Solo puedo comenzar este texto con la premisa de que, en mi irrelevante opinión y la autorizada de muchos expertos, Javier Marías es, con diferencia, el mejor novelista español de los últimos cincuenta años. Por tanto, el verdadero 11-S para España no fue el del 2001, sino el del 2022. Marías murió el 11 de septiembre de ese año a la insuficiente edad de 71 años.
Pese a ello, puede que por el trauma, seguramente por inutilidad manifiesta, el caso es que me ha costado más de tres años hacer un artículo sobre él como humilde homenaje a quien me dio tantas horas de lectura intensa y casi obsesiva; y si ahora lo he logrado no ha sido más que por una curiosa casualidad:
En Baile y Sueño, la segunda novela de la trilogía que conforma Tu Rostro Mañana, Marías describe una escena en una discoteca británica donde el protagonista recuerda oír una canción, The Streets of Laredo, de Johnny Cash:
… no dejaba de canturrear muy contento y ajeno a todo (“Nanná naranniaro nnara nanniaro”, así sonaba), era The Bardo of Armagh, una canción irlandesa, o The Streets of Laredo, si se prefiere, que es del Oeste (son la misma melodía con distinta letra y acompañamiento) … ‘I spied a young cowboy all wrapped in white linen, all wrapped in white linen as cold as the clay’ (‘Divisé o espié a un joven vaquero todo envuelto en hilo blanco, todo envuelto en hilo blanco tan frío como la arcilla’), es la historia atisbada de un muerto que habla (o en realidad negada, es la no-historia) y cuya muerte violenta él quiere que se oculte a su madre, a su hermana, a su novia, es decir, la mala vida que lo condujo a esa muerte, ‘For I’m a poor cowboy and I know I’ve done wrong’, ese fue uno de los versos que acudieron a mi memoria, sueltos y salteados, sin orden, ‘Porque soy un pobre vaquero y sé que he hecho daño’, dice el verso; o ‘que he hecho mal’, si se quiere. Y a lo mejor no es un muerto sino un moribundo, queda ambiguo y confuso en la taciturna letra o quizá dependa de las variantes y de los intérpretes. Pero no lo creo. En mi recuerdo el pobre vaquero hablaba ya.
Yo no conocía la canción, pero cuando leí el libro (casualmente poco antes de que Marías muriese) la busqué, la escuché, la guardé en Spotify y la olvidé hasta que hace un par de semanas me saltó en el modo aleatorio de reproducción. La reproduje varias veces, intentando recordar qué reflexión hacía sobre ella en el libro y, por algún motivo desconocido, los versos que más me llamaron la atención (y que en la novela no se citan nunca, aunque eso lo descubrí después) fueron los siguientes:
Then go write a letter to my gray-haired mother,
An’ tell her the cowboy that she loved has gone.
But please not one word of the man who had killed me.
Don’t mention his name and his name will pass on.
(Entonces escríbele una carta a mi anciana madre / y dile que el vaquero que ella amó se ha ido. / Pero, por favor, ni una palabra del hombre que me ha matado. / No menciones su nombre y su nombre morirá.)
En los dos últimos versos el vaquero pide que no le cuenten a su madre quién le mató para que su asesino sea olvidado; a diferencia de él, recordado al menos mientras sus seres queridos vivan. El cowboy parece vengarse así de quien le ha matado, que será devorado por el olvido (la negra espalda del tiempo de Shakespeare y Marías), mientras que él, que ha muerto, seguirá presente.
Estuve escuchando la canción, como digo, durante las últimas semanas con cierta obsesión hasta que decidí buscar una versión en directo cantada por Johnny Cash para saber cómo sonaba de viva voz y encontré una a dúo entre Marty Robbins y él en un programa de televisión:
(es increíble la cara que pone Robbins cuando escucha a Cash cantar sus primeros versos).
Mi sorpresa vino cuando terminó la canción sin que se hiciera la menor referencia a la que yo creí que era la parte más importante: la carta a la madre. Descubrí, en primer lugar, que existen muchísimas versiones de la canción, ya que es folklórica del Oeste Americano, pero no he encontrado ninguna anterior que haga referencia a una carta salvo la de Johnny Cash, por lo que, salvo error, creo que es una variación original de este.
Por ello, busqué otras versiones de Johnny Cash y descubrí una anterior, de 1965 (la que yo tenía guardada en Spotify era del álbum American IV: The Man Comes Around, de 2002), incluida en su disco The Ballads of the True West, donde la parte de la carta cambia sustancialmente:
Then go write a letter and send it to my gray-haired mother
And please send the same to my sisters, so dear,
But please not one word of all this would you mention
When others should ask for my story to hear.
There is another more dear than a sister.
She’ll bitterly weep when she hears that I’m gone
And if some other man ever wends her affection
Don’t mention my name, and my name will pass on.
(Entonces escríbele una carta a mi anciana madre / y envíales la misma a mis hermanas, tan queridas, / pero, por favor, ni una sola palabras de todo que esto que cuentas / cuando otros te pidan escuchar mi historia.
Y hay alguien más querida que una hermana / que llorará amargamente cuando escuche que me fui / y si algún otro logra su cariño / no digas mi nombre y mi nombre morirá [¿desaparecerá?]).
Es decir, en esta segunda versión (la primera cronológicamente hablando) quien debe ser olvidado no es el asesino, sino el vaquero. Y es a esta a la que, en realidad, se refiere Javier Marías en Tu Rostro Mañana, pues en el fragmento del libro hace referencia no solo a la madre, sino también a la novia y a la hermana(s); menciones que no se incluyen en la versión del año 2002.
Es evidente que la variación de la estrofa altera el sentido completo de la canción. En la de 1965 el vaquero asume su castigo porque “I know I´ve done wrong” (‘Porque soy un pobre vaquero y sé que he hecho daño’, dice el verso; o ‘que he hecho mal’, si se quiere, según Marías). Sin embargo, en la versión de 2002, aunque el cowboy sigue reconociendo que ha obrado mal, desplaza la importancia hacia la pena por la madre, a la que no quiere hacer sufrir con su asesinato; o hacia la venganza contra su asesino, que le mató, pero que no merece ser recordado. Así, que el vaquero haya hecho mal y merezca (o no) ese disparo es lo de menos, es solo la explicación de cómo ha llegado a ese situación, pero en ningún caso merece ser olvidado por su mala actuación.
¿Por qué citó Marías una versión (la de 1965) en vez de la otra, de 2002? Baile y Sueño, donde se hace referencia a la canción, se publicó en el año 2004, por lo que es seguro que conoció ambas variaciones siendo como era Johnny Cash un ídolo de juventud y madurez de Marías. Es posible que para cuando se publicó American IV: The Man Comes Around ya tuviera escrito el fragmento en donde cita la canción y no quisiera cambiarlo. O más sencillamente que, en el momento cronológico en que ocurre el hecho, la versión de 2002 no podía existir, por lo que hubiera sido incorrecto introducirla en la novela. El problema es que eso no lo podemos saber con certeza porque tampoco se precisa los años exactos en que ocurre la trama, posteriores a la caída de la Unión Soviética, pero indeterminados.
La otra cuestión que surge, claro, tiene que ver con Johnny Cash: ¿qué le motivó a realizar esa variación? Es evidente que tampoco podremos saberlo con seguridad, pero acercarnos a una posible respuesta correcta parece más sencillo. Cuando Cash escribió la primera versión apenas tenía 32 años y gozaba de plena salud. Sin embargo, para cuando publicó la segunda, donde a quien condena al olvida es al asesino y no al vaquero, a Johnny le quedaba menos de un año de vida. En 1997 había sido diagnosticado de una enfermedad neurodegenerativa y en el intervalo había sufrido ingresos hospitalarios, por lo que probablemente sentía la muerte muy cercana.
Además, en la versión a dúo con Marty Robbins, Cash eligió representar al vaquero al cantar la parte en la que habla el cowboy. Quizá Johnny se identificase con el una vez joven vaquero y quisiese cambiar la versión para no caer en el olvido. O, como me dice una amiga (saludos a Claudia), tal vez lo que no quería era ser recordado por su posible asesino, esa enfermedad neurodegenerativa (que no fue finalmente la causa de su muerte).
Lo más curioso de todo esto que ambas versiones de Johnny Cash hablan sobre la muerte definitiva de una persona cuando su nombre es por fin olvidado, pero, para Javier Marías, son los rostros los que se olvidan, no los nombres. Así lo dice en Mañana en la Batalla Piensa en Mí (1994):
Qué desgracia saber tu nombre aunque ya no conozca tu rostro mañana, los nombres no cambian y se quedan fijos en la memoria cuando se quedan, sin que nada ni nadie pueda arrancarlos. Mi cabeza está llena de nombres cuyos rostros he olvidado o son sólo una mancha flotando en un paisaje, una calle, una casa, una edad o una pantalla […].
Qué desgracia saber tu nombre aunque ya no conozca tu rostro mañana, el rostro que dejamos de ver un día se dedicará a traicionarse y a traicionarnos en el tiempo que le pertenece y le queda, irá apartándose de la imagen en que lo fijamos para llevar su propia vida en nuestra voluntaria o desdichada ausencia. El de aquellos que se fueron del todo porque no los retuvimos o han muerto se irá nublando en nuestra memoria que no es una facultad visiva, aunque a veces nos engañemos y creamos ver todavía lo que ya no tenemos delante y sólo evocamos envuelto en brumas, el ojo interior o de la mente se llama esa figura borrosa de nuestros espejismos o nuestra añoranza, o de nuestra maldición a veces. Yo podría creer que nunca te he conocido si no supiera tu nombre que permanece inmutable sin el menor deterioro y con su brillo intacto y así seguirá aunque hayas desaparecido del todo y aunque te hayas muerto.
En el fragmento, además de hacer referencia a Tu Rostro Mañana, su futura trilogía aún inexistente (quizá ni siquiera proyecto consciente, pero ya con la idea en su cabeza), Marías adelanta su respuesta a mis preguntas: los nombres permanecen inmutables sin el menor deterioro y con su brillo intacto y son los rostros y las voces los que se olvidan. Aunque a veces, corrigió muchos años después, pocos meses antes de morir, los rostros y las voces también permanecen con los individuos cruciales, con quienes nos marcaron, de estos nos seguiremos acordando así pasen treinta años.
En relación con Javier Marías, mi biblioteca puede dar fe de ello.
*Mis agradecimientos a Daniel, Claudia, Alfonso y Jorge por soportarme durante días con el asunto de la canción; y a Elena por su asesoramiento en la traducción del verso And if some other man ever wends her affection, de interesante traslación al español.

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