Este volumen reúne seis libros de Diego Roel publicados durante siete años. Como una suerte de mantra numérico se fueron propagando por distintos cuerpos y geografías. Hay un constante movimiento hacia las zonas más oscuras de un bosque febril y a partir de allí comienza a producirse un movimiento pendular que va desde la pregunta a la revelación de la palabra poética. ¿Es precisa la brevedad cuando la epifanía se revela como un secreto que cae en manos de una voz que pregunta? Sacar a la luz el sentido de la subjetividad, no la subjetividad, sino su pregunta más austera. Esa es la pregunta del mito y de la secularización de la leyenda. Hay un perfil cuasi religioso en la poesía de Diego Roel que puede fascinar a los ignaros y a los doctos, lo cual no es sino la posibilidad de descubrir qué nos dice cada palabra detrás de la celebración y de la condena.
Máscara tras máscara, como la de Jonás en el libro inicial Dice Jonás (2013), se van sucediendo en busca de una voz que dictamine o que encuentre una sentencia para romper el hábito de la palabra. Incluso hacerlo a través de la apropiación de un relato o de un personaje a través del epígrafe que también funciona como señal y referencia.
Quien atraviesa el segundo libro reunido, Via Lucis (2015), es Hildegard von Bingen, que, como transformándose en su propia visión, se vuelve personaje y pregunta. Además, es sorpresa en cada enunciación y en cada descubrimiento que lleva a nuevas afirmaciones las cuales también, con su falta de comprobación, se vuelven imágenes en los poemas:
Somos una forma que se alza del barro,
una ligadura del hálito de vida,
el peso corpóreo de la luz. (p. 69)
Es este recurso el que recorre la obra de Roel: encontrar el resquicio que la experiencia (es decir paisajes, lecturas, frases oídas, etc.) lo que nos ofrece la posibilidad de ir directo hacia la zona silenciada de los relatos. Incluso lo afirma uno de sus personajes: «Yo sólo digo lo que en los secretos celestes / aprendí.» (p. 76). Asimismo, estos resquicios le permiten jugar con los registros en su escritura poética, es decir, pasar de la pregunta evidente a la imagen sorprendente, de la cita al recurso de la imaginación que recuerda por momentos a aquel proceso que señalaba William Blake como imprescindible en el momento de la escritura del poema.
Cada uno de los libros nos expone también ante un modo de conocer. De allí que haya preguntas y vemos el desfile de numerosos personajes que van atravesando los versos. Esto lo podemos ver claramente en Kyrios (2016) donde nos cruzamos con visionarios desde San Menas de Alejandría a Santa Emelia, desde Amma Sara a San Palemón, lo que permite también superponer tonos y voces en esta búsqueda que nunca puede ser definitiva. Roel se permite establecer vínculos con místicos y enunciaciones trascendentales sin caer en la fe ciega, haciendo uso de ese espacio liminar inaugurado por lo que Leszek Kołakowski denominó «cristianos sin Iglesia», un momento histórico donde entra en tensión la conciencia individual y la institución, como aquí entra en tensión la fuente de la desmesura de lo poético.
Si bien es una poesía que se nutre de aspectos teológicos, nunca es didáctica, incluso son versos que se guían por lecturas morales y visionarias pero que no son dogmáticos. Es aquí donde los recursos de la poética de Roel tienen una presencia en ese desandar de lo que las lecturas han hollado y tatuado en la corteza de los árboles. En Kasdoh (2018), la búsqueda se dirige hacia el envés de las palabras, de cada una de las letras del alefato. Allí, cada una de estas letras forma o constituye un poema por donde se puede vislumbrar la mutación y la inversión del hábito, donde los ecos de otras voces se insertan en la constitución de cada una de las imágenes del poema.
Como decíamos al comienzo: son seis libros que fueron estableciendo una poética de la inestabilidad: inestables por su búsqueda e inestables por saberse no definitivos. Como todo aquello que parece enlazarse en el desierto, tal como nos señaló Edmond Jabès, los poemas de Diego Roel van paso a paso por una arena que se va transformando constantemente en el nombre de las voces y en una poética de la irreverencia que convive con el silencio más próximo a la divinidad, cualquiera sea.
El cazador suelta en el aire su corona. (Cántico, 2025)
Un volumen fundamental para comprender la evolución reciente de la poesía argentina y los caminos que puede tomar una escritura que no renuncia a la búsqueda de sentido en tiempos de incertidumbre, lo que ha convertido a Roel en una voz imprescindible de la poesía actual en español.


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