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Año IV: cada vez menos palabras

Cumplimos nuestro cuarto año con la sensación de que cada vez publicamos menos [palabras], pero con la convicción de que, a pesar de ello, vamos a seguir haciéndolo.

Que cada vez vamos teniendo menos cosas que contar es un hecho consumado.

No damos abasto –o no todo lo que nos gustaría, desde luego–, y debemos afrontarlo.

Para que se hagan una idea: según nuestras estadísticas, en 2020, el año en que nacimos, publicamos un total de 117.8 mil palabras; en 2021, 142.9 mil; en 2022, 101.3 mil; en 2023, 75.6 mil; y en lo que llevamos de 2024 –que ya es medio año–, apenas 25.2 mil, repartidas en poco más de diez entradas.

Si seguimos así, algún día –no muy lejano– seremos testigos de que ya sólo usamos las expresiones más básicas, las que siempre nos salvan: «por favor» y «[muchas, muchísimas] gracias».

En realidad, intuimos que no ha de ser tan malo eso de quedarse sin palabras.

En 2016, Elvira Lindo publicaba una columna en que admitía que a ella, en el periódico, le cedían «800 a la semana».

Y es una cifra bastante apañada, ¿no?

Como ingreso mínimo vital, daría para un par de llamadas, las interacciones sociales justas, uno o dos tuits sin mucha filigrana y los consabidos «por favor» y «[muchas, muchísimas] gracias», que no pueden faltar.

Además, el ser humano se acostumbra rápido a los cambios, y en unos meses ya no sabríamos qué hacer si nos ofrecieran otras tantas.

Así le pasó a la propia Elvira, por ejemplo: «Todo lo que hago en la semana está en función de mis 800 palabras. Tan interiorizado tengo el número que podría resumir mi vida, Guerra y Paz o los papeles de Panamá y aún me sobraría espacio para alguna ocurrencia».

¿Qué ocurriría, sin embargo, si la tendencia –como el mercado– no se (auto)regulara?

El también periodista Jesús Marchamalo tiene la respuesta.

No en vano, en 1999 ganó el IV Premio Nacional de Periodismo Miguel Delibes por un artículo titulado 85 palabras, en el que vinculaba la decisión de un redactor jefe tozudo –y tajante– que desechaba cualquier texto que superase las 85 palabras con la posibilidad de amargarte la vida.

«Contar palabras, ahorrarlas, acopiarlas, se convirtió para él en una obsesión. Intentaba, por todos los medios, reducir el mundo, su ciudad, la vida misma a esas 85 palabras que le imponía el hueco de su columna […]. Su cicatería con las palabras le llevó a convertirse en un tipo hosco y maleducado, y en las tiendas del barrio, en el portal de su casa, en la farmacia comenzaron a mirarle con recelo […]. Si había 85 palabras había que ser, desde luego, selectivo», anotó Marchamalo.

Pero ¿saben qué palabras jamás se ahorró? «Por la noche, eso sí, se miraba en casa en el espejo y movía los labios, en silencio. Decía para sus adentros «Buenos días», y «Gracias, muy amable», y «Hasta otro día, señora» (…). Y sentía nostalgia de ese tiempo en que había palabras para todos».

¿Qué quieren que les diga? Nosotros también sentimos nostalgia de esos años en que había palabras –y tiempo– para todos, pero hay que confiar en la buena suerte, y en que todavía falta camino por delante.

No en vano, cualquier día puede [volver a] asaltarnos la fortuna y, como el redactor jefe de Marchamalo, llamarnos a su despacho para decirnos que nuestros problemas se acabaron, y que, a partir de la semana que viene, podremos superar las 85 palabras y poner el punto final detrás de las 90. O de las 100. ¡O de las 120!

Mientras tanto, no queremos dejar de agradecerles, claro.

A los que están, a los que leen, a los que todavía nos dejan preguntarles –paradójicamente, las preguntas son cada vez más frecuentes–; en definitiva, a quienes nos enseñan que eso de contar palabras no es tan importante, sólo un trámite.

Lo esencial es contar historias –«Qué feliz es el que escribe aventuras», destacó J. M. Barrie en sus diarios–, y, por ahora, de ahí nadie nos baja.

¡Feliz 4º anipoppersario!
¡Muchísimas gracias a todxs los que seguís ahí!

1 comment on “Año IV: cada vez menos palabras

  1. Avatar de Pilar

    Solo aspiro a que podamos seguir usando las palabras para comunicarnos, sean muchas o pocas, las que sean necesarias para expresar lo que quieras contar. También aspiro a que esas palabras no tengan faltas de ortografía o sean contracciones derivadas de escribir con un solo dedo en una pantalla. Y muchisimas felicidades por esos cuatro años de palabras y de contar cosas

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