En mi tierra, la Mancha, la figura del Quijote está por todas partes. Ocupa rotondas, plazas, carteles, nombres de colegios, bibliotecas e incluso bares. Ese hombre Delgado, con perilla puntiaguda, siempre despertó sentimientos contrariados en mi niñez. Por un lado estaba la burla cuando lo veía representado a punto de caerse de Rocinante en diferentes estatuas o pinturas, y por otro era el símbolo de aquel que contrario a los demás, salía a campo abierto en busca de aventuras.
Ese sentimiento de romper con los «días calcados» que suelo nombrar en mis escritos fue lo primero que me vino a la cabeza al ver el inicio de ‘El arte de los analfabetos‘.
Siempre he tenido presente que Alonso Quijano sabía que, de haber querido, hubiera disfrutado de una vida tranquila como Hidalgo, pero su amor por los episodios que leía en las novelas de caballería fue más fuerte y le empujó, en la pluma de Cervantes, a pasar al recuerdo de medio mundo. Seguro que el cine tuvo un efecto similar en el espíritu de Kevin y Edu. Y es que como citan en esta magnífica película documental «La vida es el cine, sólo está esperando, ahí, a que alguien la atrape».

En Madrid, en el barrio de La latina, Sala Equis proyecta una película en blanco en negro mientras la gente charla en sus butacas. Nos vemos después de la promesa de establecer tertulias igual que en el cuadro de José Solana. Nos conocimos hablando de fútbol y cine, y tras las alegrías que ‘Capitanes‘ ha concedido a ambos jóvenes directores, nos volvemos a encontrar llamados por una historia nómada, que cruza por varias generaciones llegando a un punto común, el de contar historias. ‘El arte de los analfabetos‘ es el viaje (exterior e interior) de Antonio, quien, siendo un niño, recorrió andando el país junto a su padre en busca de un futuro mejor. Ahora, en su vejez, y acompañado por su nieto –es decir, por el propio Kevin–, vuelve tras sus pasos con el propósito de terminar el libro de memorias que dejó a la mitad, con el que darle a él y a su equipo una historia que plasmar en la gran pantalla. Es una Road Movie dura y optimista, que encajaría en diversos géneros y que al final, en palabras de sus creadores, te reconcilia con la vida y te quita las ganas de «quemar contenedores».
«Me comía la desidia», dice Kevin mientras da el primer sorbo a un café humeante. «Pensábamos que íbamos a estar un año sin rodar y esa idea nos aplastaba. ‘El arte de los analfabetos’ surge por la necesidad de salir y romper con la incertidumbre. De grabar y buscarnos a nosotros mismos sin pensar en los proyectos que se caen o en el dinero que se invierte sin conocer el resultado final. A veces me da envidia sana la gente que ha decidido vivir una vida tranquila, sin sobresaltos. Pero en mi faceta de cineasta yo no puedo plantear así mi futuro, me carcomen los días si no tengo proyectos nuevos o retos a los que enfrentarme, aunque me canse también de esa inseguridad». Kevin se queda pensativo mientras intenta enfriar la taza con la cucharilla. Hablamos, entonces, del proceso de grabación, de la dificultad de rodar con una persona como su abuelo, receloso de contar su historia, de hablar del pasado. Para ello diseñaron un equipo pequeño, familiar y adaptado a su ritmo con el objetivo de que Antonio no sintiera rechazo ante la cámara. La alineación titular la componían: Kevin, en la dirección de fotografía; Edu, en producción y como conductor; y Carla, en sonido. Mientras que desde banquillo aparecían: la videocámara que capta el Making Off, una furgoneta llena de trastos, comida para todos los días, una carretilla y medicinas. Con todo esto, se lanzaron a recorrer la multitud de kilómetros que décadas antes recorrieron Antonio y su padre en medio de un país cubierto por la pobreza y el dolor de la guerra.
Edu permanece en silencio mirando a la pantalla del local mientras escucha a Kevin. Entonces pone sobre la mesa el nombre de Werner Herzog y dice que, en la película ‘Fitzcarraldo’, un loco, también quijotesco, intenta subir un barco por la montaña. «¿Así está el cine?», reflexiona. Kevin asiente, es una gran metáfora, y subir barcos por las montañas te da más de lo que te quita. Vivimos en el gran mundo de las plataformas y el exceso de contenido, por lo que es muy complicado destacar. Me inspira mucho su visión de libertad y su filosofía de vida. Quizás no haya influido tanto en nuestro cine, pero sí en cómo afrontarlo y crearlo. ¡Hay que subir barcos por las montañas! De hecho, la película tiene por título una cita del director alemán y es que «el cine», afirma Kevin, «es el arte que más se parece a la vida. Se puede ver, escuchar y sentir frente a otras personas que están en la sala. Una película te puede cambiar para siempre, se retroalimenta con la persona que la está viendo».

La proyección en Sala Equis termina y al instante, después de los créditos, comienza otra sesión. Este final es el principio de la conversación con Edu, que despacio regresa a su café. Nos habla de los sueños, de cómo no basta con intentar atraparlos, sino que es necesario disfrutar de la persecución, ya que es posible, en la mayoría de los casos, que la cima no se alcance. «Esta idea», dice rotundamente, «es la semilla de ‘El arte de los analfabetos’».
Kevin se coloca el flequillo y nos habla de cómo su bisabuelo Manuel caminaba por necesidad, por el instante. «Manuel no dejó de andar por supervivencia. Nosotros, por el autoconocimiento». De pronto, Edu señala una bandeja repleta de comida que apenas controla por entre las mesas un joven vestido con chaqueta de cuero. Compara toda esa comida con la cultura actual. «Es un buffet libre, sin límite, pero cuando estás saciado nada te ha parecido bueno». Es muy difícil encontrar un plato cuidado y original. Estamos empachados y, sin embargo, pasamos hambre. Por eso tenemos el deber de buscar, tal y como hizo Antonio. Él se compró un libro de varias materias cuando dejó de ser vagabundo y aprendió solo. Al final depende de las inquietudes de cada uno, de su ambición por descubrir. Kevin hace el gesto de rodar cuando el chico se trastabilla y casi tira la comida. «¡Qué desperdicio no tener constantemente una cámara!», afirma. «Nunca ofrezcas un favor a un cineasta», se dice en la película, y es que, según Edu, «las ficciones que suceden en el día a día, fuera de los grandes escenarios, es puro cine, es genuino. No podíamos dejar en el olvido la historia del abuelo de Kevin, por eso debemos estar atentos a lo que la vida cotidiana nos cuenta».

El «cine familiar» es un tesoro, es decir, todos esos vídeos que nos rodaban nuestros padres o tíos en las vacaciones, en los días de fiesta o en los momentos más cotidianos. «Gracias a que la familia de Kevin tiene un archivo familiar descomunal y muy bien organizado», dice Edu mientras toca el hombro de Kevin, «tuvimos la opción de incluir las mejores imágenes, que dan el clímax a la película y que nos parecen que cierran de forma perfecta la historia». Ese cine a veces se pierde, y, sin embargo, todos los grandes títulos de la parrilla de cualquier plataforma se han nutrido de esas pequeñas ficciones. «¿Qué es Shakespeare o Tolstoi? Todo está conectado. Mira, por ejemplo, lo que sucede entre una carretilla y una cámara. O lo que une a una manta y a un camino con una película. O lo que sucede entre un bisabuelo y su bisnieto».
¿Pero cuál es la moraleja de Antonio y de esta nueva película? «La victoria no es llegar, sino levantarse una y otra vez cuando te caes», responde Edu, citando a Pepe Mujica. «A pesar de todas las dificultades, es necesario luchar y cultivar el espíritu de salir adelante, el amor por la vida. Antonio se enfrentó al hambre, al frío, a la soledad y al rechazo, y, aun así, demuestra unas ganas terribles de vivir, incluso ahora, en su vejez. ¡El optimismo como militancia!», dice Kevin en voz alta, al paso que busca en los bolsillos de su cazadora la tarjeta de crédito. Nos marchamos mientras Buster Keaton juega en la pantalla con unas flores y los clientes charlan desde el patio de mesas. ‘El arte de los analfabetos’ se estrena en Madrid, y ambos desean seguir caminando por estos senderos inciertos del cine. Pero, volviendo al Quijote (y al abuelo Antonio), solo el que sale de su «venta» y es valiente para ir en busca de aventuras termina por encontrarlas.

*’El arte de los analfabetos’ realizará una gira de proyecciones por diversas ciudades españolas, con presentación y posterior coloquio de ambos directores.
Sus próximas citas son:
- 18 de febrero. Cineteca (Madrid).
- 24 de febrero. Cines Zoco (Madrid).

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