de instituto gracias al fútbol americano y que no viviría de no ser por sus recuerdos y por aquellas gestas de la pubertad. Sin ir más lejos, así los describía el propio autor:

«Biff se levanta de la cama, avanza un poco hacia el frente del escenario y permanece atento. Biff es dos años mayor que su hermano Happy, y tiene un físico armonioso, pero últimamente se le ve como fatigado y no está tan seguro de sí mismo. No ha tenido tanto éxito como Happy, y sus sueños son más intensos y estrafalarios que los de éste. Happy es alto y robusto. Su sexualidad es como un color visible (…). Al igual que su hermano, está desorientado, pero de un modo distinto, pues jamás se ha permitido mirar de frente a la derrota, y por ello está más confuso y más endurecido, aunque aparentemente se le vea más satisfecho».

La historia de Happy y Biff es, en el fondo, la historia de todos nosotros; los «restos de una infancia mal curada», como canta Luis Ramiro en uno de sus éxitos. Y es, también, la historia de Torres y Morales, los dos protagonistas de Here comes your man, una de las últimas propuestas teatrales de Jordi Cadellans.

Su trama, resumida y sin spoilers, pasa por la redención de los personajes principales y se centra en cómo éstos, tras salir del colegio y reunirse años después en una fiesta conmemorativa, tienen que enfrentarse a sus fantasmas. Sin embargo, lo importante de la pieza no es que nos invite a perseguir nuestros sueños frustrados; es, más bien, que te incita a revertir las pesadillas: el acoso, las humillaciones, las burlas y las amenazas constantes en torno a la sexualidad.

Cartel de ‘Here Comes Your Man’.

Por un lado, entonces, tenemos a Torres, quien -al igual que Biff- triunfó de adolescente gracias a sus habilidades futbolísticas e hipotecó el resto de sus días a una nostalgia mayor: la de no haberse arriesgado a convertirse en deportista profesional. Y a su vez tenemos a Morales, que lo pasó fatal durante la adolescencia por culpa de un compañero que lo acosaba durante los recreos y que con el tiempo llegó a alcanzar -en parte por eso- la popularidad que le habían negado en aquellos años gracias a un papel como policía en una conocida serie de televisión.

«Soy actor porque nunca jugué al fútbol en el recreo», viene a decir Morales en un momento dado de la obra, pero ahora -que ha alcanzado el estatus propio de un futbolista, siendo actor- admite que ojalá hubiese jugado con el resto. Así, de hecho, no habría sufrido las palizas que sufrió, sus miedos o sus múltiples inseguridades: corriendo por la banda y zancadilleando a los rivales; siendo un niño más.

Sea como sea, ninguno de los dos protagonistas llega a la reunión de antiguos alumnos tranquilo: uno, por lo que ha pasado; otro, por lo que pueda pasar. Y todo se trunca cuando se nombra al responsable de los altercados: González, otro de los alumnos deportistas que saltaban al campo durante los recreos y que se burlaba de los demás, el mejor amigo de Torres, el ojito derecho del director, el que no dejaba a Morales en paz.

Hay en Muerte de un viajante, precisamente, una pequeña escena en la que Biff, muy disgustado con su padre porque justo acaba de descubrir que éste engaña a su madre con otra mujer, coincide con la amante en cuestión y se ve obligado a confesarle que, al salir del instituto, lo que suele hacer todas las tardes es jugar al fútbol y entrenar. «Yo también soy como un balón», le contesta, y es en ese momento cuando Biff explota, solloza, se rompe para siempre y se empieza a desinflar.

Al final, en Here comes your man todos somos como ese balón del que hablaba la acompañante de Willy Loman. ¿Por qué? Pues muy sencillo: porque llevamos años recibiendo patadas y ya sólo nos conformamos con pegarle un pelotazo al aire y golpear a los rivales sin querer, sin avisar.

Desde luego, si como espectador estás buscando -en términos futbolísticos- una merecida remontada, ve a los Teatros Luchana y disfruta de Here comes your man los jueves y viernes de marzo -o los próximos sábados y domingos de abril-. Además, por muy mal que empiece el partido, siempre nos quedará la segunda parte, ¿no? Lo importante es avanzar, y, si se puede, reconciliarnos con nuestro pasado, aunque para ello debamos ponernos los tacos, pisotearlo y negarnos a sufrir una vez más.

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