De los creadores de «las rubias son tontas» y «las mujeres no saben conducir», llega ahora «las chicas guapas no escriben bien». Como traductora del libro de Megan Fox Los chicos guapos son tóxicos (Cántico, 2024), me he encontrado en multitud de ocasiones rodeada por un coro de voces que preguntan o afirman si el libro lo ha escrito ella (en caso de ser bueno) o si era muy malo (porque al parecer no podían esperarse otra cosa de ella). Cuando terminaban de hablar y yo les respondía con «¿por qué lo dices?», surgía el correspondiente silencio de quien se sabe atrapado en el tópico: si una mujer es guapa, es famosa y (dios no lo quiera) guapa y famosa, no puede ser inteligente.
¿Cuándo hemos llegado a esto? ¿Cuándo hemos empezado a cuestionar la sensibilidad artística de una persona por su apariencia física, los medios en los que sale y los prejuicios que podamos tener? Puede ser que nunca hayamos dejado de hacerlo, ni siquiera con la entrada de la nueva ola de feminismo en este mundo que habitamos más que globalizado donde la información se desactualiza en el momento en el que nos llega y nunca es suficientemente «ahora». Puede que hayamos perdido de vista que la capacidad de una persona no se mide por su apariencia o profesión.
Podemos tener prejuicios, por supuesto, pero ¿por qué siempre o casi siempre dirigido hacia las mujeres? Cuando Viggo Mortensen publicó su poemario nadie enarcó las cejas en actitud de sorpresa ni cuestionó su calidad, tampoco sucedió eso con James Franco, ni con Steve Martin, ni mucho menos con Hugh Laurie o con Ethan Hawke, que ha tenido una respetable consideración como novelista. ¿Por qué sí con Megan Fox? Especialmente cuando hablamos de un libro profundamente íntimo y con detalles de su vida privada o de otras mujeres que como ella han sufrido malas experiencias con hombres abusivos y machistas.
Lo que está claro con este libro es que Megan Fox aparece en el ámbito literario para desenmascarar a aquellos que aún mantienen sus prejuicios frente a las mujeres que escriben. Los chicos guapos son tóxicos es un libro profundamente ácido, lleno de historias personales que narran a lo largo de sus poemas la superación de una mujer llena de vitalidad, incansable en su lucha por salir adelante y que nos lo demuestra en sus poemas más radicales, con un punto alejado de los convencionalismos sociales y de lo que el público lector de la poesía contemporánea puede esperarse.
Y mejor que justificar esos prejuicios, vamos a hablar de su obra. Al comenzar la traducción me di cuenta de que no estaba ante un libro sencillo, la autora hace referencias constantes a la cultura pop, al cine, a los videojuegos y a la física, además de a sus relaciones personales y los eventos traumáticos y violentos que narra. Megan Fox se ha descubierto como una autora capaz de hacer que la lectora se identifique con los poemas, tiene la potencia de las imágenes que crea a su favor. Lo primero que me atrapó de ella fueron precisamente estas «fotografías» que consigue plasmar en las páginas de su poemario.
Un ejemplo de ello es el poema ‘Niños sin madre’:
me gustaría que tus cambios de humor fueran
tan fáciles de predecir
como el tiempo
pero no hay ninguna app
que me ayude a sortear
los paisajes traicioneros
de tus desquiciadas emociones
Aquí, la autora introduce elementos de la actualidad, como son las aplicaciones móviles, al mismo tiempo que juega con la metáfora y el símil para hablar de los cambios de humor de su pareja. El poema te conecta inmediatamente con la posición en la que se encuentra la poeta, con la desesperación por encontrar un patrón en la conducta del chico, con la intención de entenderle sabiendo al mismo tiempo que eso es imposible.

Por otro lado encontramos poemas que toman un matiz mucho más maduro, en los que habla de situaciones límite dentro de una relación de pareja con un hombre que abusa de su compañera. Un ejemplo de ello es ‘Oxicodona y tequila’, en mi opinión el poema más duro del libro y del que muestro tan solo un fragmento por su extensión:
[…]
me clavas las rodillas en los muslos para inmovilizarme
me asfixias hasta que se oye un chasquido desagradable
que resuena en toda la habitación
pero no hace que salgas del trance
me pegas
una
y otra vez
reconozco el sabor familiar de la sangre en mi lengua
[…]
La traducción de otros poemas ha requerido que añadamos notas al pie de página, por ejemplo, el poema ‘Tiene un rollo a Patrick Bateman’, donde compara el amor que recibe con los crímenes del protagonista de American Psycho:
tu amor deja
manchas de sangre
en mis sábanas
O el poema que le da nombre al libro, con una referencia al mundo del cine y la literatura con Sleepy Hollow:
ahí está
alto, delgado, retorcido
como un árbol que encontrarías en sleepy hollow
negándose a crecer hacia la luz
en lugar de eso se tuerce hacia las sombras
oculta
oculta
oculta
la verdad a toda costa
déjala suplicar
déjala llorar
déjala marchitar
él es feliz estando triste
así que en realidad no importa
Megan Fox, a lo largo de su poemario recoge las inquietudes, miedos y experiencias vitales de una mujer madura, reflexiva e incluso divertida en ciertos momentos de la obra por los guiños y referencias que incluye. El libro te mete de lleno en su historia desde el primer poema, y se va transformando en una historia propia en la medida que avanzas. Fox se convierte durante su lectura en una amiga y confidente, pero de algún modo se termina convirtiendo en ti misma por la forma en que te habla, te cuenta y te escribe. Su voz rica en referencias culturales, literarias y cinematográficas dibuja en tu mente una vida interior muy consciente, profundamente culta, atrapada en una dinámica extraña. Leer Los chicos guapos son tóxicos es sujetar la mano que se extiende cuando buscas apoyo tras una ruptura o para salir de esa relación. Más allá de esa capa melodramática, este libro es una expresión de poesía buena y auténtica como pocas veces se puede lograr.
Los chicos guapos son tóxicos (Cántico, 2024)
Megan Fox (Tennessee, 1986) hace gala de su humor negro a lo largo de un poemario desgarrador y oscuro. En más de setenta poemas, Fox hace una crónica de todas las maneras en que nos amoldamos a la forma de los que amamos, incluso si eso significa perdernos a nosotras mismas en el proceso (…). Pasa la página, muerde la manzana e híncale el diente al libro más deliciosamente convincente y adictivo que leerás en todo el año.


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