Podríamos escribir los artículos más tristes esta noche -en que Popper celebra su 3º anipoppersario, de hecho-. Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos», pero serían muy pocos los que nos tomarían en serio. Porque una cosa es lo que sentimos, sí, y otra muy distinta es lo que expresamos; o algo así hemos aprendido después de pasarnos los últimos cinco años de nuestra vida devorando Poscultura. Tal y como escribía Margot Rot en una de las reseñas de la propia revista, «no creo, bajo ningún concepto, en el término comprensión. Y aun así comprendo. Me instalo en la convención. Me comunico». ¿Cómo no intentarlo?
I
Podríamos escribir los artículos más tristes esta noche, repito, porque, a pesar de cumplir años, estamos tristísimos. ¿Y cómo no íbamos a estarlo si hace un par de semanas nos enterábamos de que uno de nuestros mayores referentes culturales se ha bajado del ring? «Hay momentos para recitar poesía y hay momentos para boxear», que diría Bolaño, pero a veces -y por desgracia- ni las musas ni los guantes parecen aguantar.
Ya nos lo advirtió Marta Sanz en su momento, cuando nos habló de su experiencia con la revista Ni hablar, que fundó junto a su tío cuando ambos eran jovencísimos: «Tratábamos de buscar otras maneras de entender el fenómeno cultural que fueran críticas respecto a la realidad y a los propios códigos dominantes, y lo cierto es que aprendimos un montón, conocimos a personas maravillosas y terminó sucediendo lo que suele sucederle a esta clase de proyectos: que te exigen tanto esfuerzo personal que prácticamente no puedes hacer otra cosa -si lo que pretendes es que salga todo bien, claro-, y en un momento dado dices: «mira, no puede ser» (…). Y eso que contábamos con subscriptores y que logramos entrar en la Asociación de Revistas Culturales de España, pero ni de lejos nos daba para amortizar nuestras necesidades materiales ni nuestro empeño», pero nosotros pensábamos que Poscultura aguantaría muchos años más; que aguantaría porque -al menos para nosotros, y con altas dosis de provincianismo temporal selectivo- fueron los primeros en llegar, los primeros en marcarnos el camino.
Este año, sin ir más lejos, hemos estado a milímetros. Como si en una comedia romántica hubiéramos jugado a ser los protagonistas: ellos, Drew Barrymore; nosotros, Hugh Grant. Ellos, la letra; nosotros, la música. Poscultura, la reseña, la calidad, el espacio compartido; Popper, las ganas de dudar, el desenfreno, la entrevista. ¡Y es del todo cierto, eh! Que cuando Adri exploraba universos como el de Panaderos (Barbarie editora, 2022), Los bloques naranjas (Caballo de Troya, 2023) o Amor y Pan (Letraversal, 2022), nosotros íbamos detrás -siempre detrás- y charlábamos con Nicolás Meneses, soñábamos con Luis Díaz y le escribíamos a Paula Melchor.
En el fondo, a los dos nos sucedió lo mismo que a los personajes de Barrymore y Grant en Musical and lyrics: empezamos queriendo componer para los demás, pero terminamos haciéndolo para nosotros mismos -mientras descubríamos, supongo, quiénes éramos, adónde aspirábamos llegar o qué era lo que pretendíamos-.
Recordando la respuesta que nos dio Adri Fauro al preguntarle por el proyecto en 2021, «Poscultura nació como una alternativa que nos fabricamos nosotros mismos, que estábamos hartos de no tener sitio para hacer cosas, y porque realmente queríamos hacerlas. Luego todo eso degeneró y nos dimos cuenta de que había muchísima gente como nosotros, que se interesó por el proyecto, como Andrea Abreu, quien tuvo su propia sección y hacía cosas increíbles, o Luis Díaz, que también ha publicado en Cántico y que estuvo desde el principio. En aquel momento, además, estábamos juntos en clase, y fue cuando nos dimos cuenta, dado el interés, de que no estábamos solos y de que ya éramos muchos los que no teníamos hueco, que es algo que, por desgracia, ahora mismo sigue sucediendo. Ahora que ni Alex ni yo tenemos tanto tiempo, lo que procuramos es precisamente darle espacio a ese tipo de gente que busca y no encuentra, y que simplemente le apetece escribir y tiene algo que contar. A nosotros nos gusta poder ofrecerles ese espacio, ese lugar seguro a todo aquel que lo necesite. Tenemos la única mala suerte de que no ganamos dinero [risas], pero somos muy afortunados porque se nos tiene en cuenta y la revista nos ha dado amigos increíbles y la posibilidad de ir generando poco a poco redes de afecto, que es en lo que estamos últimamente. La verdad es que es algo muy guay, que disfrutamos mucho y que sabemos que va a durar lo que duren nuestras energías y nuestro amor propio». ¿Y quién no querría lo mismo?
y II
Fíjense, si alguna vez grabasen una película acerca de nosotros -además de Musical and lyrics, por supuesto-, creemos que Tim Burton sería el director perfecto, sobre todo para la escena final, cuando toque estirar la pata y encuadrar el cementerio. ¿Por qué? Pues muy sencillo: porque nadie como él para darle una segunda vida a los muertos; y porque, si no es como el de Big fish -o el de Veneno, pero con los Javis de por medio-, nadie quiere entierros. Sí, sí: entierros, que tras el ojo de Burton parecen cumpleaños, botellones, macrofestivales, casas rurales en invierno; llenos hasta la bandera con todas las personas importantes de tu vida, que acuden para celebrar, recordar y perpetuar los sueños compartidos.
Si alguna vez grabasen una película acerca de nosotros, repito -especialmente ahora, que cumplimos tres años ¡y ya podrían!-, la despedida será así, sin dudarlo: se confundirá con una fiesta y no faltarán ni los cubos ni los botellines de cerveza, como los que compartimos en Moncloa con Alex -o los que dieron pie a una idea como aquella-. Tampoco faltarán las duchas para pies que hay en la costa, que es lo que nos comentó Adri en su momento que era Poscultura para el panorama cultural contemporáneo: «lo [mismo] que los lavapiés con agua dulce son a la playa, esas fuentes que se supone que sirven para quitarte la arena de las piernas y que luego no sirven para nada más: algo totalmente innecesario pero que la gente sorprendentemente usa. Es verdad que se usan poco, pero hay personas a las que les gusta quitarse la arena mal, para luego volver a pisarla y volverse a ensuciar. Somos un trámite, una circunstancia, como las colillas en la arena, que también podría haber sido una buena respuesta. Alex y yo, por ejemplo, siempre decimos que en Poscultura somos «los amigos de», esos tipos que van a una fiesta sin conocer al anfitrión, acompañando a alguien y de los que nunca nadie se acuerda -al menos de sus nombres- [risas]». Y, por supuesto, en ella aparecerán todos nuestros colegas, colaboradores y lectores; siendo Poscultura los primeros.
En fin, que como no existe celebración sin llanto ni tragedia sin un par de carcajadas, así es como queríamos hacer balance de nuestra tercera vuelta al calendario: recordando que si en algún momento empezamos en esto del p3ri0dism0 cu1tur41 fue porque nos entusiasmó lo que gente como Adri y Alex hacían; porque puede que aún sigamos renegando del término comprensión, como Margot, pero es que, hasta que no llegaron ellos, muy pocos comprendían.
¡Feliz 3º anipoppersario!
¡Muchísimas gracias a todxs los que estáis ahí!
¡Larga vida a Poscultura!

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