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Ventura A. Pérez: «Estoy un poco cansado de lo nuevo»

El artista Ventura A. Pérez es entrevistado por Manuel Mata a propósito de su proyecto 'La miel', y nosotros, como lectores –y hormigas–, nos dejamos llevar por él.

Ventura A. Pérez (1992) es uno de los artistas más seductores del panorama contemporáneo español. Tras doctorarse en arte contemporáneo por la Universidad de Vigo, se marchó a Bilbao y ahora se ha marchado a New York. El crítico y coleccionista Theodore Tenembaum dijo de él: «Lo que me parece fascinante de Ventura es cómo consigue elevar lo tierno y lo sutil a lo que sólo se me ocurre definir como ‘un estado de elegancia autónoma’». Si bien nos parece que las palabras del señor Tenembaum tufan un poco a intelectual rimbombante, no cabe duda de que en Popper coincidimos en la fascinación. Creemos, sin embargo, que tras la ternura y la elegancia de Ventura se oculta el ánimo incendiario de un autor exigente y lleno de deseo. Lo entrevisté en las sombras, en mayo. Ninguno de los dos llevaba sombrero.

PREGUNTA: Déjame empezar con una pregunta carente de drama: ¿Qué es la nostalgia?

RESPUESTA: No lo tengo muy claro, pero considero que es un sentimiento de nuestra generación y que hay una cultura de la nostalgia.

Por poner un ejemplo, la saga de Zelda no ha cambiado su argumento desde 1998. ¿Es eso nostálgico o miedo a tirarse a la piscina y prescindir de una fórmula que sigue funcionando en el mercado? También es nostálgico el estreno de la 12º película de Spider-man. Bueno, creo que el público que demanda esas películas o videojuegos es nostálgico, porque quieren que le den una y otra vez lo mismo.

También rebuscamos nuestro propio material nostálgico que nos conecta con nuestro pasado al ver Friends, Doctor en Alaska o Malcolm in the Middle y, en cierto modo, hay algo reconfortante en ver esas series, jugar a esos vídeojuegos o encontrarse una carta de pokémon en el cajón.

Creo que lo nostálgico sacrifica novedad a cambio de comodidad. Tampoco tengo muy claro si eso es bueno o malo si pensamos que, a veces, la novedad es un poco hueca por dentro. Lo que sí tengo claro es que estar cómodo es un guilty pleasure en el mundo del arte. 

P: Bueno, supongo que gran parte de esa sensación de guilty pleasure procede de la idea de que lo nostálgico no puede ser innovador. Y si algo no es innovador a ciertos niveles, no sólo no despierta o espabila, sino que entumece. Siendo así, ¿es posible innovar en la nostalgia o utilizar la nostalgia de tal forma que no entumezca? Por otro lado, hay fórmulas narrativas que se llevan utilizando desde los confines de la historia y siguen funcionando en el presente, sin embargo nuestra generación se siente legitimada para desechar fórmulas que sobrepasan los veinticinco años: ¿son las nuevas fórmulas menos efectivas o somos más fáciles de cansar?

R: Creo que sí, creo que hay formas de revisitar el pasado como buen nostálgico y creo que hay muchas cosas que podemos retomar en él sin caer en el formato del archivo. Hablando de fórmulas narrativas clásicas, ¿conoces ese topicazo de los viajes en el tiempo muy delicados?

Es esa escena en la que te advierten, antes de meterte en la máquina del tiempo, que no puedes mover nada ni interactuar con nadie en el pasado porque sino, cuando vuelvas al presente, el mundo será totalmente distinto. O sea, con ese principio hacían cosas exageradas como que el protagonista movía una silla en el pasado y a la vuelta al presente el mundo estaba ardiendo en un apocalipsis alienígena, simplemente por mover un mueble.

Bueno, obviamente no tenemos la capacidad de irnos al pasado y sentarnos en una silla que debería estar ocupada por otra persona que desencadenará una serie de acontecimientos a la larga, pero creo que podemos interactuar ahora con cosas del pasado porque sí, porque parece que estoy un poco cansado de lo nuevo, como dices, y a recoger cosas de hace años no le encuentro todavía el aburrimiento.

Si pudiera volver atrás, movería unos 2 centímetros todas las sillas, butacas, sofás, tumbonas, esterillas y bancos del mundo y creo que no me cansaría. ¿Tú qué crees que pasaría?

P: Probablemente todas las buenas personas del mundo morirían de forma espantosa y cruel si movieses el frutero de un expositor de IKEA en 2004. No hay forma de comprobar esas teorías, pero supongo que esa idea de que mover una fibra del pasado conduce al Apocalipsis tiene mucho que ver con lo rápido que cristalizan las cosas en nuestro imaginario. ¿Se puede no creer en el destino siendo nostálgico? ¿Crees que la manera en que afrontas tu obra (formato, tema, posicionamiento) es nostálgica? Y por cierto, ¿qué haces viviendo en Nueva York?

R: Sí, creo que es un poco nostálgica tanto el formato como el tema. Decir nostálgico en cuanto a formato es como callar que tienes un tío falangista y excusarse en que es «un poco nostálgico». Lo mismo pasa a la hora de decir que hay nostalgia en mi pintura. Ahora estoy pintando figuración con óleo, también uso otras técnicas muy clasicorras, como el litograbado, que es una técnica en desuso.

Hasta donde he aprendido, he entendido que la pintura interesante es aquella que tiene en cuenta qué es la pintura. En mi caso, estoy a modo de sobreentenderla, de darla por hecho y utilizarla para acercarme a ideas, nada más. Selina Blasco en una conferencia llamada «La pintura es misteriosa» en el CA2M decía que la pintura no podía ser un medio para el pensamiento, que salían cosas tenebrosas de ese maridaje. Y yo pienso: guau, sí que están saliendo cosas extrañas de lo que estoy pintando. Y, lo cierto, es que no me parece mal y mi miopía no me permite ver esas red flags.

En cuanto a tema, es nostálgico en otro sentido. Lo que estoy pintando pretende ser una continuación a un libro de los años 70 que me encanta y con el que comencé mi tesis. Es “Delirio de Nueva York” de Rem Koolhaas. En concreto, y para mi proyecto, tomaba como punto de partida «Flagrant Délit» de Madelon Vriesendorp, un cuadro pilar dentro de ese libro. La obra representa a Chrysler y Empire State pillados in fraganti en la cama por Rockefeller Center.

Lo que trato de hacer con estas pinturas es lo que ocurre después de esa noche loca entre Chrysler y Empire State. El postcoito a nadie le interesa, es cuando te quedas dormido o ya no eres tan cariñoso, incluso te puedes poner triste. Desde ahí quiero acercarme con mis pinturas. ¿qué ocurre después de una fiesta sensacional y que acaba en sexo? Pues seguramente estén las botellas tiradas por el suelo, unos cuantos vasos rotos y dos tipejos que no conoces de nada pasados de rosca bailando en el jardín. Y ves la luz de la mañana sobre esos vasos rotos y dices: «qué nostálgico» y comienzas a limpiar.

Koolhaas actualmente dice que Nueva York ya no es una ciudad interesante a nivel arquitectónico tras el 11-S, que le ha dado la oportunidad de cerrarse en su papel de mártir. Koolhaas mira hacía adelante con otras ciudades recientes como Singapur y yo no puedo dejar de ver lo que ha dejado atrás. Hay nostalgia en vivir ahora en una ciudad como Nueva York, que vive mucho de lo que fue. Es muy nostálgico intentar ir a un lugar que fue la bomba en el pasado. Supongo que por eso estoy aquí, entendiendo Nueva York como una ruina romana gracias a una Fulbright.

‘Chrysler fantasea con el pasado, sola, en su cuarto, encerrada’ (2024), de Ventura A. Pérez.

P: Hay algo a medio camino entre lo insultante y lo tierno en que contemples una ciudad brutalmente viva como si se tratase de una ruina. Como dijo Etta Mulder: “Busco la serenidad en el drama y acabo apuñalando un grito”. Encuentro muy coherente el hecho de utilizar la pintura para pensar sobre la nostalgia. Ya se sabe que el medio habla tanto como el mensaje. No recuerdo dónde aparecía aquella parábola de la pintura buscando la excelencia en el pasado, ¿sabes de lo que hablo? En la que una persona (dedicada a la pintura, claro) del siglo XXI dice que la excelencia estaba en las vanguardias del siglo XX y luego una persona de las vanguardias dice que la excelencia se encontraba en el siglo XIX y así sucesivamente pasando por los grandes hitos y épocas de la historia del arte hasta que alguien decía: “La excelencia estaba en las cavernas”. Y entonces la persona de las cavernas contemplaba con cara de tonta una pintura absolutamente rudimentaria, un borrón color óxido sin ninguna forma en concreto, y decía algo como “LA VIRGEN SANTÍSIMA ESTO ES INSUPERABLE”.

Menciono ese chiste porque en la nostalgia parece que siempre se añora, de alguna manera, lo puro, lo intacto o lo inocente. Como eso que dices sobre Koolhaas, que dejó de interesarle Nueva York tras el 11-S, o sobre el modo en que parece haber algo mezquino en seguir adaptando a Spider-man. Hay una especie de acuerdo tácito en la recepción de las obras de arte, sea cual sea su género, que parece otorgar una sola oportunidad a cada planteamiento. Esa pureza en la que Tobey Maguire es el verdadero Spider-man sólo porque lo interpretó en el 2002; y de igual manera Andrew Garfield es más verdadero que Tom Holland por haberlo interpretado en 2012 y no en 2016 . O lo que mencionas sobre el Chrysler y el Empire State teniendo relaciones sexuales. El poscoito, sea cual sea su naturaleza, se descarta.

Dado que tú, lejos de descartarlo, lo has convertido de alguna forma en la tónica que articula tus pinturas, y puesto que asumes esa visión codificada por la ruina, ¿eres un romántico?

R: Sí, lo soy y no me malinterpretes, que Nueva York sea una ciudad brutalmente viva no quiere decir nada.

P: ¿Puedes decirme el título de tu proyecto y quienes son los personajes que dan cuerpo a la narración que conecta las distintas pinturas?

R: Lo titulé La miel y tiene como protagonistas a Chrysler, al Empire State, a Nicole Kidman, al Rockefeller Center, al pato de Long Island y a la estatua de la Libertad. También aparecen otros edificios como el Downtown Athletic Club, Elephantine Colossus de Coney Island o el Hotel Esfinge de Times Square, pero esos son más secundarios. Hay un díptico donde escribo el plot de esta “película pintada”, como si fuera una cinta de VHS puesta en la estantería, con otras películas como Dogville, Pretty woman o El silencio de los corderos.

P: ¿Es posible contemplar un proyecto como La miel, que trata la imagen secuencial con voluntad narrativa, y no relacionarlo con el cómic? 

R: Tiene que ver con el cómic, sí, pero cuando lo defiendo así, la gente dice que es algo más que eso. Ya me gustaría hacer un cómic, también te digo. Pero no un cómic de Spider-Man, que están muy vistos.

P: Siendo como es un proyecto de categoría híbrida, ¿te has nutrido de fuentes híbridas? ¿Qué escritoras o escritores, por ejemplo, están más presentes en la base de La miel? ¿Qué películas? ¿Qué marca de cereales?

R: Los principales son los topicazos de Delirio de Nueva York y Aprendiendo de las Vegas. Aprendiendo de las Vegas trata del problema de la representación en la arquitectura y en Delirio se habla de cómo ese «problema» se encierra en el discreto interior de los edificios, que recrean lugares y tiempos pasados (muuuy nostálgico) y el exterior, que no corresponde con lo que hay dentro. Vamos, que de un rascacielos de Nueva York no puedes esperar que solo tenga oficinas, no es tan honesto. Es ahí donde Koolhaas y Vriesendorp dicen que los edificios llevan una doble vida. Un interior erótico festivo o sentimental y un exterior sobrio y frío. Es más divertido pensarlo si te imaginas un edificio neoyorquino como un ejecutivo por Wall Street con un suspensorio y pezoneras bajo su traje.

Luego hay guiños mucho más divertidos. Por ejemplo, hice un cuadro con Chrysler tumbada en una hamaca con el libro abierto de Mi año de descanso y relajación de Moshfegh, está como en unas vacaciones sabáticas después de romper con Rockefeller. También, en una de las estanterías de los VHS, está La broma infinita de Wallace. Me gustan ambos libros porque  miran de reojo el brillo de Estados Unidos. De películas, las que ves en la estantería, en la pintura de la estantería, quiero decir. No hablaré de ellas porque es una larga historia y esta entrevista creo que ya tiene mucho escrito.

De cereales podrían ser unos Krave, que son como muy normalitos por fuera y por dentro tienen chocolate viscosillo y pegajoso como la miel.

Otra de las obras del proyecto ‘La miel’, de Ventura A. Pérez.

P: Dado que tu proyecto necesita ser analizado desde distintos prismas al mismo tiempo, ¿cuál es la forma ideal de contemplarlo? ¿Una exposición, un libro, una serie de octavillas secretas difundidas en Times Square, un biopic animado…?

R: Una exposición me parecería estupenda y un libro también. De hecho, el origen de este proyecto de pinturas partía como una forma de incorporar la práctica a una tesis teórica. Ya sabes, las tesis de Bellas Artes se venden como teóricas y prácticas. En mi caso, la práctica no me dio tiempo a hacerla porque me costó mucho escribir la tesis. Por eso tengo esa espinita clavada al no haber presentado obra en la defensa.

Sigo pensando que sería muy bonito un libro que directamente relacionase lo escrito con lo pintado, pero creo que se me está yendo un poco de las manos. Me salgo muchas veces de la tesis cuando pinto. Eso implicaría volver a escribir para adaptar esas salidas y entraría en un bucle que ahora mismo no me apetece nada. Igual Selina Blasco tiene razón, no hay que mezclar pensamiento con pintura.

P: Igual Selina Blasco preferiría que el mundo estuviese sembrado de expresionistas con la cabeza hueca, pero Selina Blasco no decide de qué está sembrado el mundo. Desde Popper, abrimos la recepción de ofertas para exposiciones y ediciones de La miel. ¿Puedes decirme, antes de que te haga mi última pregunta, qué es lo más bonito que te ha pasado últimamente?

R: ¡¡Jajajaja!! Yo soy un expresionista con la cabeza hueca también.

Algo bonito que me ha pasado recientemente ha sido pasar unos días en Pocono Mountains, en una cabaña en mitad del bosque. A mis compañeros se les ocurrió la idea de ir a ver la aurora boreal. A mí me parece que esas cosas solo se ven cerca del Polo Norte, no en Pennsylvania, pero mis compañeros me decían que no tenía ni idea y que moviese el culo. En fin, fuimos a un lago en mitad del bosque y no vimos la aurora porque estaba todo nublado. Yo tenía cara de «os lo dije». Quizá, pero no me lo creía mucho, se veía un leve tono entre azul y verde tras las nubes. Quizá sólo fuese la luna o las luces de un pueblo próximo. En cualquier caso, fue muy bonito estar en un lago por la noche.

P: Qué curioso que me cuentes esto, porque mi última pregunta estaba relacionada con la gama cromática que has escogido para tus pinturas. En muchas de ellas hay cielos rosas y ultramarinos, y un tono verdoso que parece predominar en las sombras mugrientas. Crea una especie de atmósfera mitad Blade Runner mitad flúor aceitoso dosmilero que me parece muy atractiva. Digo que es curioso porque al parecer las auroras de este mes han sido de un rosa poco usual y me da la impresión de que el rosa tiene mucha relevancia en La miel. Si no quieres decir nada al respecto, lo entiendo perfectamente y te doy la oportunidad de espetarme sencillamente “¿Cómo te atreves?”.

R: ¿Cómo te atreves?

Creo que no hay mucho rosa, creo. Lo que sí hay son violetas y lilas que hago con un rosa fosforito que me he comprado para luego mezclarlo con azules. Esto creo que si lo ve un pintor se tira de los pelos, porque los violetas se consiguen con azul y rojo. A mí me salen churros de violetas si mezclo mis azules y rojos, no sé por qué. Solo me quedan bien los violetas con ese rosa fosforito.

Pero rosa, rosa… creo que estás pensando en un cuadro donde la estatua de la Libertad y el Pato se enrollan como si fuera Leda y el cisne. Ahí sí que usaba de forma muy intencionada verdes para zonas oscuras y ese rosa fosforito para las luces. Sin rebajar ni nada. Quería ver cómo quedaba.

Si te digo la verdad, lo de ponerle verde a las sombras mugrientas (¿pero cómo que mugrientas, chaval?) lo copio de un videojuego que me marcó mucho y, precisamente, diste en el clavo, es un videojuego de los 2000. Es el Majora´s mask. Recuerdo que cuando se hacía de noche en el videojuego, las sombras tiraban a tonos verdes. Jo, qué juego, lo que daría por volver a jugarlo.

El Majora´s mask es el Blade Runner de todos los Zeldas. Es el Zelda que, por fin, se escapó de la fórmula mágica que lo tenía aletargado en un producto súper vendido pero super repetitivo. Después de ese juego, Nintendo se arrepintió y volvió a la vieja fórmula princesa-malvado-héroe. Supongo que bajó mucho las ventas por haber sido un poco innovadores con el Majora.

Ya ves, hay nostalgia también en formatos que se escaparon de sus nostálgicas fórmulas.

P: Revisando tus pinturas veo que sí hay rosa: en el cuadro que aparece Pretty Woman, en el que aparece el libro de Moshfegh, en el de las cortinas, en el del Pato… ¡Un rosa significativo y central! De modo que eres un mentiroso y esta entrevista no se publicará nunca porque yo no quiero publicar entrevistas de mentirosos.

R: Pues tienes toda la razón, me acabas de descubrir que hay más rosas de los que pensaba y, según tú, ¡centrales! En el Majora no hay rosas, así que no puedo tirar por ahí. Bueno, no todo tiene por qué tener una explicación, ¿no? Simplemente me gusta el rosa.

‘French kiss’, de Ventura A. Pérez.

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