Destacados Entrevistas Literatura

Manuel Mata, preguntas aleatorias (III)

Como no hay dos sin tres, Cristina García nos trae la nueva entrega de sus conversaciones aleatorias con Manuel Mata; esta vez, sin nada nuevo que presentar, pero cargada de revelaciones y titulares.

Me reuní con Manuel Mata una vez más en Madrid, poco antes de la presentación de su libro Pan manchado en Lavapiés, en la que lo acompañaría Pablo Baleriola y a la que yo no pude asistir. Cuando llegué, él acababa de pedir su segundo vermú.

PREGUNTA: Aquí estamos otra vez.

RESPUESTA: Eso parece.

P: Jajaja, gracias por venir.

R: De nada. Aunque no entiendo muy bien sobre qué vamos a hablar. No me quedan novedades.

P: He pensado que podría ser una entrevista sin ningún foco y…

R: Una entrevista sin anuncios.

P: Supongo, jajaja, a no ser que quieras anunciar algo.

R: Me lo pienso.

P: Vale.

R: Tengo que irme a las cinco y media, que quedé con Pablo antes de la presentación. Hago el anuncio al final. Del estilo «COMPREN ESTO».

P: Vale. Tú cuando quieras que la entrevista termine, haces el anuncio.

R: Vale. Mi botón de escape. Dispara. ¿Esto está grabando?

P: Sí. He preparado algunas preguntas aleatorias.

R: Vamos allá.

P: Vale, la primera: ¿Crees que la poesía está muerta?

R: Me lo preguntas por lo que dijo el tío ese hace poco.

P: Manuel Vilas, sí.

R: No he leído su entrevista, pero supongo que él dice que sí, que está muerta como un langostino.

P: Sí. Dice que es un género muerto.

R: Y la gente se ha enfadado.

P: Sí, ha habido personas que se han ofendido mucho.

R: Bueno, pues que se ofendan, ¿no? Es sólo la opinión de un señor. Que lo diga no lo convierte en un hecho. Si ahora yo digo que Manuel Vilas está muerto eso no va a impedir que él se prepare un yogurt natural y se parta de risa viendo un episodio de Los Simpsons. Puede que se ofenda, pero ya está.

P: ¿Entonces tú no estás de acuerdo?

R: No. Pero vamos a ver, la poesía muy sana tampoco puede estar si la gente reacciona por esas tonterías. Si Manuel Vilas o cualquier otro dice que la novela está muerta no le hace caso nadie, porque nadie sospecha que la novela pueda estar muerta, porque es un ecosistema bien lustrado. La novela se ve como una charca con muchas moscas y algunas ranas la hostia de gordas. La poesía es un género del puriempleo con ranas flaquitas que intentan aprender a hacer la fotosíntesis. Y ya está. Uno dice: «¡La novela está muerta!». Otro contesta: «¿Pero tú has visto esas putas ranas que parecen albañiles?».

P: Jajajajajaja.

R: Uno dice: «¡La poesía está muerta!». Otro contesta: «Coño, pues a lo mejor no le queda mucho, porque esas ranas se están quedando transparentes de la anemia».

P: ¿Así que la poesía está enferma?

R: A lo mejor está viva y muerta. Como un actor de The Walking Dead.

P: Como el gato de Roncesvalles.

R: ¿Qué?

P: El que está en una caja.

R: ¿Schrödinger?

P: ¿Y yo qué he dicho?

R: Roncesvalles.

P: ¿De verdad?

R: Jajajajaja.

P: No sé de dónde me ha venido eso. Roncesvalles…

R: Ni idea.

P: Corramos un tupido velo. Me decías que la poesía está viva y muerta.

R: Sí, como el gato de Rodríguez.

P: Jajaja. Eso.

R: No hay que darle muchas vueltas. La cosa es que la poesía en sí misma no es un estilo de vida sostenible. Es posible imaginar a una novelista pagando la hipoteca con sus novelas, lo cual es maravilloso. La poesía no tiene ese tirón económico. Entiendo que alguien dedicado a la narrativa diga que está muerta, igual que entiendo cuando una dentista le dice a una camarera «nena, si estás tan estresada, ¿por qué no te marchas el finde a algún sitio bonito y desconectas? Cancún está precioso ahora mismo», pero en fin.

P: Jajaja, entonces todo se resume en que la narrativa se lee más que la poesía. Que vende más.

R: Posiblemente la poesía se leería mucho más si no estuviera atrapada en esa sacralidad repelente. A la narrativa no le pasa. Por cada académico de la lengua hay ocho mil Cronembergs. En la poesía faltan escupitajos. A veces parece que la gente estuviera opositando para la RAE o escribiendo epitafios o alguna historia de esas, y así es fácil olvidarse del absurdo.

P: ¿Crees que el absurdo es importante?

R: Claro. Es indispensable. Es la forma de naturalización más eficaz que existe. Mi poesía favorita es la absurda.

P: ¿Como los dadaístas, por ejemplo?

R: No hablo del absurdo del azar, sino de un absurdo más primitivo, ¿sabes? Como ponerle un sombrero a un perro en el entierro de tu madre sin resultar frívola, o beberte una Fanta de naranja en el metro y ponerte a llorar sin saber muy bien por qué.

P: ¿Una Fanta de naranja?

R: Bien fresquita.

P: ¿Te han pasado esas cosas?

R: Eran sólo ejemplos.

P: ¿No crees que la falta de interés en la poesía puede deberse a que el público está poco formado?

R: No podemos recriminar a nadie la falta de un deseo o interés que no somos capaces de generar, ¿no? Sería un poco tonto.

P: Supongo. ¿Pero no crees que Netflix y el resto de plataformas de entretenimiento provocan que el público se aleje de la literatura?

R: No. Nadie queda imposibilitado para leer a William Carlos Williams por haber visto porno de ciruelas.

P: Jajaja, ¿porno de ciruelas?

R: Por su poema.

P: No sé.

R: El poema de las ciruelas. Es muy bonito.

P: Creo que no lo conozco.

R: Sólo para decirte que me comí las ciruelas que estaban en la nevera y que seguramente guardabas para el desayuno. Perdóname. Estaban deliciosas, tan dulces y frías.

P: Oh.

R: Algo así. Seguramente me he equivocado mucho, pero más o menos.

P: Tiene su gracia.

R: Es devastador.

P: Jajajaja. ¿Y lo contrario de eso es el porno de ciruelas?

R: Sí.

P: ¿No te gusta el porno?

R: No.

P: ¿Por qué?

R: Porque no es divertido.

P: ¿Divertido?

R: La gente del porno no se ríe.

P: ¿Se tiene que reír?

R: Todo el mundo debería reírse.

P: Pregunta aleatoria: ¿Cuál es tu dulce favorito?

R: ¿De todas las categorías?

P: Sí.

R: La tarta de queso de mi madre.

P: Pregunta aleatoria: ¿Cuál ha sido el trabajo más raro que has tenido?

R: Presidente en una mesa electoral. Me pagaron sesenta euros.

Manuel Mata.

P: Pregunta aleatoria…

R: Esta entrevista está quedando muy consistente.

P: Jajaja. ¿Cuál es la herida más grande que has tenido?

R: Conocí a Pérez Reverte en la cuesta del Moyano.

P: ¿Qué?

R: Los dos queríamos comprar el mismo libro de Borges y nuestras manos se tocaron. A partir de ahí siguieron tres semanas que sólo puedo definir como las más pornográficas de mi vida. Él fue periodista de guerra, así que ya te puedes imaginar que tiene algo, una especie de entereza de superviviente que no sé. Es difícil no enamorarse, ¿sabes?

P: Jajajajaja, ya.

R: Total que me rompió el corazón.

P: ¿Esa es tu herida más grande?

R: No. Fue después. Cuando me iba de la casa de Arturo me atropelló un repartidor de Glovo.

P: ¿Y te hirió?

R: No me hizo ni un rasguño. Iba muy despacio, pero se le cayeron las cajas de pizza y yo le ayudé a recogerlas y nuestras manos se tocaron. A partir de ahí, siguieron tres semanas que sólo puedo definir como…

P: Jajajajaja.

R: ¿Siguiente pregunta?

P: Vale. Esta me interesa mucho.

R: Las otras no. Las otras eran para rellenar.

P: Jajajajaja, no, pero esta me interesa especialmente.

R: Pues tú dirás.

P: ¿Lupe Pinar?

R: Qué pasa con Lupe.

P: ¿Quién es?

R: La autora de U28.

P: Pero he leído que Lupe eres tú.

R: Claro.

P: ¿Entonces?

R: Entonces qué.

P: ¿Por qué creaste ese personaje?

R: No es un personaje. Es una parte de mí que me gusta mucho.

P: ¿Es una especie de herramienta que usas para nombrarte como no binario?

R: Una herramienta es el destornillador de arreglar las gafas. Lupe es parte de mi identidad.

P: Lo que me llama la atención es que en ciertos momentos se han referido a Lupe como un seudónimo tuyo.

R: ¿Y por qué te llama la atención?

P: Pues porque un seudónimo es una invención.

R: Todo es una invención. ¿Ves a aquel señor de allí?

P: Sí.

R: Una invención de pies a cabeza.

P: ¿Pero dónde está el límite que separa la identidad pura, digamos, de un constructo con un fin concreto?

R: No tengo ni idea.

P: ¿Entonces?

R: Todo lo que es real produce un efecto en la realidad, ¿no? Muchas veces la ficción sólo es irreal porque se define como ficción. Si ahora hubiese una catástrofe y ardieran todas las ciudades y dentro de dos mil años unas personas del futuro encontrasen una biblia y un libro del Señor de los Anillos, no sabrían cuál es ficción y cuál real. Que la gente asuma la biblia como parte de la realidad y la obra de Tolkien como parte de la fantasía es sólo una situación que se da ahora mismo. ¿Cómo sabría una persona del futuro, sin un contexto histórico a causa de la catástrofe, cuál es la diferencia entre Jesucristo y Gandalf?

P: No sé.

R: Lupe sólo es definida como seudónimo cuando se la adscribe a la ficción y como identidad cuando se la reclama como tal.

Lupe Pinar, inmortalizada por Dennise Vaccarello.

P: Pero en realidad no existe.

R: Si yo existo, ella también.

P: Pero no tiene DNI.

R: La virgen. Va a ser mejor que lo dejemos.

P: Sólo intento decir que, por ejemplo, en términos legales Lupe no existe.

R: Si alguien que no me conoce se encuentra con mis dos libros, 5009 y U28, que van juntos, ¿crees que se va a cuestionar la existencia de Lupe o Manuel? La dará por hecho como hace con cualquier otra persona que firme un libro. El contexto supera a los términos legales.

P: Pero las cosas son lo que son. O existen o no existen. Y las personas también.

R: No estoy de acuerdo.

P: ¿Cómo es eso?

R: Por ejemplo… Yo conozco a Alfonso.

P: ¿Qué Alfonso?

R: El director de Popper.

P: Sí, yo también.

R: Claro. Pero piensa en lo siguiente… Si yo hubiera querido, podría haberle dicho a Alfonso que quería inventarme a una persona llamada Cristina García que me hiciese una entrevista.

P: Jajaja, sí, bueno…

R: No, piénsalo. Tu nombre es común. Quiero decir, casi obscenamente común. Si yo hubiera querido hacerte ilocalizable, habría escogido un nombre como el tuyo. No te habría llamado Guillermina Wellington ni Macarena McCain ni… Yo que sé… Silvia Sinclair, ¿sabes? Te habría llamado Cristina García porque es un nombre súper común. Te habría dado una biografía más bien insulsa y habría puesto en tu foto de colaboradora en Popper cualquier cosa que no fuese una cara. Como la mano con dos dedos que tienes puesta. Y habría hecho que las entrevistas no fuesen, por decirlo de alguna forma, ni complacientes ni demasiado cómodas… ¿Me sigues?

P: Sí, pero, ¿con qué fin? ¿Entrevistarte a ti mismo? No sé. Entiendo lo que dices pero en este caso sería muy fácil demostrar…

R: Lo que te digo es que si Lupe no te parece real porque no tiene DNI yo podría decir en esta entrevista, confiando en que la transcribieses tal cual, que tú tampoco tienes. Podría levantar la sospecha, ¿sabes? Decir: «Yo inventé a Cristina García». Y entonces tú tendrías que hacer precisamente eso, demostrar la realidad… Tendrías que asegurar que tienes cuerpo y cara y que no formas parte de algo que Alfonso me ha dejado hacer en Popper… Y si a mí me dijesen: «Demuestra que no existe». ¿Qué iba a hacer? No se puede demostrar un negativo.

P: Ya, si te sigo, pero insisto en que sería muy fácil.

R: Claro. Igual de fácil que averiguar que Lupe y yo somos la misma persona. Pero no tendría por qué serlo. Imagina que Alfonso y yo acordamos… Jajaja, imagina que nos ponemos de acuerdo para decir que no existes cada vez que nos preguntan por ti.

P: Podría demostrar que existo sin vuestra ayuda.

R: ¿Cómo?

P: Podría subir a internet las grabaciones de esta entrevista, por ejemplo. De esta y de las otras.

R: Y yo podría decir en esta entrevista que te hago decir eso para que la gente crea que tienes pruebas tangibles de que existes pero que en realidad es sólo un truco.

P: Sí, bueno, pero yo he existido. Por muchos desconocidos que crean que no existo…

R: No hace falta que grites.

P: No estoy gritando.

R: Pero yo ya lo he dicho y quien esté leyendo esto en el futuro tiene que escoger a quién creer. Tu palabra contra la mía.

P: Eso no borra lo que soy de verdad, ni lo que he vivido, ni que mi tono de voz sea normal.

R: Para ti no, claro. Pero si alguien decide creerme… A nivel documento, tú has firmado tres entrevistas y Lupe un libro, así que la existencia de Lupe tiene algo más de consistencia que la tuya.

P: He hecho muchas más entrevistas. He entrevistado a muchas personas.

R: Júralo.

P: Lo juro por dios.

R: Pero yo no creo en dios.

P: Pero yo sí.

R: Eso depende.

P: No, eso no depende de nada.

R: Si yo te he inventado puede que sea una creencia circunstancial otorgada por mí para contraponerte a mi ateísmo y que podamos discutir.

P: A lo mejor yo te he inventado a ti.

R: Jajaja, a lo mejor sí. Pero me parece que no has venido lo bastante preparada a estas entrevistas para que eso suene convincente.

P: ¿Pasamos a otra cosa?

R: Sí, si primero aceptamos que no existes pero que, por contexto, pareces muy real.

P: Acepto sólo lo último, lo de que soy muy real.

R: Yo inventé a Cristina García.

P: Pregunta aleatoria…

R: COMPREN FANTA DE NARANJA.

*Fotografía de cabecera a Lupe Pinar tomada y cedida por Dennise Vaccarello.

0 comments on “Manuel Mata, preguntas aleatorias (III)

Deja un comentario

Descubre más desde Revista Popper

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo