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BTS: una droga con sustancia

BTS es mucho más que un grupo de éxito: es un fenómeno global que ha cambiado la industria musical, la cultura de masas, su propio país y que le ha dado la vuelta al tablero internacional en pocos años.

«Sigue el sonido de la flauta, sigue esta canción. Aunque suene un poco peligroso, soy muy dulce. Estoy aquí para salvarte. Estoy aquí para arruinarte». La letra del estribillo de la canción Pied Piper de BTS (acrónimo en coreano de chicos a prueba de balas), condensa en solo dos frases cómo funciona una de las industrias musicales más potentes de la actualidad. Su título, El Flautista de Hamelín, es toda una declaración de intenciones. La banda misma expone cuáles son las reglas del juego que lleva años dominando: ellos cantan y las fans les siguen hipnotizadas. No necesitan esconder el poder de atracción que ejercen sobre millones de armies (fans de BTS). Incluso, les piden a sus seguidoras que dejen de ver sus vídeos, escuchar sus canciones y mirar sus posters y se pongan a estudiar. Puede parecer que se están burlando de ellas. Pero no. Su influencia es tan grande que se pueden permitir decir algo así, sin que se ofendan. Empezaron en 2013, y a día de hoy, después de una larga trayectoria, se han consolidado en el mundo de la música internacional con sus singles Dynamite, Butter y Permission to dance (escrita por Ed Sheeran). Han cosechado un éxito sin precedentes en el k-pop, con 457 premios ganados y dos nominaciones a los Grammy. Paul McCartney, de hecho, ha comprado la popularidad de la banda coreana con la que tuvieron los Beatles en los años 60.

¿Qué hay detrás de BTS?

Un fenómeno así no surge de la nada. Hay muchas mentes trabajando para que salga todo bien y una de ellas destaca por encima del resto: la de Bang Si-Hyuk, el ideólogo de BTS. Lleva años cultivando su proyecto, planeando cada paso, aunque él mismo ha reconocido que ha habido también algunos golpes de suerte, hechos que no se podían predecir. Estudió Estética en la universidad, una rama del arte que explora la belleza y su impacto en el mundo social y cultural. Se aprecian las influencias de esta disciplina en todos los contenidos audiovisuales que ha producido hasta la fecha. En el videoclip de Blood, Sweat and Tears se pueden ver obras clásicas como La Venus de Milo y Afrodita Agachada y obras renacentistas como La Piedad de Miguel Ángel y Perseo con la Cabeza de Medusa de Cellini; además, también aparece la pintura de Pieter Brueguel el Viejo, La Caída de los Ángeles Rebeldes. A parte de estos guiños visuales, cabe destacar que el disco en el que se encuentra esta canción, Wings (2016) fue concebido inspirándose en la línea argumental del libro de Herman Hesse, Demian: La historia de juventud de Emil Sinclair. Esta obra filosófica es una historia de la búsqueda personal y del camino hacia la vida adulta. El protagonista de la novela seguía el camino recto de la moral, hasta que conoce a Demian, que le hace cuestionarse todo aquello que le pasa en la vida, por lo que termina rompiendo con lo que le habían impuesto. Utilizaron esta metáfora para explicar el cambio de rumbo del grupo, que pasaba en aquellos años de un concepto adolescente y desinhibido, a otro más serio y adulto. 

Videoclip de ‘Bllod, Sweat and Tears’.

Estas referencias son una muestra de la amplia cultura del equipo detrás de BTS, algo que ha influido mucho en la carrera artística del grupo. Pero, también, hay otra parte importante en este fenómeno, y es la visión empresarial de Si-Hyuk. Él se dedicaba a componer, arreglar y producir canciones para una de las tres discográficas más importantes del mundo del k-pop, JYP. Sin embargo, después de componer varias canciones exitosas que le llevaron a ganarse el apodo de Hitman Bang (el hombre de los hits), quiso formar su propia compañía, Big Hit Entertainment, que comenzó en 2005. En una entrevista para Time, el genio musical explicaba por qué decidió crear un grupo de idols, cuando en un principio su objetivo era formar una banda de hip-hop. En aquellos años, las ventas digitales de los álbumes físicos se estaban desplomando y no había un sistema de escucha digital tan afianzado como el de ahora. Se decía mucho que el único modelo de negocio rentable era el que seguía el k-pop, cuyo pilar fundamental eran los conciertos en vivo, donde los idols podían interactuar con las fans, una experiencia irremplazable que pasaba obligatoriamente por la caja de las discográficas. Por ese motivo, el músico dio un giro al rumbo del grupo que estaba creando y se decidió por este género musical. Casi todos los miembros que habían sido elegidos para formar parte de BTS se fueron disgustados, porque no querían ser idols de k-pop, ya que en aquel entonces era considerado bastante denigrante para los raperos. Solo se quedó uno, RM, el actual líder de la banda, y tuvieron que buscar otros perfiles que se adaptasen a la estética y al concepto de este tipo de formaciones. 

Irónicamente, desde aquel entonces la industria del k-pop ha conseguido subir las ventas físicas de los álbumes creando varios elementos diferenciadores. Como ya no hace falta comprar música porque está disponible en todas las plataformas online de forma gratuita, las compañías han desarrollado diferentes estrategias para que las seguidoras quieran comprar los discos en físico. De esta forma, los cd’s se ven acompañados de libros con fotos exclusivas y con photocards (pequeñas fotos que se pueden coleccionar como si fueran cromos). En toda la historia de BTS, se calcula que habrán vendido 32 millones de copias, un número reseñable si se piensa en el cambio de paradigma del analógico al digital. La empresa de Hitman, que ahora se llama HYBE, ha ido creciendo paralelamente a la popularidad de su grupo estrella y ahora forma parte de lo que se llaman las big four (JYP, SM, YG y HYBE). Actualmente, es tan grande que se ha fusionado con Ithaca Holdings, la discográfica de Ariana Grande, Justin Bieber, Kayne West y J. Balvin, para acelerar su entrada en el mercado mundial. Además, la presencia de la compañía es más que notable en la economía de su país, ya que se estima que, cada año, aporta 5 billones de dólares al PIB surcoreano, una contribución similar a la de las aerolíneas Korean Air. En 2020, la empresa coreana salió a la bolsa y su valor actual está en 9,5 billones de dólares, según la revista Time. Bang Si Hyuk ya ha dicho que quiere que su empresa se convierta en la plataforma de entretenimiento y estilo de vida líder en el mundo: «guardando la música como nuestra base».  El impacto de BTS en el mercado internacional es tan grande que incluso el parlamento de Corea del Sur ha llegado a aprobar una ley, llamada informalmente la ley BTS, que se aplica exclusivamente a los requisitos que cumple la banda, para retrasar la entrada de los miembros mayores en el servicio militar obligatorio y así no frenar las actividades del grupo.

Bang Si-Hyuk, el ideólogo de BTS (fuente: K-Gen).

BTS canta en un idioma que todos pueden entender

El éxito de BTS, según su propio creador, viene de su sinceridad, su constancia y su habilidad para adaptarse a los tiempos. También influye el hecho de que muchas de sus canciones hayan sido compuestas por ellos mismos. El líder del grupo, RM, tiene registradas en KOMCA (Korean Music Copyright Association) 187 canciones. No solo ha contribuido a escribir gran parte de las canciones de BTS, sino que ahora también se dedica a participar en la composición de letras de otros grupos de su compañía como TXT. Lo mismo pasa con Suga y con J-Hope, otros integrantes del grupo, que han escrito 134 y 119 canciones respectivamente. Ambos han colaborado con artistas internacionales de la talla de MAX y Becky G. No solo han transmitido aquello que sienten, que es un lenguaje que todo el mundo puede entender, incluso pese a la barrera del idioma, sino que también han logrado, a través de sus letras, convertirse en embajadores de la juventud. Después de sacar el álbum Love Yourself (2017), donde reflexionan sobre la importancia del amor propio y la autoestima, se unieron a UNICEF en su campaña mundial de ‘Love Myself’, cuyo objetivo es terminar con la violencia y el abandono de los jóvenes, actividad que les ha llevado a dar dos discursos y varias entrevistas e incluso a cantar y bailar en la sede de las Naciones Unidas, en representación de su país.

La Directora Ejecutiva de UNICEF, Henrietta Fore, junto a BTS haciendo el corazón coreano en 2018 (fuente: UNICEF).

Corea del Sur a través de los ojos de BTS

Según han ido pasando los años el mensaje de BTS se ha ido modelando y cambiando, aunque han seguido tratando temas sociales importantes. En su primer año se presentaron como «guerreros del hip-hop» y venían a arrasar con los cimientos de la sociedad ultra competitiva que les oprimía. En su canción debut, No More Dream (2 Cool 4 Skool, 2013 ) instaban a: «rebelarse contra una sociedad infernal» y en N.O (O!RUL8,2?, 2013) denunciaban: «Todo el mundo vive la misma vida, los estudiantes son presionados para ser número uno, viven entre el sueño y la realidad. ¿Quién es el que nos ha hecho máquinas de estudio?». Esto se debe a la enorme importancia que se le otorga a los estudios en Corea del Sur, al ser los que permiten a los más jóvenes encontrar posteriormente un trabajo estable, acorde con las expectativas de sus padres y del resto de la sociedad. Los horarios de estudio son tan intensos que los niños y adolescentes no tienen una vida fuera de la escuela. Esta enorme presión continúa una vez que entran en la universidad, ya que cuando se han asegurado la plaza en una facultad prestigiosa tienen que seguir estudiando para luego trabajar en una empresa que esté bien considerada. La mayor parte de los estudiantes (un 73%) una vez que se gradúa intenta entrar en los mayores conglomerados del país: Samsung, Hyundai o LG. Sin embargo, este rígido sistema genera tanta presión que el suicidio se ha convertido en la principal causa de muerte, y cada año aumenta el número de jóvenes de entre 9 a 24 años que deciden quitarse la vida. 

La banda, que no es ajena a la sociedad en la que se mueve, ha criticado el capitalismo y el consumismo salvajes en los que se encuentra sumida Corea del Sur, país considerado por varios sectores como «Paraíso Neoliberal». A pesar de todo, y tal y como se ha podido ver en producciones como Parásitos o El Juego del Calamar, no es oro todo lo que reluce. La economía surcoreana creció mucho en muy poco tiempo, arrasando con aquellos que no pudieron adaptarse al sistema. A día de hoy, está en una de las peores posiciones en el ranking de desigualdad de ingresos, dentro de los países de la OCDE (Organización para el Desarrollo). Esta realidad social también se ha visto reflejada en las canciones de BTS que ironizan sobre la enorme presión social que tienen de verse siempre guapos, ricos y exitosos. En Spine Breaker (Skool Luv Affair, 2014) se burlan de muchos jóvenes que utilizan el dinero que sus padres han ganado trabajado duramente para comprarse ropa de marca: «Vistiendo ropa cara, caminando por la calle, sintiéndote bien contigo mismo, todo el mundo parece, más pequeño que tú, como si fueras Gulliver» y hacen referencia a la lucha de clases: «El sistema de clases del siglo XXI está dividido en 2, los que tienen y los que no, y todos se esfuerzan por tener». En Baepsae (The Most Beautiful Moment in Life, Part 2, 2015), mientras bailan sensualmente se quejan de cómo los boomers ridiculizan a los jóvenes y les dicen de esforzarse cada vez más duro, cuando desde el principio ellos lo tuvieron más fácil, porque cada vez hay menos oportunidades: «Para nosotros no hubo esperanza desde el principio». En Go Go (Love Yourself, 2017) decían con mordacidad sobre el dinero: «Lo gasté todo en un día, corro, corro, lo gastaré todo en una fiesta».

Guryong village, un campamento ilegal en Seúl, cercano a Gangnam. Fue creado en 1988 después de los Juegos Olímpicos, que desplazaron a miles de personas de bajos ingresos, cuyas casas habían sido destruidas para la edificación de las instalaciones olímpicas (fuente: Jean Chung/Bloomberg).

Según han ido pasando los años, han tratado con mayor intensidad otros temas, como las enfermedades mentales que han sufrido. Es muy importante, no solo por la relevancia del tema, sino porque aunque están cambiando las cosas, todavía hay muchos estigmas  en Corea sobre este tipo de trastornos. La población más anciana sigue creyendo que estar deprimido es una muestra de debilidad. Sin embargo, a ellos no les ha importado abrirse y exponer aquello que más les ha hecho sufrir. En The Last (August D, 2016), Suga cuenta que sufrió depresión y que en ocasiones ha recaído: «La primera vez que visité al psiquiatra mis padres me acompañaron. Mis padres me dijeron que no me reconocían». En EGO, (Map of the Soul, 2019), J-Hope hablaba sobre cómo su vocación de bailarín le causó tanto miedo por no encajar en la sociedad que desarrolló depresión: «Sentía que bailar era como intentar alcanzar las nubes, culpaba a su sueño por su dolor, se preguntaba para qué seguía vivo y respirando». En Blue & Grey (BE, 2020) dicen que solo quieren ser felices, pero sienten el frío de la soledad: «Al final del día que alguien venga a salvarme, por favor. […] ¿Será ansiedad o depresión?». Además de haber plasmado sus luchas internas en sus letras, también han aprovechado varias entrevistas y documentales para concienciar sobre la relevancia de la salud mental. 

No obstante, aunque a lo largo de su carrera BTS haya buscado impactar de forma positiva, no siempre ha sido así, al menos no en todos los ámbitos. En sus inicios tuvieron un escándalo debido a unas letras machistas en las que sexualizaban a las mujeres. En War of Hormone (Dark & Wild, 2014) decían que tenían las hormonas revolucionadas y que se estaban volviendo locos por las chicas a las que se referían como «el mejor regalo», y hablaban sobre su cuerpo y forma de vestirse diciendo que no se podían contener: «Las ropas que usan las chicas, me hacen toser, se ve todo, muchas gracias por mejorar mi vista». También en Converse High (The Most Beautiful Moment in Life, Part 1, 2015) le dicen a una chica lo que no se debe poner cuando esté en su presencia: «Las Converse matan tu encanto, cuando te encuentres conmigo no las uses, es muy difícil quitártelas». Sin embargo, no ha vuelto a pasar. Se disculparon en su momento y su líder declaró años después que aprendieron de la experiencia y que desde entonces, sus letras son revisadas por una catedrática de estudios de la mujer. El hecho de que estas letras pasaran todos los filtros de la compañía sin que nadie viese nada malo y que hayan necesitado ayuda externa para saber si están siendo machistas o no, se debe a lo mucho que está arraigada esta lacra social en Corea del Sur. Tiene tanta fuerza, que ser feminista se considera un acto revolucionario, hasta tal punto que el anti-feminismo ha sido uno de los puntos principales de la última campaña presidencial. El candidato que ha sido elegido como presidente, Yoon Suk-Yeol, prometió suprimir el Ministerio de Igualdad porque consideraba que no existían discriminaciones de género en su país. No obstante, los datos dicen lo contrario, ya que en 2017 Corea del Sur ocupó el puesto 10 de 160 en el Índice de desigualdad de género del Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo. Por esto, es importante que BTS, la banda más importante del país y de la que muchos se sienten orgullosos, haya manifestado su deseo de evitar el machismo en sus espacios. 

Manifestación de apoyo al movimiento #Metoo, 8 de mayo de 2018 (fuente: AP Photo/Ahn Young-joon).

Un gran poder que conlleva una gran responsabilidad

Esta influencia que tienen a nivel nacional también es evidente a nivel internacional. En 2018, recibieron  de la mano del expresidente Moon Jae-In, la medalla de Orden del Mérito Cultural. El reconocimiento se debe a que han ayudado a exportar al extranjero con mucho éxito la cultura y el idioma coreanos, en un momento en el que Corea del Sur quiere ganar una mayor influencia internacional a través de sus productos culturales. Este impacto del grupo se puede medir de forma concreta a través de diferentes indicadores. Por ejemplo, con el aumento de estudiantes de coreano a través del mundo, que se ha triplicado de 2012 a 2018. El Ministerio de Educación ha diseñado un plan para invertir 21 millones de dólares en apoyar la enseñanza del coreano en el extranjero y abrir 1800 escuelas en 43 países. Otro ejemplo de la fuerza que tiene el grupo es que durante los Juegos Olímpicos de Tokio de 2021 y los Juegos Olímpicos de Invierno de Beijing de 2022 los delegados coreanos destacaron a la banda como uno de sus símbolos nacionales. Por no hablar del aumento del turismo en Corea del Sur. Antes de la pandemia, llegaron a recibir casi un millón de visitantes que elegían este lugar como destino solo por BTS. Por último, un punto definitivo que muestra la popularidad global del grupo es la publicidad. Son embajadores de las principales marcas de su país: Samsung, Hyundai y Fila y, también, de marcas internacionales como Louis Vuitton, Coca-Cola e incluso Mcdonald ‘s, con los que crearon un menú que colapsó restaurantes del mundo entero.

BTS con el expresidente de Corea del Sur, Moon Jae-in (fuente: Koreaboo, @bts-bighit/Twitter y Yoan Valat/AFP).

Ellos se presentan como: «Solo siete chicos normales de Corea del Sur», pero ya han llegado a ser toda una institución cultural y un fenómeno de masas. Un proyecto que surgió como una alternativa viable a un modelo de negocio decadente se ha terminado convirtiendo en el símbolo de un país en efervescencia que no deja de crecer económicamente. Quizá no era tan sencillo ese proceso de «ellos cantan, las fans les siguen». El fanatismo es visceral, sin ninguna duda, pero no es la única variable de esta ecuación. No son la primera, ni seguramente la última boyband exitosa de la historia; pero sí que aportan un elemento diferenciador: y es que no son un producto anglosajón. Por primera vez, hay un grupo que mueve masas cuya lengua vehicular no es el inglés, y, también por primera vez, el foco no está en Occidente. Parte del éxito de BTS es una medalla que se puede colgar la Globalización. «Nos vamos de Nueva York a California, de Londres a París. Donde vamos, es una fiesta, el mariachi. Nos vamos de Tokio a Italia, de Hong Kong a Brasil, en cualquier punto del mundo cantaré», así describían su éxito mundial hace unos años en Airplane Pt.2 (Love Yourself: Tear, 2018). 

No obstante, la pandemia llegó y han tenido que frenar su actividad internacional y sus desplazamientos al extranjero durante un tiempo. Y aunque parezca que eso ha podido minar su popularidad, en realidad ha ocurrido todo lo contrario. El hecho de que el único lugar en el que se pudiese estar durante meses fuese internet generó un aumento de su exposición en redes y en plataformas digitales. Además, lanzaron su primera canción en inglés en verano de 2020, Dynamite, lo que les permitió consolidarse en el mainstream. A día de hoy, están retomando poco a poco la agenda anterior al coronavirus y han vuelto a dar conciertos en Estados Unidos y Corea. También, dieron a entender, sin confirmarlo del todo, que dentro de poco se les podrá ver en estadios de todo el mundo en un nuevo tour. Es pronto para decir el alcance que tendrá este fenómeno en un futuro, pero lo que está claro es que hasta la fecha han vencido prejuicios, han roto varios récords, se han convertido en iconos dentro y fuera de su país, han superado la pandemia con éxito y han demostrado ser, como prometieron desde el principio y como su propio nombre indica, a prueba de balas.

Concierto de BTS en Sofi-Stadium, los Ángeles, hicieron cuatro sold-out seguidos, en el primer concierto después de dos años, en 2021 (fuente: Helen Jeong).

*Durante todo el artículo me he referido a las armies en femenino porque son mayoría numérica, pero no existe un prototipo base de army, ya que hay de todas las edades, géneros, nacionalidades, culturas…

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