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Ramón González (autor y ‘coach’ literario): «Para mí, leer los manuscritos que recibo es ponerme también frente al espejo como escritor, aprender enseñando»

¿Escribes? ¿Sueñas con acabar tu manuscrito (y publicarlo)? Lo que necesitas, probablemente, sea la ayuda de un 'coach' literario, como Ramón González (Daimiel, 1984), autor de la novela 'Paz, Amor y Death Metal' (Tusquets Editores, 2018) y reciente prestador de servicios editoriales (informes de lectura, corrección ortotipográfica, 'coaching', ¡y mucho más!).

Ramón González (Daimiel, 1984) baja la mirada cuando habla de sus nuevos proyectos, tal vez por timidez. Siempre los describe con la seguridad del que sabe en qué se embarca, pero nunca ha querido echarse flores, ni siquiera en los trabajos que ha realizado con una notable repercusión. Tras su propia experiencia en la sala Bataclan y los atentados de 2015 en París, publicó su primera novela, Paz, Amor y Death Metal (Tusquets Editores, 2018), que luego, en 2022, Isaki Lacuesta convertiría en película bajo el título Un año, una noche, logrando el Goya en 2023 a mejor guion adaptado. Su vida cambió desde aquel triste acontecimiento y fueron muchos los giros que realizó, tanto a nivel personal como profesional. El más reciente es el proyecto de edición de textos y coaching literario donde Ramón ayuda a otros escritores a encontrar en sus manuscritos una orientación, una salida, cuando las musas (o la técnica) parecen desvanecerse.

«He iniciado este proyecto ante todo porque me gusta —dice mientras da el primer sorbo al café—, porque siempre he leído obras de amigos y creo que tengo la capacidad para analizarlas, para ayudar; por lo tanto, ¿por qué no hacerlo con desconocidos, de una forma más profesional? También por mi propia experiencia, ya que, cuando escribí mi novela Paz, Amor y Death Metal, trabajé con unos editores que me ayudaron a corregirla y a perfeccionar los detalles. Aprendí mucho en ese proceso y tuve la oportunidad de saber por qué se hacía cada cambio. Aquello me enriqueció como escritor».

Cita de memoria una frase de Roberto Bolaño cuando describe su web: «la gente tiene cosas interesantes que contar, pero por lo general no sabe cómo hacerlo». Él, en su portal, ofrece servicios como informes de lectura, corrección ortotipográfica y coaching literario. «Por ahora —apunta Ramón—, la gran mayoría son autores noveles con primeras obras. Siento que tienen ganas de hacer algo decente y que se lo toman en serio. Lo importante es pulir y potenciar la materia prima del manuscrito, no cambiar su forma de narrar. Para ello, me guío mucho por la lectura de una parte de la obra y una llamada para conversar con el escritor. Esta primera prueba me da un feeling que me anima a coger el proyecto y volcarme en él. Sin embargo, también es fundamental que sea un género que conozco, si no es así, desestimo el proyecto». Nos responde a la pregunta de qué distingue un informe de lectura a una corrección puntualizando que, un informe de lectura es una evaluación critica, razonada y constructiva. El coach analiza fondo y forma —estructura, trama, personajes, voz narrativa, estilo, fluidez, etc.— para que el autor o autora vea el manuscrito con ojos realmente externos. «Creo que el verdadero sentido de solicitar un informe de lectura es identificar puntos fuertes y débiles, definir qué conviene corregir, potenciar y orientar hacia un posible encaje editorial».

Hombre escribiendo en una mesa con una computadora portátil y una estantería de libros de fondo.
Ramón González (Daimiel, 1984) enfrascado en una de sus correcciones.

Por el momento, Ramón González es también profesor de español en París, donde reside desde hace más de una década. Compagina su trabajo con la vocación de escribir, y ahora también con el coaching literario. «El mayor problema es la impaciencia por parte de los autores. Es sin duda síntoma de nuestros tiempos acelerados. Se necesitan años para dejar una obra redonda y muchas veces nos gana la prisa por publicar, por ver nuestro libro en el mercado, por salir en las redes sociales… Para ello hay que ser consciente de que nadie nos espera. Ninguna editorial está sentada aguardando el correo con nuestro manuscrito, sino todo lo contrario. Paul Auster afirmaba siempre que «un buen día de trabajo, es decir, ocho o diez horas, era poder completar una página». El reciente superventas y Premio Nadal David Uclés ha tardado alrededor de quince años en escribir La península de las casas vacías (Siruela, 2024). Ese es mi mayor consejo y lo que intento transmitir: paciencia para terminar la obra. Tristemente, en general, ¿cuánto dura la novedad de una nueva publicación? ¿Una semana? ¿Un mes, dos a lo sumo? El mercado está saturado de oferta y las editoriales apuestan, en su inmensa mayoría, por lo consolidado o comercial, por ello, un autor novel depende de su obra, de la rotundidad y calidad de la misma. En un mercado que suma decenas de miles de novedades al año, la atención es un recurso escaso; el texto tiene que competir por claridad, por forma y por intención. Se tiene que escribir pensando en el lector, pero nunca en la publicación. Por ello siempre digo que escribir es corregir, corregir y corregir y hay que estar mentalizado para armarse de tesón y paciencia. Trabajar la obra con un total y absoluto amor a la misma».

Coincidimos en que la novela se encuentra en un buen momento, a pesar de los constantes malos augurios. Ramón cita al escritor Javier Cercas, quien, hace ya tiempo, dijo que «la novela es un género en pañales» y que le «da risa cuando oye proclamar la muerte de la novela». «Sin embargo, son muchos los escritores que viven en los márgenes o que no están en primera línea de los grandes escaparates. No hay nada más que ver los últimos premios Nobel de literatura: autores poco comerciales, incluso desconocidos para el gran público; por lo que cuando fueron premiados sus editoriales apenas tenían ejemplares para la venta. Esto significa que la literatura de calidad sigue vigente, pero es menos visible. Ahora, por suerte, hay multitud de editoriales que apuestan por lo más literario; pero tenemos que ser conscientes de que los escritores y escritoras más auténticos están en el margen. Escriben por necesidad vital, no por fama o dinero». Esto no es algo nuevo, afirma Ramón, mientras pone sobre la mesa el ejemplo del premio Nobel Samuel Beckett, o del autor de La metamorfosis, Franz Kafka. «Para ellos, escribir era una necesidad vital. Muchas veces incluso no buscaban publicar. Es cierto que hay diversos estilos de autor, como el Roberto Bolaño de 2666, en pleno estado de gracia, o Mario Vargas Llosa, que era muy consciente de sus recursos, sus capacidades y su estilo. Dos ejemplos opuestos que han dejado buena marca en la historia literaria más reciente. Por ello, a pesar de la corrección del texto, también intento ayudar a los escritores que me contactan a saber qué tipo de autor quieren ser. La clave es la forma, no el fondo. Las grandes tramas e historias ya están escritas desde los griegos. Por eso es fundamental abrir nuevos caminos, arriesgar, trabajar y trabajar la obra. El arte es residual y eso es muy importante saberlo cuando uno empieza».

Hombre sentado en la calle sosteniendo un libro titulado 'Les mots' de Sartre, señalando con una mano, mientras hay personas caminando al fondo.
Ramón González (Daimiel, 1984) sujetando un ejemplar de ‘Las palabras’, de Sartre –en francés–.

Pedimos otro café y la cuenta. Hablamos de los diferentes modelos de autores que llegan solicitando ayuda a Ramón González. Éste, mientras vierte un sobrecito de azúcar al café, sonríe e indica que hay de todo tipo. «El coach no siempre tiene que tener razón, eso es fundamental saberlo, pero me encuentro que, por lo común, cuantas más carencias tiene el autor, peor acepta las críticas. La escritora o escritor que más se lo toma en serio está repleto de dudas, y ahí siempre es necesario la visión de una tercera persona. Me gusta asimilar el coaching literario a la belleza. Es decir, siempre es necesaria la objetividad, la visión del otro. Para ello, también es fundamental que el escritor busque un coach literario adaptado a su género y estilo; si no, puede cometer el error de confundirse a sí mismo. Es importante que, si quieres que alguien te acompañe en el viaje de la creación literaria, esté convencido –igual que tú– de la importancia de la obra».

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