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Nadie pide un deseo con los ojos abiertos

A través de las páginas de 'Yo soy la fuente', la poeta Violeta Niebla ofrece un discurso donde los protagonistas de las imágenes van rejuveneciendo a medida que se van pasando las páginas, volviéndose imposible no ser partícipe de su esencia.

Eso es lo primero que se deduce pasando las páginas del primer fotolibro de Violeta Niebla, Yo soy la fuente (Cántico, 2022). Ella es fotógrafa, escritora, gestora cultural, o, como leí en algún sitio, una guerrillera del futuro. La puntería es algo innato en ella, no me sorprende que la única foto en la que alguien aparece con los ojos abiertos en este libro sea la suya, mirando a través de su pistola de tiro olímpico. Con un ojo cerrado. En las otras cientos de fotos, personas de todas las edades salen con los ojos cerrados, como si supiesen que un deseo es un animal que solo sale de noche. Los ojos nos salvan de la total oscuridad del interior de nuestro cuerpo, así que cerrarlos tiene algo de perderse, de dejarse ir. Creo que ambas cosas son necesarias para esta búsqueda. Yo los cierro, esperando que ese algo se revele, y el instante es capturado por Violeta Niebla. Las fotografías reunidas en este libro queman como las velas de una tarta a punto de apagarse. Soplar, contarlo, gritarlo, mascullarlo, rogarlo: enunciar un deseo se puede hacer de muchas formas, pero pedirlo solo de una. Y este proyecto trabaja esto último. El resultado es un gesto que no se puede fingir, particular, único, e íntimo. Fotografiarlo es mirar dos veces algo que dura un instante. Pasar las páginas de este libro, y ver a toda esa gente, cientos de personas, llevando a cabo la misma acción: cerrar los ojos y pedir un deseo, y que cada foto se me antoje un mundo en el que quiero estar, demuestra el hallazgo de la autora. Además, pedir, lo que es pedir, siempre se pide a alguien. Con Yo soy la fuente, la autora cierra con esto su genialidad y se nombra virgen, amuleto, dadora, pozo, río, procuradora de deseos. ¿Puede haber, a caso, algo más bonito?

Fotografía de Violeta Niebla.

Vuelvo a echar un vistazo a las fotos, veo cientos de caras, personas ordenadas de más mayores a más jóvenes, y pienso que pedir un deseo es más sexy que sonreír. Mucho más. Ocurre algo inusual que no me pasaría si saliesen sonriendo, y es que me dan ganas de acercarme. Acercarme mucho. Me atrevo a decir que besaría a tres cuartas partes de la gente que sale en este libro si pudiera hacerlo en el momento en el que se tomo la foto. Ya no sé si es porque me invita a ello el que tienen los ojos cerrados, la vulnerabilidad de esos cuerpos, o porque Violeta Niebla es capaz también de esa clase de magia, más terrenal, que es sacarte más guapa.

Si te falta algún motivo para querer este libro te dejo una pregunta: ¿quién no quiere saber la cara que tiene el deseo de un niño en la piscina?, ¿y la de un viejo que desea hacer una suma muy larga? Desear con números me parece bonito.  Una señora que cierra los ojos muy fuerte, y pide un deseo con cada músculo de su cara. Me pregunto si en esos casos la fotógrafa tiene que coger más fuerte la cámara, o si por eso sale movida la foto. Esos son mis favoritos. 

Fotografía de Violeta Niebla.

Por último, escribo aquí mi deseo, el que pedí cuando se me hizo la fotografía. Solo tienes que encontrarlo entre otros que he tomado prestados. O disfrutarlos todos.

«Que alguien haga todo lo que queda por hacer; romper un huevo duro por los extremos; que te resbales y te rompas la cabeza sin que yo lo vea; conservar los dientes de vieja; no volver a besar a nadie que diga: yo eso lo hago con la minga; hundir mi cara en tu cuerpo; luego, con mi cuerpo, ocupar el espacio que dejas cuando te mueves; un corte de pelo favorecedor; un contratillo eterno y vinculante; un vasallaje, si eso estuviese relacionado de algún modo con la vajilla; que te quiten ya los puntos del carnet; una renta, una renta; ser empleada en un rent a car y hundirlo dando chicles de menta a los clientes; que piense la próxima vez que nos veamos que soy graciosa, pero misteriosa, histriónica pero profesional, nada interesada pero interesante; un aumento repentino de la esperanza de vida en detrimento de la tasa de natalidad; un carrito de la compra poco hortera; borrarte el tiro que tienes en la cara en aquella fotografía; que dejes de ser una persona sospechosa».


Yo soy la fuente (Cántico, 2022)


El primer fotolibro de Violeta Niebla, que se presenta ahora en Editorial Cántico con un proyecto sumamente hermoso. La obra es una colección de retratos tomados a lo largo de seis años, todos ellos obtenidos bajo el mismo procedimiento: la autora ha pedido a los protagonistas de las imágenes que pidan un deseo con los ojos cerrados y ha aprovechado el instante exacto en que dicho deseo era formulado para formalizar la imagen.


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