Por las calles colindantes a la plaza de Tirso de Molina se empieza a ver a gente con la camiseta de la selección española. Juega contra Francia y terminará ganando. Son las cinco de la tarde y un sol naranja divide las aceras en sol y sombra. He quedado con Kevin Castellano y Edu Hirschfeld en la Sala Equis para tomarnos un café y charlar sobre su ultimo corto, Capitanes, pero me escriben y me citan en El Imparcial, ya que la sala aún no ha abierto.
Nos encontramos en un salón de techos altos de espejo con mesas largas. Las ventanas son grandes, como italianas, y dejan pasar una luz brillante que golpea las estanterías y las lámparas metálicas. Edu mueve un té rojo, como su camiseta. Acaba de llegar del sur de Francia y hablamos sobre los pueblos y la literatura. Él no lo sabe, pero le he robado un par de recomendaciones con las fotos de libros que sube a redes sociales. Se lo confieso y ríe con timidez. Me recomienda, entonces, Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, de David Foster Wallace. Mientras tanto, Kevin llega del baño con una camiseta de David Beckham de la selección inglesa, aquella mítica del mundial de 1998. Hablamos de cocina, me enseña algunas fotos de paellas que parecen de catálogo y me cuenta que en la infancia quería ser cocinero.
Cuando nos traen el café aterrizamos en la entrevista. Hay grupos de chicas a nuestro alrededor, pero los sofás de terciopelo verde nos otorgan un ambiente familiar y comenzamos hablando de fútbol, de un mundo icónico y moderno –en apariencia–. Ambos han realizado un corto que está llegando con fuerza a los medios de comunicación: han tenido la suerte (o el azar) de que el estreno haya coincidido con las fiestas del Orgullo y la Eurocopa. Me hablan de cómo se conocieron hace más de doce años y enseguida compartieron su afición por el cine y la música. Han rodado videoclips para discográficas como Warner o Universal; e incluso fundaron la suya propia, donde realizaron más de cincuenta trabajos. Pero pronto se dieron cuenta de que debían enfocarse en la ficción, ya que solo esta les permitía exprimir su propia creatividad. «No queríamos agotar nuestra energía en proyectos que no eran nuestros. Eso agota, aunque sea para firmas importantes», indica Kevin. Destacan el documental El arte de los analfabetos (2024), el corto Cuando haces Pop (2021) y una serie con el mismo título que está en búsqueda de productora y / o plataforma. En la actualidad, están escribiendo un largometraje e intentado llevar al papel la multitud de ideas que les llegan. «Somos unos motivados», afirma Edu entre risas.

Lanzo la primera pregunta con una cita de Albert Camus, donde el Nobel afirmó que el fútbol le enseñó todo en la vida, y Edu me replica con otra de Arrigo Sacchi que dice que «el fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes». «El deporte es una forma de ocio que las clases altas asimilaron para transmitir allí sus valores. Recuerdo –continúa Edu–, por ejemplo, cuando Zidane dio el cabezazo en la final del Mundial y pidió perdón a los niños porque sabía que lo habían visto. Por lo tanto, sí considero que el fútbol recala en la sociedad y, en cierto modo, la transforma». Kevin da un sorbo al café y replica que el fútbol está dejando de ser el deporte del pueblo, que los altos precios de las entradas y abonos de televisión dificultan poder participar en la fiesta. «Cuando el Valencia ganaba, la ciudad ardía. El fútbol te hace sentirte parte de algo, unirte con la sociedad. Yo soy más del Valencia que de izquierdas o derechas, y lamento cada vez más que el fútbol de élite esté enfocado a los turistas de alto poder adquisitivo». «Queremos que cuando se gane, como hizo Argentina en el pasado mundial, sea día festivo», dice Edu sonriendo con la taza de té entre las manos.
De la élite nos vamos a los campos humildes, donde se juega por pasión. Ellos lo comparan con el arte, con el cine. Hay que pagar facturas y hacer trabajos que llenan menos. Pero esto es una escalera, afirma Kevin: «se debe subir peldaño a peldaño».
En esas categorías humildes surge, precisamente, unos de los primeros casos de homofobia. Un árbitro andaluz que subió de forma involuntaria una foto con su pareja y recibió todo tipo de insultos y pedradas por un partido por el que sería retribuido con 20 euros. «Cuando empezamos a preparar el corto e investigar sobre el tema –cuenta Edu–, vimos este caso y uno en Inglaterra de un futbolista que no soportó la presión y terminó suicidándose. ¿Qué ha cambiado? Pues la sociedad ha avanzado bastante en este sentido, pero parece que el fútbol se ha quedado atrás. Ahora, en estos días de celebración, se puede ver la bandera LGTB+ por todos lados, excepto en el fútbol –tal vez sí en el Rayo Vallecano–, y eso es distópico». «El fútbol representa la virilidad», afirma Kevin. «Son los nuevos gladiadores. Por ello, y aunque las marcas y el sistema normalice todo lo demás, el mundo del balón sigue avanzando a paso lento». Por su parte, Edu considera que los clubes siguen dirigidos por personas mayores que no terminan de aceptar los cambios sociales: «A nivel institución quieren seguir así. Hay miedo a cambiar, a pesar de que muchos jugadores serían más felices, y de que la sociedad lo aceptaría con normalidad. Además, el fútbol –como deporte y negocio– apenas mutaría».

Pedimos unos vasos de agua con hielo. Edu se toca un tatuaje con un murciélago y un candelabro que lleva en el brazo y afirma –así, sin más– que son unos frikis del fútbol. «Por eso surge Capitanes, porque queríamos hacer algo con el fútbol y el cine. Indagamos sobre las temáticas y surgieron opciones como las apuestas ilegales. Pero enseguida vimos que en el tema de la homosexualidad no se había avanzado. A partir de ahí, decidimos contarlo a nuestra manera: todo muy folclórico, muy español; por eso hay tantos elementos de nuestra cultura, incluso de la valenciana, con la banda de música que toca en el descanso. Por eso, en Capitanes suena el pasodoble Gallito. Siempre nos ha parecido que el fútbol no está bien representado en el cine». «Nosotros conocemos cada detalle de este deporte», asegura Kevin, «hasta en qué lado va el dorsal en el pantalón». «Para el corto visitamos muchos vestuarios y terminamos por construir uno propio, porque, cuando contabas en los clubes de Valencia de qué trataba la película, no nos dejaban rodar en ninguno. Eso sí: en estos días ponen todos la bandera arcoíris en sus redes».
Sea como sea, no todo han sido negativas. Edu y Kevin sonríen cuando hablan de los comentaristas de DAZN, del productor Jorge Acosta, del Institut Valenciá de Cultura, de Inaudita Films, Vessmedia, Maluta Films y Malas Compañías, de la ECAM y de Realmente Bravo, que diseñaron el cartel que ha sido premiado recientemente. Kevin sí esperaba la repercusión de Capitanes: «El fútbol es algo muy masivo y sabíamos que daría que hablar. Tocamos un tema muy de actualidad y era factible tener opciones. Lo que no sabíamos es que coincidiría con que nos seleccionarían en Cinema Jove, la Eurocopa y el Orgullo». Un «hat-trick», dice Edu. «Cuando comenzamos a rodar, la gente veía el proyecto y sabíamos que podía impactar. Hemos transmitido al 100 % lo que queríamos».
Un grupo de jóvenes pide cerveza a nuestro lado. Todos llevan la camiseta de la selección española, excepto un chico que lleva el 10 de Mbappé. Surge el tema de la opinión de los iconos mediáticos. De pronunciarse o no sobre la política, la sexualidad, la sociedad… Kevin comenta que él siempre ha pensado que, si dispones de un gran altavoz, es necesario usarlo. Aunque es cierto que, cuando se imagina en una posición similar, duda. Edu dice que él lo haría siempre que fuera preguntado. Quedamos en silencio unos segundos hasta que hablamos de los actores. Tanto Héctor Juezas como Jorge Silvestre están inmensos. «Tenemos amistad desde hace años y ellos, desde siempre, han estado en el mundo del cine», dice Kevin. «Pero no los elegimos por eso, sino porque es la historia de dos amigos que se echan cosas en cara y se aman en secreto. Además, ambos han jugado al fútbol y tienen experiencia en ese mundo. Y, por último, es que tienen una energía muy viril y nos resultaba interesante para interpretar a dos futbolistas que defienden sus sentimientos con torpeza».

Pedimos la cuenta al camarero mientras Edu observa las paredes desconchadas del salón. Hablamos de Fellini y Buñuel, de los surrealistas y del mundo de los sueños. Kevin afirma que con Capitanes han querido contar de forma artística su tiempo. Asegura que ahora hay otro tipo de narrar, aunque los temas sean los mismos. «Han surgido otras voces y se están contando historias que antes no se contaban», dice Edu. Sobre la mesa, el camarero deja una taza de latón con el ticket. Seguimos hablando de la dificultad de sacar adelante un proyecto, pero la necesidad de llevar artistas al cine puede con lo económico. Me recomiendan nuevas películas y libros. «Si el cine se lee, la literatura se ve y la comida se escucha», bromea Kevin con un juego de palabras. En la última pregunta, Edu describe Capitanes como un gol por la escuadra, una hostia; y Kevin, como una fábula surrealista y folclórica sobre la liberación de los futbolistas en un mundo viril. Tras una pausa, coinciden en que su ilusión es que el corto llegue a mucha gente. «Nos gustaría que Capitanes se viera más allá de los circuitos típicos del cine», subraya Edu. «Creo que tiene la capacidad de llegar y emocionar. Es un tema del que se puede hablar abiertamente. Sería genial que el corto lo pudiera ver mucha gente en España».
Nos despedimos con la promesa de fomentar las charlas de café, como la que pintó José Solana en el cuadro La tertulia del Café de Pombo. En ese momento, Héctor Juezas llama por teléfono a Kevin y se citan en el Museo Reina Sofia para ver el partido. Ambos se marchan por la calle Atocha engullidos por una masa de gente, al igual que la impactante escena final de Capitanes.

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