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A orillas de un mundo nuevo (u ‘Ohong Village’ y el cine taiwanés)

Con motivo de la participación del cineasta Lungyin Lim (Taiwán, 1987) en FILMADRID, os traemos una entrevista sobre su primera película, una mirada no occidental acerca del mar, la brecha generacional y el regreso a las tradiciones.

Siempre resulta excitante tener la posibilidad de charlar con alguien extranjero, pero resulta aún más excitante si con quien hablas te descubre un auténtico mundo nuevo y, además, responde a todas tus preguntas e indagaciones. Este junio, el director de cine taiwanés Lungyin Lim se paseó -al menos virtualmente- por la alfombra roja del festival de cine madrileño FILMADRID, presentando su primer largometraje, Ohong Village. La película, rodada en 16mm y con una textura muy marcada, inspira repetidamente una sensación de pausa y calma, solo comparable a descansar frente al mar durante las horas más tranquilas y azules. La historia principal recrea la vida de un joven que, tras vivir una temporada en la ciudad, decide regresar a su aldea natal y ocultar su fracaso. Los conflictos familiares -era de esperar- aparecen de seguido. Lungyim Lim nos ha concedido una entrevista para conocer más en profundidad su cine y hablar también de su experiencia en Europa, de los diferentes valores generacionales o de la curiosa relación entre su país, una isla, y el mar que la rodea. Otro mundo o quizá el mismo, pero más lejano y entrañable. El cine es lo que tiene, y a donde te lleva.

PREGUNTA. El sábado 12 de junio presentaste en FILMADRID tu opera prima, Ohaon Village, por primera vez en España, un país lejos de tus raíces. Y sin embargo, dicen que la misma tiene una gran vocación internacional. ¿Cómo crees que el público reaccionará ante ella? Es decir, ¿qué elementos presentes en todas las culturas y tradiciones muestra este largometraje para hacerlo comprensible en cualquier parte del mundo?

RESPUESTA. Aunque la acción se sitúe en un rincón distante, en una nación desconocida para la audiencia europea, creo que Ohong Village ofrece un tema universal: el desapego del origen y la búsqueda de la reconexión. El paisaje y la cultura taiwaneses tan únicos en la película pueden servir como desencadenantes exóticos en la atención de la audiencia, pero a medida que se sumerjan más profundamente en ella, encontrarán un conflicto sorprendentemente familiar.

P. ¿Por qué elegiste este argumento, una especie de pseudo-documental –si lo podemos denominar así- para tu primer largometraje? ¿Qué ha significado para ti?

R. Es un enfoque que se desarrolla gradualmente en la preparación de la película. Antes de asumir el cargo de director, fui fotógrafo de documentales durante muchos años y realicé varios proyectos de reportajes para la prensa. Para mí, los detalles en el entorno son cruciales, ayudan a sumergir a los espectadores en el espacio narrativo que es nuevo para ellos. Después de familiarizarse con él, el autor puede ser tan imaginativo y dialéctico como desee para desafiar más a la audiencia. Para una película basada en temas contemporáneos, creo que este enfoque mixto con la fotografía de reportajes tiene un propósito similar. Pasamos un año y medio viviendo en el pueblo, siguiendo las rutinas diarias de los pescadores locales, incluso antes de escribir el guion. Una vez que captes lo suficiente el entorno, la historia vendrá automáticamente.

P. Como referente del cine taiwanés actual, ¿cuáles son los principales problemas a los que se enfrenta tu país? ¿Cómo definirías a la sociedad taiwanesa?

R. Describiría a mi país como un niño del siglo XXI habitando un cuerpo del siglo XIX. En los últimos cuarenta años, Taiwán ha experimentado uno de los crecimientos económicos más rápidos del mundo que ha transformado rápidamente a nuestra nación rural en una sociedad urbana industrializada. Tal transformación creó enormes brechas entre generaciones, y nuestra cultura y valores todavía están luchando por adaptarse al nuevo mundo. Por ejemplo, acabamos de eliminar el adulterio de ser un delito en 2020 después de décadas de debate, uno de los últimos países asiáticos en hacer tal cambio. Tal contradicción significa enormes barreras para el diálogo entre generaciones y es esencial en los enfrentamientos sociales.

P. Después de vivir varios años en Europa, en tu opinión, ¿qué deberíamos aprender los europeos de la cultura oriental? ¿Y al contrario?

R. El desencanto es de suma importancia para eliminar lo ilusorio de la imaginación hacia la cultura del otro. Cuando solicité por primera vez entrar en una escuela de posgrado en Europa hace años, uno de los miembros del comité me preguntó qué papel juega la cultura “Zen” en nuestra sociedad. Tuve que explicarle que en realidad no usamos ese término allí, que era una noción creada en Occidente para satisfacer ciertas imaginaciones orientales. Se aplican casos contrarios cuando los taiwaneses hablan de la cultura europea. En estos tiempos modernos de fácil acceso a la información, la clave es salir de esa caja y reconstruir la comprensión desde una visión contextual.

P. En la Nueva Ola taiwanesa de los años 80, a los directores de cine les preocupaba el conflicto del individuo para adaptarse –o no- a la sociedad moderna y en tal caso, cómo hacerlo. La tradición contra el progreso. Años más tarde, tú repites el mismo patrón. ¿Qué ha cambiado desde entonces? ¿Son los personajes de aquellas películas –o nosotros, por extensión- los mismos?

R. Seguimos estando en un escenario similar pero en la dirección opuesta. Si, en la década de los 80, se trató el alejamiento de las raíces rurales y la alienación en la sociedad moderna, el presente está marcado por la era del regreso forzado y la alienación que encontramos en nuestros hogares al volver. Un gran número de personas en sus últimos años de juventud se encontraron atrapadas entre el mundo urbano estancado y un hogar rural desconocido ya que lo habían dejado años atrás. Esta es la realidad de toda una generación en la sociedad recién industrializada. Dos décadas después, muy pocos cineastas se han enfrentado directamente a este tema, lo que dinamitó el comienzo de Ohong Village.

P. ¿Están las tradiciones condenadas a desaparecer en la era digital?

R. Lo que proporciona la era digital son herramientas y formas nuevas de producción, pero las necesidades humanas básicas siguen siendo las mismas. Lo que brindan las tradiciones son los medios para hacer frente a estas necesidades: la necesidad de creer, la necesidad de mantener los lazos con los demás, la necesidad de una identidad común y, quizás, sobre todo, la sensación de que perteneces a una existencia más larga de lo que dura el momento presente. Rituales, encuentros, festivales y otras prácticas culturales sirven para cumplir este propósito. Necesitan una reinvención constante para adaptarse a los cambios contextuales de nuestra sociedad, incluida la digitalización y la modernización, pero sus núcleos aún pueden servirnos en el futuro.

P. Curiosamente, en España, tenemos un fenómeno similar denominado ‘La España vacía’, en el cual el mundo rural está recuperando su propia voz y sus derechos. Ahora, mucha gente se plantea dejar la ciudad siempre y cuando puedan vivir con dignidad en el campo. ¿Crees que este fenómeno está sucediendo en todas partes por igual?  ¿Necesita la gente volver a sus raíces?

R. Tenemos un movimiento similar en Taiwán, quizás, en un tono más suave, y que retrata una imagen positiva del campo y alienta a los jóvenes a regresar y «reiniciar una nueva vida». Probablemente sea una contrarreacción universal a la urbanización que todos estamos experimentando en las partes industrializadas del mundo. Sin embargo, creo que no hay ningún bien o mal definido aquí con respecto a volver a las raíces de uno o no hacerlo. Es una elección personal, y la clave es considerar profundamente los valores que realmente aprecia y la forma de vida que desea llevar.

P. En Ohong Village, el mar tiene una enorme presencia y significado, ¿por qué?

R. Es una relación incómoda la que tenemos con el mar en Taiwán. A pesar de ser una nación insular, la población en general se siente extrañamente alejada del mar. Desde la época del descubrimiento, la isla fue un importante centro de piratas, comerciantes y potencias marítimas, incluso el Imperio Español puso el pie sobre ella. Pero las cosas cambiaron debido a la tensión geopolítica de la Guerra Fría y a la estricta política del gobierno de mantener a la gente alejada de la costa por temor a acciones encubiertas de la China comunista en la segunda mitad del siglo XX. Como resultado, Taiwán se ha despojado de una parte importante de nuestra cultura. No solo el cine, incluso la literatura marítima ha perdido su presencia. Me interesa reconstruir ese vínculo entre la gente de aquí y el mar, ya que creo que revela nuestra verdadera naturaleza.

P. Hay una escena muy bonita en la película, donde el personaje principal dialoga con su abuela y ella le dice: «somos una familia con el mismo apellido pero un destino diferente». Los únicos que pueden tener éxito y ganar dinero son los que se mudan a una gran ciudad; los demás tienen que vivir con la frustración de haberse quedado. ¿Cómo alcanzar al entendimiento, especialmente entre generaciones?

R. Una de las preguntas centrales que quiero conseguir con la película es: ¿existe un destino predeterminado a que se repita de generación en generación o puede una nueva generación encontrar sus propios valores y elecciones personales? Los puntos de vista comunes establecidos sobre el éxito y la felicidad son, a menudo, la contradicción central entre generaciones, especialmente en Asia, donde la cultura tradicionalmente espera que uno se convierta en parte integral de la sociedad, incluida su definición de lo que es una «buena vida». Esta creencia ha disminuido mucho en las últimas décadas y ha creado enormes brechas, como se mencionó anteriormente. Creo que la clave es que cada generación comprenda mutuamente que es una elección personal basada en su contexto contemporáneo, y que no existe un bien o un mal definitivo.

P. Tu forma lenta y tranquila de grabar determina la narración. ¿Es posible contar la misma historia con esa delicadeza y paciencia, si fuera un éxito de taquilla? ¿El cine independiente está reñido con la rapidez de nuestro tiempo?

R. Creo que la atmósfera no limita el estilo, es solo encontrar el ritmo adecuado para la emoción que deseas crear. De hecho, mi próxima película, otra producción independiente y ambientada en el mar también, se desarrollará a un ritmo vigoroso completamente diferente porque tratará un tema de naturaleza violenta.

P. FILMADRID es uno de los festivales de cine más valorados de España, ¿qué importancia tiene contar con estos lugares de encuentro y debate? ¿Cómo te sientes por estar aquí?

R. Aprecio estos lugares. Los festivales de cine brindan a los autores la oportunidad de explorar los pensamientos nuevos de otros y conocer al público de primera mano. La realización de largometrajes es un proceso largo y solitario, como si me sumergiera en profundidad. Es como la respiración largamente esperada cuando, por fin, traes tu trabajo al mundo y ves la belleza de los demás. Aunque lamentablemente no pude estar allí esta vez debido a la pandemia, deseo que haya oportunidad pronto.

¡Abajo os dejamos el trailer!

*Gracias al equipo de FILMADRID por su buena disposición.

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